EL BEISBOL NO PUEDE PRESCINDIR DE LA FUERZA HISPANA

Cleveland Indians’ Francisco Lindor, top, looks toward first base after getting Oakland Athletics' Marcus Semien out at second base in the eighth inning of a baseball game, Friday, July 10, 2015, in Cleveland. Billy Burns was out at first base for the double play. (AP Photo/Tony Dejak)

Cleveland Indians’ Francisco Lindor, top, looks toward first base after getting Oakland Athletics’ Marcus Semien out at second base in the eighth inning of a baseball game, Friday, July 10, 2015, in Cleveland. Billy Burns was out at first base for the double play. (AP Photo/Tony Dejak)

Por Andrés Pascual

Atrás han quedado los años en que un viaje a la postemporada de un jugador hispano se viera como una hazaña de magnitud sideral (foto Francisco Lindor, shortstop del Cleveland).

En el pasado descansa el recuerdo de los dos relevos de Luque, uno en 1919 y el otro en 1933, o de la vez al bate de Mike González en 1929 con los Cubs de Chicago.

Para estar en un Clásico Otoñal, única postemporada si no era necesario decidir por empate una liga, era obligatorio jugar para un club ganador como los Yankees, como los Gigantes o como los Dodgers, por lo que la clase del jugador era relativa. De milagro se colaba alguien como Beto Ávila, intermedista regular con Cleveland en 1954.

El primer hispano que vio juego activo en una Serie Mundial fue el Jíbaro Rodríguez Olmos, en 1947 por el Brooklin contra los Yankees; después el cubano Edmundo Amorós.

Durante los dos años de los Bravos de Milwakee contra los Mulos, 1957 y 1958, los boricuas Pizarro y Mantilla estuvieron en el róster del club en capacidad total de juego. Fue la primera vez que dos jugadores que hablaban castellano coincidieron en el evento, ambos del mismo país.

Durante los 60’s aumentó el número de latinos a la Serie Mundial en igual medida que aumentaba la presencia de jugadores caribeños de clase evidente en Grandes Ligas, presagio de lo que vendría después…

Cuando las Mayores se cansaron de esperar por los ajustes con el castrismo que le permitieran continuar trayendo peloteros de la Isla, entonces metieron la mano en un sombrero casi virgen, la República Dominicana y empezaron a salir conejos, sucedió con Puerto Rico y con Venezuela.

Hoy es imposible escribir páginas gloriosas en las Mayores sin que tome parte por lo menos un jugador de la región. Hispanoamérica ha demostrado que están aquí para hacer historia, para imponerse como adalides de una arena muy competitiva, pero que, poco a poco, han domado a base de personalidad y juego estelar, de profesionales de la gorra a los spikes.

La Grandes Ligas no pueden habilitar ningún espacio que no cuente con por lo menos un jugador latino, esta postemporada lo refleja, la Serie Mundial volverá a ratificar su fueza en un beisbol que parece hecho a la medida de los peloteros del área, por buenos que son…

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