A PROPÓSITO DE LA MUERTE DE YOGI BERRA

berra jackie robo home

Por Andrés Pascual

Yogi Berra no fue “el último de los grandes jugadores yankees”, hasta donde sé, Whitey Ford está vivo aún y quedan otros del famoso sistema de “two platoon” que tanto utilizó Stengel. Voy a desviarme del tema un momento para hacer una breve reseña de qué es, según mi pùnto de vista, la “doble alineación”:

A los dirigentes que menos botan en los clubes de Grandes Ligas son a los Administradores, que, en esta época tan moderna como extraña, han cambiado su lugar de trabajo, la oficina, por el terreno de juego, por eso es común verlos durante el trainning, incluso durante la temporada, hablando con el director en “zona fair” con una lista en la manos, supuestamente el róster del club con los guarismos “sabiométricos”, para imponer “su capricho” sobre este o aquel jugador, haciendo quedar a quien manda el juego en plano de basura prescindible. Por lo que se ve, hoy cualquiera puede ser manager en el beisbol profesional.

Aunque los fanáticos pagan para ver el mejor equipo en el terreno, la gerencia hace valer la exigencia capitalista, que obliga a que el manager no maneje a los 8 mejores y a un pitcher con un solo relevista, sino que tiene que rotarlos, porque “nadie puede cobrar sin laborar”, bueno hasta cierto punto, porque el uso indiscriminado de los enciendefuegos y de los comodines por cualquier cosa por pequeña que sea, ha debilitado la esencia, el sentido de lo que debe ser un ganador. Sobre todo por los salarios asegurados durante años antes de que se los ganen.

Se ha dado el caso de jugadores que tienen que ir al banco cuando mejor están, para que otro “se gane la comida” y eso frustra; no es un equipo de ofensiva y otro defensivo como la NFL, es el desbarajuste por ley suprema.

Bueno, al grano, entre tantas cosas que se han escrito sobre Yogi y su personalidad, desde “filósofo del beisbol” hasta sus 14 Series Mundiales asistidas y 10 anillos, se olvidan sus 19 años jugados para un solo club, mérito aparentemente insignificante para el cronista moderno, acostumbrado a escribir sobre un jugador que, cada 4 campañas, cambia de casaca.

Incluso Ruth estuvo en 4 nóminas y Billy Martin, the CASEY BOY, miembro del cuarteto del peligro por los destrozos en clubes y cabarets de la ciudad bajo efecto de la bebida junto a Berra, Mantle y Ford en las noches de la bohemia neoyorquina, también en 4.

Pero poco se comenta de Berra el catcher, de su capacidad para dirigir a los pitchers, de su influencia de competidor, de su instinto, de su inteligencia para pescar ladrones en bases. En el famoso y suicida intento de robo de home de Jackie Robinson en una Serie Mundial (foto), el receptor lo sacó por un spike y el umpire, que se colocó pésimamente porque no salió de detrás del catcher, acaso por ser el único sorprendido en la jugada, le regaló el quieto al infielder de los Dodgers.

En la receptoria, los Yankees tuvieron suerte, desde Schang y Bengouh, pasando por Bill Dickey y Berra hasta Munson y Posada, porque, sin buenos catchers no hay buenas rotaciones y sin todo lo anterior no hubiera existido la dinastía del Bronx.

Al cuarteto de los Indios de Cleveland les recibía Jim Hegan, un maestro; al staff de los Elefantes Blancos la maravilla llamada Mickey Cochrane; Cincinnatti no tuvo fuerza en el pitcheo, pero detrás del plato estaba Bench.

Fue un segundo catcher el responsable de que Sandy Koufax se convirtiera en uno de los mejores zurdos del juego; los años pagando entrenadores de pitcheo, se desvanecieron en cinco minutos en el entrenamiento de 1960, cuando Norman Sherry, hermano del pitcher Larry, le dijo las palabras milagrosas: “no tienes control porque quieres matar al catcher, reduce el esfuerzo, suelta el brazo que tu velocidad no va a decrecer…” lo demás es historia.

Incluso Billy Pierce declaró que el responsable de que hubiera podido ganar 20 juegos era Sherman Lollar, a quien consideraba el más inteligente de los catchers de su época.

Yo no sé si Ford hubiera podido evolucionar desde la conceptualización generalizada de zurdito a ZURDAZO” con otro catcher que no fuera Berra; ni si Turley hubiera podido arreglar el control con otro recibiendo sus balas; ni si el mediocre Larsen hubiera lanzado el juego perfecto sin Yogi detrás del plato; ni si Reynolds, Lopat, Terry, Sain…hubieran podido hacer lo que hicieron sin Yogi, pero, como el # 8 estaba allí, pues hay que abrirle un espacio de participación notable en el triunfo de todos los serpentineros a los que les recibió.

El hombre que asustaba más a Newcombe que montar aviones, fue uno de los más completos de su posición en todos los tiempos, eso no puede dudarlo nadie.

Un catcher inteligente es el que moleste o interrumpa menos el manager durante el desarrollo de su trabajo, hoy no hay este tipo de receptores y no solo el manager, el Administrador o el dueño están mandando el pitcheo desde sus casas por teléfono, desde sus oficinas o desde sus palcos en el estadio, con tanta rutina que cansa y decepciona. A Berra no lo interrumpían, siempre supo qué pedir contra el bateador en turno y según lo exigiera el juego.

Que tampoco lo comentan como debieran: bateador eminente de “wildpitch” o bola fuera de la zona de strike, uno de los mejores de todos los tiempos…

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