LOS NÚMEROS RETIRADOS Y UNA PROPOSICIÓN INJUSTIFICADA

clemente swing buena bajaPor Andrés Pascual

Cada vez que un jugador se retira del beisbol, tiene posibilidades de optar, si tuvo una carrera con guarismos tan grandes como exige la elección, por un nicho en COOPERSTOWN, que no es un lugar cualquiera, sino un Templo de veneración a dioses del pasatiempo nacional.

Por regla general, los jugadores que contribuyeron muchísimo con una franquicia por su juego de inmortales, reciben el regalo, a veces póstumo, de ver su número retirado en la novena. PARA LA OCASIÓN, no necesariamente tienen que pertenecer al recinto en la localidad de Nueva York.

El ritual de retiro del número del pelotero es una ceremonia con matices sacros, premio que le entrega, por esfuerzo y popularidad, su público natural, que lo vio nacer al juego tanto como desarrollarse en la disciplina.

He hablado de peloteros de la “era antigua”, quienes, porque no existía el contrato multianual posibilitado por la agencia libre indiscriminada (mercenarismo deportivo), que divorció totalmente al beisbol de la cláusula de reserva para hacerlo más débil, menos atractivo y mucho más costoso, sin que quede ningún espacio para reclamaciones por las que un club pudiera retener al jugador, son joyas del pasado; aunque, todavía, nos sorprendan gratamente algunos que han permanecido con el equipo que lo dio a conocer durante 10 ó más campañas, incluso toda su vida deportiva.

Casos como el de George Brett, Jorge Posada, Edgar Martínez, Cal Ripcken jr, Mariano Rivera, Derek Jeter, Tony Gwynn, Bernie Williams y algunos más, pertenecen a una clase en extinción contra la que no puede protegerlos ninguna voz de alarma; porque, desde hace rato, es común que un gerente general y un manager aprueben el traspaso a otra franquicia de un veterano, que vio pasar sus mejores días, para que concluya su carrera en otro lugar y WILLIE MAYS Y HANK AARON son referencias; sin embargo, como que la gorrita en la placa significa beneficios especiales al equipo que identifique al jugador, esa misma gerencia puede optar por una de dos alternativas bochornosas: lo trae de vuelta su último año, o “compra” la intención del jugador, que hubiera reaccionado contra el traslado de que fue objeto, vistiendo otra gorra como castigo por la afrenta y el poco reconocimiento en “tiempos malos y terminales”.

El 42 de Jackie Robinson está retirado en todos los equipos de Grandes Ligas, está bien, con ese basta, porque se trata de un jugador que, durante la era moderna, tuvo la suerte de que el Gerente General del Brooklin fuera el hombre más inteligente jamás nacido para el beisbol, el más honesto, el más compasivo y el que más ha amado a este deporte en toda la historia del pasatiempo; además, republicano como el propio atleta y los dueños de los Dodgers de entonces.

Robinson necesitó de todos los elementos que dije para que lo utilizaran como proyectil, además de que ya no estaba Landis como jefe del BEISBOL ORGANIZADO, tan recto como racista, si no…

Ahora, lo digo con la propiedad que me ofrece todo lo que comento por cuenta propia, sin imposiciones, sin miedos ni obligado con nadie: a Jackie Robinson lo supervaloran por el gesto tremendo que fue derribar el muro racial, porque, sencillamente, “NO LO DERRIBÓ”, vuelvo con la vieja máxima al respecto ¿Cuándo tuvo culpa la bala que mató a JFK? Los verdaderos responsables fueron los Dodgers y Rickey, sin embargo, como aceptó Robinson, tal vez otros negros hubieran estado de acuerdo con jugar semejante papel socio-político, pero al ex Monarch lo distinguía lo que buscaban los ingenieros del proyecto: tolerante, buen jugador, decente, hablaba parco y bajito, con instrucción universitaria y patriota, atributos que quizás no abundaban entre las estrellas sepias de la época, porque ningún otro fue sugerido por Wendell Smith, el periodista-activista negro HOF al que Roosevelt le negó el decreto para integrar el beisbol en 1944, porque “la sociedad no está preparada aún”.

En el caso de Roosevelt y de todos los demócratas de nivel histórico, ha prevalecido la intención demagógica tanto como antipatriótica por complejos reaccionarios partidistas, tal el racismo y el caso de Jesse Owens es espectacularmente acusador; porque, norma obligada casi viciosa que tantos repiten para profundizar en el estudio de la naturaleza racista nazi, citan constantemente el rechazo que sufrió este atleta en 1936, durante las Olimpíadas, porque el Canciller alemán se negó a premiarlo por ser negro.

Aquella estupidez supina por odio no es una denuncia sostenida con buena intención, sino un sello de garantía para “tapar” otra peor de orden doméstico; porque nadie comenta lo que afectó anímicamente al corredor que su presidente decidiera no recibirlo en la Casa Blanca, ni que le enviara un miserable telegrama de reconocimiento por sus victorias en Alemania. Y Owens dedicó su vida a responder citando “la mala acción presidencial demócrata” cada vez que le preguntaban por el rechazo que le hizo Hitler.

Jackie Robinson no solo sirvió como “primero”, especie de pasaporte ganado por unos blancos contra otros blancos para beneficiar, no al negro americano, sino a todos los negros del mundo aptos para jugar el beisbol moderno de las Grandes Ligas; razón por la que creo que nuestro orgullo, Orestes Miñoso, no debe tener espacio en Cooperstown ni su número fuera del campo de juego de los clubes de las Mayores, salvo el del Chicago Medias Blancas, porque rindió como un inmortal para ese equipo, que es el motivo por el que tiene su número retirado allí, además de una estatua fuera del estadio.

Mucho menos creo que el de Roberto Clemente (foto), deba ser retirado de todos los estadios, porque el boricua no tiene la significación de Robinson para el juego; sin embargo, hay campañas que apuntan a retirar el 21 sin ninguna razón lógica, porque se habla de un Clemente irreconocible, que le abrió “las puertas de las Mayores a los latinos” a veces; a los negros otras, tomaduras de pelo espectaculares, porque esos papeles los desarrollaron Armando Marsans y Rafael Almeida generalizando minorías latinas, o Miñoso, que fue el primer negro hispano que jugó en Grandes Ligas.

No hay la mínima justificación que apruebe el retiro del número de Roberto ni aunque Cookie Rojas o Tani Pérez hayan dicho que le agradecen al Ídolo de Carolina, en vez de a Luque o a los que mencioné antes.

Para mantener en vilo al público con exigencias febriles y trasnochadas, se habla de “la labor humanitaria de Clemente”; constantemente repiten que es “más venerado” por ACTIVIDADES FUERA DEL TERRENO, QUE NO EXPLICAN, NI SI ABARCAN LA REGIÓN O QUEDARON SOLO EN EL ÁREA ISLEÑA; obligando al fanático a preguntar ¿Cuáles? ¿Dónde? ¿Solo en Puerto Rico? La contribución al sueño boricua, por demás indebido, concluye en su trágica muerte al caer el avión en que llevaba ayuda para damnificados del terremoto de 1972 en Nicaragua, loable y muy especial gesto, que debe gratificar y lo ha hecho, el propio pueblo nica; pero insuficiente para retirar el 21 de todos los clubes, además, otros han hecho cosas parecidas y prohibieron que se conocieran, para que no convirtieran en propaganda tamaña acción.

Con Clemente se condonan, por lo que se ve, placeres de envidias y bajas pasiones, que es en lo que se ha convertido a Roberto, en un arma política reaccionaria contra EstadosUnidos de forma taimada, velada y edulcorada.

Nadie conoce, o muy pocos, que Jorge Negrete, durante su estancia en Cuba en 1944, no cobró una sola de sus actuaciones, que las donó íntegramente para los damnificados del meteoro de aquel año. Con Clemente están contaminando la máxima “que tu mano izquierda no vea lo que hace la derecha”, término que protege el interés humanitario del filántropo por naturaleza.

Voy a contar algo: José Canseco “NUNCA” dio positivo a esteroides, sin embargo, él mismo se autoconsideró “el padrino del vicio”, dictó un libro en el que involucró a renegados que lo abandonaron y SALVÓ AL BEISBOL… hasta ahora, mañana ¿Quién sabe…?

Bajo ninguna circunstancia se tiene en cuenta que el reglano es uno de los jugadores que más haya ayudado a sus compatriotas de todas la Grandes Ligas, que, incluso, Canseco fue capaz de llevar un avión repleto de donaciones y a un grupo de jugadores a Guantánamo para que lo vieran jugar y al resto de los bigleaguers que viajaron con él; que en 1992 preparó un juego de ayuda a la comunidad de Homestead, prácticamente barrida por el ciclón Andrews, en Miami, que no fue apoyado por nadie de los circuitos de prensa, radio y televisión ni por la ineficiente politiquería.

En ese juego de softball estaban los mejores peloteros de grandes ligas de la época, sazón aparte, Canseco nunca desoyó a ningún jugador que le pidiera participar en beneficios a otros pueblos cada vez que se lo pidieron, quedan más de 15 casos que reflejan cómo nuestro orgullo vivió el papel de buen samaritano.

Sin embargo, se le abren espacios de falsa credibilidad, injustos ante la ceguera por la buenas acciones, a acusaciones oscuras, quizás provocadas por lo extrañas, cuyo objetivo, desde mi punto de vista, fueron creadas para “arrancarlo”.

Y queda una comunidad cubana que da asco, arrepentida de que el individuo haya nacido en Cuba, que llegaron tan lejos que retiraron su nombre de una calle que habían bautizado.

Esos que ejecutaron semejante atentado a la nacionalidad, son los mismos que usted y yo sabemos que se llenan de dinero a cuenta suya y mía, pero no hay un dedo que los señale ante la aberración, que es el nombre del sacrilegio que cometieron con el glorioso compatriota.

A la hora de crear premios y cosas por el estilo, desde el punto de vista “minorías”, tal vez debían proponer uno que lleve el nombre de Adolfo Luque, máximo defensor de su país en el espectro beisbolero, porque PAPÁ MONTERO no dejó un americano blanco ni negro con dientes en este país ni en México, cada vez que alguien ofendiera a Cuba de la forma que fuera.

Durante la Serie Mundial Amateur de 1972 celebrada en Nicaragua, en la cual Roberto Clemente dirigió al equipo de Puerto Rico, Serbio Borges invitó al pelotero a visitar a Cuba “a nombre de Fidel”, cortesía de propaganda política altamente comprometedora, que el jugador aceptó y, o no entendió el objetivo, o lo consideró en su justa intención por simpatías bien camufladas, el caso fue que antes del trainning del año siguiente, hubiera podido visitar la Isla esclava, de la que tantos ex jugadores conocidos por el rightfielder huyeron hacia su patria.

Por la forma como maneja el nombre de Clemente la “hermandad antiamericana regional”, para quienes conocemos bien qué es el comunismo y cómo se camaleona, además de odiarlo a muerte, nos coloca en una situación delicada para reconocer a Roberto en algo más que el tremendísimo jugador que fue.

Cuatro días después de la lamentable desaparición del jugador boricua, la prensa castrista (solo Juventud Rebelde), en 2 líneas de interior sin titular, comunicó que “el pelotero Roberto Clemente perdió la vida en un accidente de aviación”.

Desde el momento en que Jorge del Río abrió la sección de noticias con la información, los cubanos llorábamos a aquel jugador grandioso, ídolo nuestro tanto como de su pueblo, al que hoy, porque cometió la imprudencia de casi servirle la cabeza a Castro para que la pisoteara y por la actividad comunista encubierta en paisanismo orgulloso, o en hermandades ficticias de corte político comunista, nos han puesto en la disyuntiva de escoger entre mantener el ídolo que ha sido para nosotros, o abandonarlo como a otro vulgar espadón del comunismo continental. Una verdadera lástima por la grandeza deportiva de aquel hombre.

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