¿CUÁNDO EMPEZÓ “LA MODERNIDAD” DE LOS JONRONES?

brady anderson

Por Andrés Pascual

En estos días he estado revisando materiales de archivo, comentarios, descripciones de temas por más de dos cronistas, forma ideal de construir el criterio propio, tomando en cuenta la máxima de las dos jabas, “una para echar, la otra para que te echen”.

El argumento, a discusión desde hace más de 50 años, leyó bien ¡50 AÑOS!, ha sido la producción de jonrones en cantidades industriales.

A partir de lo que declaró el Bambino en 1940 “…nunca he dicho que mi récord de 60 cuadrangulares no pueda romperse, sino que es muy difícil batearlos”, la discusión podría durar un siglo, porque entre 1998 y el 2004 se hizo tan fácil como alarmante.

Para explicar la posibilidad de batear sobre .400, Williams dijo en 1960 que “el bateador debe consumir menos de 500 veces oficiales al plato” ¿Cuestionable? Quizás, también tener sus muñecas, su vista, su contacto…su timing, que no los mencionó.

Para disminuir a La Astilla, un cronista liberal mencionó la “era de los negros” como aval obligatorio que acreditara la clase de los blancos, sin atender a que el artillero del Boston jugó 14 campañas (menos 2 por la guerra de Corea), con los jugadores sepias alrededor.

Para cerrarle la boca, bateó .388 a los 39 años, en plenitud de facultades Mays, Aaron, Banks, Frank Robinson y un par más; por cierto ¿Ha oído alguna vez a ninguno de los jugadores negros que mencioné hablar sobre el talento de Williams, de Musial, de Foxx..? ¿Ha escuchado a Bonds referirse a las “bondades” como bateadores de George Brett o de Mike Schmidt? ¿Por qué cree? Todavía le pongo dos más, Alex Rodríguez no menciona jamás a un pelotero blanco de clase ni Pujol tampoco, que le cuesta abrir la boca para pronunciar palabras con la letra T por Mike Trout.

En los últimos 5 años hemos sido testigos de espectáculos muy poco frecuentes durante por lo menos 10 años previos: los duelos de pitchers, las faenas memorables desde el box apoyadas con fildeos malabaristas, buenas para el puritanismo, pero no para la taquilla ni para el escalafón de audiencia televisiva.

Sin embargo, el concepto agilizar los encuentros, reducir el acopio de tiempo y de paciencia presenciando un juego, está totalmente reñido con el espectáculo de etiqueta ofensiva, de jonrones bestiales, de artilleros que despellejan la bola, en fin, de carrerajes inacabables por uno o por los dos contendientes.

El gusto por el juego de batazos, que genera exceso de tiempo consumido, desdice incluso a la época; porque hoy se vive “a mil por segundo”, pocos leen novelas para no exceder el consumo del “preciado tiempo” en cantidad poco conveniente al desarrollo de otras actividades de la vida misma, pero están dispuestos a pagar una barbaridad por sentarse en el estadio y permanecer entre 4-6 horas mirando un juego de 9-8 ó 12-11.

La hora y media, la hora y 45 minutos de antes, de cuando dos pitchers estaban en el octavo y usted no había terminado de escuchar “Take out to the ball game” como recibimiento previo, que debía ser la garantía de los tiempos por el ritmo de los acontecimientos, en el juego de pelota es, sencillamente, “pelota vieja” con los scores abultados, agregue también las conversaciones entre un coach y todo el infield, los cambios de pitchers.

La satisfacción de observar cómo rompe una curva la sustituyó la barbaridad de disfrutar cómo tumban las cercas.

Cuando usted lee a un cronista moderno cualquiera, por lo general, el hombre mete mano por Bill James y le dispara un concierto numérico que ni las pizarras que llenaba Max Plank ejercitando los “quantos”.

Nadie calcula la clase promisoria ni el desarrollo del jugador con el clásico “batea mucho, coge bastante, es una liebre, además, inteligente”, no, hay que agregarle 18 fórmulas que poca gente entiende, hasta llegar al retirado que pegó 600 jonrones para que un par de “supersabios” digan, con asombrosa ridiculez, que “pudiera tener oportunidad, pero…” de entrar a Cooperstown.

Y todo lo que narran como lanzamiento es “breaking ball” y así lo escriben los de prensa escrita, porque muy pocos son capaces de reconocer qué tipo de pitcheo bateó un individuo y ni saben que a los lanzamientos se les golpea hacia un lado u otro del terreno, que la curva es hacia el centro, por enemplo, o que el slider es hacia la banda contraria. Para congraciarse con el fanático, que tampoco conoce hacia dónde rompen los envíos, puede decir “le pescó una sinker”, de un pitcher que no ha visto el lanzamiento nunca.

Señor, hubo una época en que el jonrón era un privilegio, desde que Ruth metió 60 se inició la cacería. Entonces Maris dio un miserable par de palazos, y al hombre lo estigmatizaron, lo señalaron como a una de aquellas brujas de Salem que quemaron vivas.

Perseguir el récord de Ruth fue un virus hasta 1960, cuando aparecieron Mark y Sosa se convirtió, más que en rutina en profanación; lo que le permitieron a Bonds para que diera 73 no tuvo nombre y, muy sospechoso, nadie habla, nadie estimula, como sucedía con los 60 del Bambino, a tumbarlo ¿Por qué?

En 1943 hubo un momento en que los pitchers se asustaron porque “les daban”, sobre todo alfeñiques, más o menos como la barbaridad de Luis González y de Brady Anderson (foto), aunque no como durante la etapa de “aceptación de las sustancias”.

Entonces se sospechó de la pelota y se cuestionó a Spalding, la casa deportiva que las confeccionaba; antes, a principios de los 30’s, hubo la contribución del unguento de Lena Blackburne para quitarle el brillo, incluso algunos sugirieron que empleaban en su confeccion algún derivado del “rabo de lagartija”.

Un periodista famoso tomó una bola utilizada en 1941 y otra en 1943, las llevó a un laboratorio y comprobó que eran diferentes; la sorpresa por la mala calidad en ciertos materiales utilizados, obligó a Spalding a reconocer la diferencia, que la justificaron como “producto de la guerra”, por lo que algunos componentes no eran todo lo ideales que exigía el reglamento. Entonces bajó a niveles normales el bateo.

Si regresaran a la era de los jonrones, por lo que fuera y de la forma que estimaran: autorizando las sustancias u obligando al pitcher a lanzar a medio brazo para recuperar al público y reventar la taquilla, es decir, los bolsillos, tenga en cuenta que está el video para reclamar jugadas; por lo que, prepárase, porque tal vez un día tuviera que pedir dos de permiso para asistir al estadio, duración de un juego, si no se empata, por el retorno de los cuadrangulares. Y se están viendo cosas raras otra vez y se está hablando sospechosamente también…

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