NO ES IGUAL COMER EN SAO PAULO, QUE COMERSE A PAULO ASA’O

snodgrassPor Andrés Pascual

Releo a Eladio Secades siempre que puedo, porque no he encontrado otra fuente tan inagotable, tan novedosa, tan fresca y tan juvenil como el mejor cronista deportivo en español de América Hispana de todos los tiempos. El venerable icono del periodismo nacional, como Gardel para los argentinos, “CADA AÑO CANTA MEJOR”.

Hoy encontré un comentario del Maestro sobre cuál de los 2 errores garrafales del beisbol de Grandes Ligas pudiera considerarse el más importante.

Secades no considera parte de la puja entre errores por el dudoso galardón en importancia y resonancia negativa, a la marfilada de Fred Merkel contra los Cubs de Chicago en 1908, supongo que debido a que no se produjo en el marco de la Serie Mundial; sin embargo, el joven que no pisó una base, con la bola viva y en juego, para sumarse al coro que celebraba la victoria, que se les esfumó por el error mental, provocó la participación de los Ozesnos en el Clásico de Octubre (último que ganaron) y evitó, por lo mismo, que pasara la tropa de John McGraw.

Es bueno recordar que hace la friolera de 107 octubres que el club del “tic-tac-for” del beisbol (combinación de doble matanzas: de short a segunda a primera, o deTinker a Ever a Chance) no ha vuelto a ganar la Serie Mundial.

¿Cuáles han sido los errores, tan dramáticos como demoledores, según Secades, dignos (o indignos en lenguaje lineal) de ocupar el Olimpo al revés de los villanos en la postemporada del beisbol?

Entre Mickey Owen, catcher del Brooklin que dirigió al Caguas de Puerto Rico en la campaña 1953-54, que la ganó y se impuso en la Serie del Caribe y el inicialista-jardinero central Fred Snodgrass (foto), que jugó 9 temporadas sin números que espanten ni a una mosca con los inquilinos de Polo Grounds, esta el ticket ganador.

En estos tiempos, mencionar a Mickey Owen es igual que hacerlo con un francés que, ahora mismo, lea en Montparnasse algún periódico vespertino parisiense ¿Lo conoce alguien? así de dislocado anda el fanatismo: no existe el ayer, “la frontera con el hoy la pongo a libre albedrío y desde donde me dé la gana”.

Sin embargo, Owen fue un buen catcher en Grandes Ligas con los Dodgers, que hizo titulares otro renglón histórico de interés: como jugador que se hizo renegado porque se dio el viajecito a la Mexicana, sin considerar la absoluta incapacidad financiera de competidor contra el Beisbol Organizado de los hermanos Pasquel; por lo que el Comisionado Happy Chandler lo suspendió y le rechazó la petición de clemencia para que lo reinsertara en Grandes Ligas… nunca pudo regresar.

Para la Serie Mundial de 1941, los Yankees eran un club muy superior a la guerrilla de Lipidia Durocher, basten los nombres siguientes: Gordon, Dickey, Heinrich, Keller, Dimaggio, Crosetti, Rizzuto… los Mulos hubieran ganado de todas formas, pero Owen cometió un passedball bateando Tommy Heinrich que, de haber retenido la pelota, el juego hubiera concluido en victoria para la Nacional, la pifia provocó la reacción neoyorquina, que volteron el score y se llevaron la victoria en un juego que, momentos antes, tenían irremediablemente perdido. Peró ese juego no decidía el estado del Clásico de Octubre, fue sino un juego más…

En 1912, los Gigantes de Nueva York y los Medias Rojas de Boston estaban empatados a 3 victorias por bando en la Serie Mundial, para el desempate, los neoyorquinos eran los favoritos de todo el mundo, porque McGraw tendría en “la lomita de las angustias” al inmortal Christy Mathewson, factor decisivo, de convencimiento sin igual, durante la “era de la bola muerta”.

Los Medias Rojas le asignaron a Bedient la tarea de neutralizar el bateo de los pupilos de John McGraw y el tipo lanzó bien, acaso por encima del pronóstico y de sus posibilidades…Lo que sigue es la forma íntegra de cómo lo describió Secades, hace más de 60 años, en el Diario de La Marina:

“En el 7mo Bedient fue sustituido por un bateador emergente y Wood ocupó su lugar en la trinchera. Al terminar el 9no, el juego estaba empatado a una. En la parte alta del décimo, los Gigantes anotaron otra y parecían los campeones inevitables: Red Murray disparó tubey entre left y center y anotó por hit de Merkle, cuando concluyó el décimo para los visitantes, estaban separados por 3 outs del triunfo en el Clásico”.

“La parte baja del capítulo la inició Clyde Eagle, de emergente por Wood, elevando un fly fácil, un fly perfumado, un fly ridículo, un fly de kindergarten, a las manos golosas de Fred Snodgrass, entonces uno de los mejores jardineros defensivos del beisbol, pero un minuto malo lo tiene cualquiera en su vida y, ante el asombro general, el pellejo rodó por su guante y cayó al suelo, AHÍ EMPEZÓ EL DRAMA”.

“A pesar de que el fly era corto, Eagle corrió cuanto pudo y llegó a 2da por el error; Harry Hooper siguió con una línea salvaje al centerfield, que Snodgrass, acaso tratando de endulzar el buche amargo, engarzó de cordón de zapato. Steve Yerkes recibió la base por bolas, entonces, con un out, llegó al plato el Señor TRIS SPEAKER, ni qué decir de la situación de espanto que se le presentó a Mathewson y McGraw ante la “aparición”: “el diablo vestido de pelotero, cara de pocos amigos y con el tridente a cuestas…”.

“A pesar de todo, la marfilada de Snodgrass pudo no tener consecuencias, pero nadie lo comenta así, nadie lo dice…y el poderoso bateador dio un fly de foul hacia la zona de primera base al que le fajaron el pitcher, el catcher Chief Meyer y Merkle, que jugaba la inicial, cualquiera de los tres pudo fildearla fácilmente, pero chocaron, cayeron en crisis de calambrina, la bola fue al suelo y el bateador quedó vivo en la plataforma de despegue”.

“Ante tamaña decepción y en vilo los sentimientos, con hombre en posición anotadora, Speaker sacudió un hit de línea al right que empató el juego, Yerke llegó a la 3era base y Matthewson caminó a Duffy Lewis buscando el out en cualquier almohadilla”.

“Con los ángulos congestionados, ocupó su turno Larry Gardner, que elevó a lo profundo del rightfield defendido por Joe Devore; fácil, desde la tercera base, anotó Yerke la carrera que envió para Nueva York al grupo de jugadores que profetizaron como ganadores de la Serie Mundial, que, por lo raro y dramático del final adverso, regresaron en plano de enanos para la fanaticada”.

¿Por qué Eladio consideró la pifia de Snodgrass la más desfachatadamente importante del capítulo villanos en este tipo de eventos? Porque costó el campeonato, no un juego, así de sencillo.

Lo que no conoció el inmortal cronista antillano: que en esta era llamada moderna, tan rara y curiosa en aspectos desagradables, si se fuera a comentar sobre villanos de Series Mundiales desde 1913 a la fecha, el premio lo discutirían dos fanáticos: un niño que impidió que un rightfielder capturara una pelota en Baltimore a favor de los Yankees y un hombre que le sacó del guante a Moisés Alou el out que le hubiera permitido a los Cubs de Chicago seguir con vida en el 2003, ambos lances en postemporada.

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