TORRIENTE, EL JUEGO DE SU VIDA

torriente muy buena

Por Andrés Pascual

La notoriedad ganada por la actuación en un juego de pelota ha sido frecuente en los anales del beisbol, ha ocurrido…

Generalmente, los llamados “héroes de un solo día”, capaces de hazañas memorables una sola vez, no han tenido etiqueta estelar ni, mucho menos, importancia inmortal.

El juego perfecto de 1956 en la Serie Mundial Yanquis-Dodgers lo tiró un pitcher mediocre, Don Larsen, cuya única relación con Cooperstown hubiera sido un tour con sus nietos si no pitchea el no-no.

Edmundo Amorós trasciende como “el cubano que hizo la gran atrapada” durante el 5to juego de la Serie Mundial de 1955, que concluyó en doble matanza y funcionó como el célebre cubo de agua fría sobre el ánimo de los Mulos.

El venezolano Daniel Canónico alcanzó la categoría de “Héroe Nacional”, porque le ganó a Cuba el decisivo de la Serie Mundial Amateur de 1941, celebrada en La Habana. El zurdo Adán Morales, que blanqueó a los antillanos 0-1 en los Centroamericanos de San Juan en 1966, casi emula al Chino, pero el torneo lo ganaron los cubanos.

No siempre el papel ha sido heroico: en 1908, el jugador más joven de ambos circuitos, Fred Merkle, no pisó la segunda base en el juego de desempate del campeonato contra los Cubs de Chicago, con lo que se mantuvo el empate 1-1, como que el juego se suspendió por oscuridad, al día siguiente los de Illinois vencieron, asegurando el boleto al último Clásico de Octubre que han ganado hasta hoy. A Merkle se le conoce como “el tipo de la marfilada”.

Batear 3 jonrones en un encuentro no es motivo de fama trascendental; en la historia del beisbol ya hay hasta 4 conectados en un juego por 12 jugadores.

El primer bateador de tres  jonrones en la Liga Cubana fue Cool Papa Bell a principios de los 30’s; después, Dick Sisler a mediados de los 40’s, mientras, Leonardo Cárdenas y Borrego Alvarez lo repetían en diciembre de 1958.

Cristóbal Torriente nació en Cienfuegos, Las Villas, de profesión herrero. Santero que no podía jugar sin media mano de Obatalá. Amante de la música, de las noches de Harlem y de La Habana, del alcohol.

Cuando en noviembre de 1920 Abel Linares (propietario de ambos clubes Habana y Almendares), decidió invitar a los Gigantes de Nueva York para efectuar una serie de exhibición contra los Alacranes en el Almendares Park II, posibilitada, además de por el dinero, porque John McGraw pasaba los inviernos en Cuba y por su estrecha amistad con José Raúl Capablanca, los inquilinos de Polo Grounds viajaron a la Isla con Babe Ruth como figura de atracción, que había iniciado “la era de la bola viva” al quebrar ese año su propio récord de 29 jonrones (con Boston, 1919) por 54 con los Yanquis.

Torriente, el mejor jugador cubano de la época y uno de los mejores de Pre Ligas Negras y de Ligas Negras, logró conectar 3 jonrones y un doble en el primer juego de la serie; mientras, el Bambino no logró hacer nada meritorio en el partido. Después Torri no volvió a dar jonrones y Ruth conectó dos, concluyendo mejor la serie.

El caso de Torriente tal vez sea único en cuanto a que tres jonrones trasciendan la memoria histórica y contribuyan a facturar una leyenda de un solo juego de forma absurda: ese partido, por el que la mayoría de los cubanos reconocen a Torriente, fue importante por la presencia de Ruth con los Gigantes; es decir, el Sultán de la Estaca posibilitó que a Torriente se le reconozca como al bateador que lo superó, en igual medida que ha obstaculizado, por su influencia, que sus compatriotas lo vean como lo que fue: el mejor pelotero criollo de la primera mitad del siglo pasado, por encima de cualquiera e incluyo a Dihigo.

El mejor trío de outfielders de Ligas Negras junto a Jelly Gardner y a Jimmy Lyons con Indianapolis ABC y el único pelotero no americano regular en All Stars del circuito sepia junto a Oscar Charleston y Turkey Stearnes, con Monty Irving de suplente, debían explicar con suficiencia la clase de Torriente.

El poco reconocimiento o la incredulidad sobre la clase del outfielder cuando se compara con otros cubanos, sobre todo con Dihigo, es producto de que a este extraordinario jugador solo lo vieron jugar en su país y en Estados Unidos; mientras que Dihigo, incluso Oms, fueron nómadas del beisbol.

Si Torriente hubiera jugado en México, Venezuela…con seguridad que estuviera en esos Salones de la Fama también. Si se demoró tanto para entrar a Cooperstown, fue porque le arrastraron una injusticia que se solucionó el mismo año en que ocurrió el incidente, de lo contrario, hubiera entrado al recinto en los primeros cinco años de actividad del extinto Comité de Ligas Negras. Un fenómeno del beisbol

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