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EMPATARON JUGANDO AL BATAZO

 hosmer esta

Por Andrés Pascual

Hosmer, inicialista de Kansas City (foto que encabeza) tiene el swing más impresionante y bello entre los zurdos de ambas ligas, muy parecido al del inmortal del Brooklin de los 20′s Zach Wheat (a continuación):

zack wheat swing y foto

Los Reales de Kansas City no han desplegado el juego de velocidad que los identificó durante la campaña, ha brillado por su ausencia en los dos primeros juegos: ni el toque de bola sorpresivo para embasarse o para sacrificarse, con un solitario intento de robo que resultó out.

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MADISON BUMGARNER vs LOS “MEJORES RELEVISTAS DE LA HISTORIA”

Madison BumgarnerPor Andrés Pascual

¿De qué sirve un buen relevista cuando hereda una desventaja cuyo team no podrá remontarla? Ese es parte del problema del beisbol, si el abridor no puede contener durante por lo menos 6 ó 7 innings…

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PAN PA’HOY Y HAMBRE PA’MAÑANA: LA SERIE MUNDIAL 2014

MLB: ALDS-Los Angeles Angels at Kansas City RoyalsPor Andrés Pascual

El ambiente está confuso: montañas de dinero desperdiciadas en nóminas que valen hoy menos que una vaca muerta de brucelosis y otras tan exiguas y pobres que no son suficientes ni para comprar una cebolla en Cuba, PERO CUYO VALOR DE INVERSIÓN CRECIÓ Y, SI FUE EN APUESTAS, REVENTARON AL BANCO. (más…)

HORA DE REFLEXIÓN Y CUENTAS

Por Andrés Pascual

¿Qué fue lo más sobresaliente de los Gigantes en su victoria en la recién terminada Serie Mundial?

Sí, ya sé, los latinos dirán algo alrededor de “los hermanos”: que si Scutaro, que si Sandoval o que si el activista de la Raza Sergio Romo y tienen razón, porque esos jugadores pusieron el tradicional “granito de arena” en una victoria por la que nadie se arriesgaba a poner un logro como no fuera “de a peso y nadie juega”.

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COMO EN LOS TIEMPOS DE “ÑAÑÁ SERÉ”

Por Andrés Pascual

Antes de comentar el tema dos cosas: la Serie Mundial no puede tratarse como a otra más de postemporada, porque es el evento más importante que tiene el calendario de grandes ligas, de hecho, define al campeón, por lo que tiene que ser aparte, que no por gusto se han escrito cientos de libros sobre ella, incluso muchos sobre algunas solas, como la de 1960 o la de 1975.

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Eran otros tiempos: clubes cubanos profesionales, 4; Gigantes, 1

Por Andrés Pascual

Si por algo además del clima, las playas y el calor humano varios clubes de Grandes Ligas seleccionaban a Cuba anualmente para sus entrenamientos de primavera, era porque la clase que enfrentaban en el terreno por jugadores completamente en forma, luego de concluir la temporada de invierno en la Isla, les obligaba a “meter el cuerpo” y poner empeño.

Por regla general, llegaban al país gordos y totalmente fuera de forma deportiva, luego de seis meses alejados de los diamantes beisboleros; pero preferían la oposición cubana, con jugadores de ligas negras o del circuito menor del Béisbol Organizado, que la de otros países de muy bajo nivel de juego, por lo tanto, perjudicial a sus intereses deportivos.

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Torrealba, los Yanquis y el robo de senas

No se debe, pero se hace…en cualquier nivel del
juego de pelota se trata de escamotearle las señas al catcher si se actúa a la
ofensiva; al banco, a los coaches o a cualquier jugador (incluso al cargabates)
si se sirve a la defensa. Es humano, justo y lo acepta todo el mundo; ahora, se
debe hacer bien, en la penumbra y sin dejar huellas.

La
más famosa acusación de “robo de señas” conocida fue contra los Gigantes de
Nueva York que jugaron el desempate de la Liga Nacional de 1951.

Los
Dodgers de Brooklin, incapaces de explicar ni de justificar la forma como
perdieron un gallardete que solo 15 días antes tenían en el bolsillo, acusaron
al club de Horace Stonehan de haberle robado las señas a sus pitchers por medio
un individuo que, sentado en la gradería entre left y center, las identificaba
y se las enviaba a ¿A quién? Nunca se ha dicho; pero, no es igual la distancia
desde las bases al home que la amplísima del home a las gradas del outfield
hoy, así que en aquella época…
Incluso el espectacular jonrón que decidió aquel dramático juego recibió
señalamientos por parte de jugadores de los Dodgers hasta, prácticamente, ayer.

El
caso fue que Ralph Branca hizo el lanzamiento que, por intuición, el artillero
Bobby Thompson estaba esperando de un pitcher como él, poco confiable para
empeños de responsabilidad, que asustó tanto a los fanáticos del Brooklin desde
que se anunció que venia en auxilio de Newcombs que muchos se dieron por
perdidos y así consta en entrevistas de la época.

El
catcher venezolano del Texas, Yorvis Torrealba, acusó ayer a los Yanquis de que
“se están robando las señas”. Por favor hijo, cuando no hay algo más qué decir
para justificar la impotencia, la boca no se abre para decir semejante
chiquillada.

En
el beisbol existen receptores que les llaman “libros abiertos”; porque no saben
o no pueden evadir el olfato del cazador; también jugadores que sobresalen por
su inteligencia para “robarse las señas” al menor movimiento que repita un
máscara con un lanzamiento cualquiera; por si fuera poco, hay coaches para
adivinar cuándo tira curva un monticulista y cómo se mueve tras el plato para
recibir una recta un catcher.

En
Cuba, durante los 60-70’s, el intermedista matancero Félix Isasi “asesinaba” a
cualquier catcher, lo leía todo; pero, él mismo no era completo porque, cuando
salía al robo de segunda, lo hacía desde arriba de la base, si adelantaba casi
hasta medio camino, no salía, regresaba…
También en esa época Modesto Larduet, un catcher oriental, se cruzaba
solo; es decir, pedía curva y esperaba recta.

El
caso más llamativo fue Juan Castro García, titular de la selección castrista y
del Pinar del Rio: de una verdadera muralla defensiva recibiendo, no era capaz
de sorprender a un ladrón en el viaje a la segunda, sino al contrario, lo
sorprendían a él, pero, por su buen brazo y por la velocidad de los pitchers a
quienes le recibía, sacaba outs encima de las bases.
Nada, el juego de pelota, que es fácil-complejo a la vez, requiere de
una picardía especial para poder desarrollarlo convincentemente y de otra, en
este caso suspicacia, para no hablar de cosas que, por lo rutinarias, no valen
la pena.

 

 

 

 

 

 

 

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