LOS YANKEES Y UN HÁBITO NUEVO

yankees 1947Por Andrés Pascual

Hace más de15 años que escribí un artículo en que cuestionaba la posibilidad de que se mantuviera el carácter dinástico en Grandes Ligas, fue para Diario las Américas.

A partir de la actividad incansable de la Agencia Libre y de la espiral salarial, todo lo parecido a pasado se convirtió en “pieza museable”, bajo protección atesorada por Cooperstown y hablemos claro, porque es respecto de los Yankees que comento, ya que dos años, tres, incluso cuatro ganando la liga y a veces la Serie Mundial, no pueden formar parte del capítulo dinastía. El juego de beisbol solo ha conocido una dinastía en las Mayores, los Yankees, como en Cuba el Almendares.

Los Bombarderos de antes tenían el ímpetu anual necesario y el hábito de siempre para imponerse, parecía que el beisbol empezaba en Yankee Stadium y terminaba allí mismo; curiosidad de alto perfil, la asistencia continuada de los Mulos a la Serie Mundial, convirtió al fanático en vicioso, porque no se cansaban, no se hartaban de la presencia del uniforme a rayas en Octubre ni de verlos ganar campaña tras campaña.

El interés era el equipo del Bronx, se podía ser fanático rabioso de los Dodgers, pero el rating se mantenía con ellos y se ha caído cuando lo han perdido todo, la sintonía no son más los Asesinos, signo inequívoco de que el beisbol eran los Yankees. Y “fueron” porque jugaban mejor y más corajudos que nadie.

Hoy, si no hay grandeza superlativa del club que “érase una vez…”, habrá beisbol porque está ahí, pero es de un tipo raro, casi solo, sin la efervescencia, sin el júbilo que arrastró el pasatiempo durante las décadas que los Yankees cumplían a cabalidad el papel como club a derrotar.

Digo que el beisbol, de acuerdo a señalas raras, como la pérdida del amor por el juego en su esencia, casi está muerto, porque ya no hay Yankees, el pasatiempo está medio enterrado, a la espera de que llegue el otro “fotutazo”, que vendrá envuelto en papel celofán, tal vez en concepto de pérdida de beneficios, de ventajas que no eran desleales antes, pero hoy son afrentosas socialmente al carácter del profesionalismo en sentido general, como la exención antimonopolio, que no debe mantenerse vigente.

Los Mulos de esta campaña “largaron el bofe” y cayeron discutiendo ¡Un comodín! Sin embargo, lo peor que he observado es que aquellas legiones, propias y extrañas, que seguían al glorioso club, que disfrutaban su juego brillante y arrollador, cada año se separan más, comprobable en que no se escuchan quejas ni lamentos por la eliminación en el tipo de juego que hicieron una marca registrada ganarlo.

Los Yankees están muy cerca del capítulo nostálgico del beisbol, del cuento de abuelos sobre una era dorada de la sociedad, que tuvo como símbolo del éxito político-económico americano al gran team que Ruth echó a andar, hasta que una familia, incapaz de mantener la conquista de 50 años, se le ocurrió destruirlo desde adentro.

Hoy por hoy, los neoyorquinos comienzan a destacar negativamente, a establecer otra influencia, sino la obligación de acostumbrarse a perder o cambiarse de equipo, a otro que no podrá hacer, por rehén de los tiempos, lo que hicieron los Mulos.

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