154 JUEGOS ¿NUBES MÁS NEGRAS EN EL HORIZONTE?

manfred hallPor Andrés Pascual

Rob Manfred (foto en el Salón de la Fama de Ligas Negras, Kansas City), recién estrenado Comisionado del Beisbol de las Grandes Ligas, se ha declarado abierto a todo lo que haga más “vendible” el juego, desde darle al público “por la vena del gusto” experimentando el regreso a la era de los jonrones, que incluye la reducción del montículo, por lo que se verá casi instalado bajo tierra; pasando por reducir a la “cañona maliciosa” el tiempo de juego; hasta acortar la temporada a 154 encuentros, como estaba en la Americana antes de 1961 y en el Viejo Circuito antes de 1962, esta última no figura en sus planes inmediatos, sino “le da vueltas en la cabeza” ¿Buena idea?:

http://espn.go.com/mlb/story/_/id/12370390/rob-manfred-says-consider-shortening-season-there-was-interest

Las buenas ideas no fecundan en almas malas, el hombre habló de hacer más vendible este calendario; pero, en ningún momento, se refirió al “amor por el pasatiempo”, por lo que se aprecia, el beisbol americano, además de como negocio, ya no sirve para otra cosa.

Entonces permiten que se violen leyes vigentes, como AUTORIZAR que un pelotero expulsado de una liga por circunstancias delictivas, con la que tienen relaciones de trabajo las Mayores, integre una plantilla a la Serie del Caribe (caso Despaigne, pasaportes falsos, Campeche, la Mexicana y Puerto Rico sede), hasta recaer en la carrera de billetes que, una vez, propusieron controlar con el tope salarial; hoy, por lo que aparenta, en el olvido.

Si Manfred habló de “hacer más vendible” al beisbol de las Mayores, quiso decir que no está en el nivel tradicional como mercancía que tuvo antes de 1990; muy preocupante que no aclaren cuánto de preocupados están ellos mismos por la caída en barrena de la popularidad de lo que nadie puede arriesgarse a llamar “pasatiempo nacional”.

El primer acusado en el juicio por atentar contra los records del beisbol fue el cambio de calendario de juegos, de 154 a 162, asumido por la Americana en 1961 y por la Nacional al año siguiente; detalles que, junto a la expansión de 1961 y las posteriores, si le cuelga el poderío del Sindicato y de los Agentes de Peloteros, puede concluir fácilmente que el “éxito logrado por los picapleitos” con los contratos multianuales, se ha convertido en la tumba del beisbol, prácticamente en estertores, sin que sepan qué hacer para reanimarlo los mismos que lo matan con cada “remedio”.

Si bien los números de bateo con poder se impusieron por efectos del uso ilegal e indiscriminado de sustancias prohibidas, otros agradecen su existencia al cambio de calendario; aunque, el alma de Roger Maris le estará agradeciendo hasta el Juicio Final sus miserables 61 jonrones a los 8 juegos más del año de la marca “con asterisco”; impacto tal, que el mundo lo consideró la más grande profanacion del juego hasta entonces conocida.

Después de aquel partido en que le metió el 61 a Traci Stallard, acortado a 5 innings, Maris no volvió a dormir con tranquilidad, sino hasta que le cerraron los ojos a los 54 años: se enfermó de los nervios, se le cayó el pelo, lo acusaban despectivamente como no han hecho nunca con Bonds, MCGWIRE y cía, llegando tan lejos el abuso, que le trataron de crear un complejo de culpa ridículo y bochornoso, basado en que sus jonrones eran un oprobio nacional de SALÓN DE LA FAMA, colocando al ex jardinero en la disyuntiva de aceptar, con incredulidad y miedo, lo malo para la sociedad que tenían aquellos cuadrangulares que ayudaban a ganar al club.

El récord de Maris en “8 juegos más”, separado del que impuso el Bambino en 1927 por un amoral asterisco, una vez que no hacen LO MISMO con los impuestos por MCGWIRE y BONDS o por las 3 temporadas de mas de 60 de SAMMY SOSA; a fin de cuentas, mucho peores “sacrosantamente violatorios de lo moral”, fue el primer resultado logrado por quienes querían enterrar el pasado, fantasma que jamás dejará de acechar a los culpables, sobre todo, desde los últimos 42 años, cuando hicieron la primera rebaja del balk hasta hoy, en que tratan de imponer otros “cambios” que llevarán al punto de partida de la conspiración con los esteroides.

En 1962, Sandy Koufax empató el récord de ponches de “MATTY” Mathewson en la Nacional y nadie sugirió un asterisco, porque no ha sido igual Ruth que el gran Cristy de los Gigantes para la sociedad estadounidense; incluso para el mundo beisbolero y yo estoy de acuerdo, con reservas por la injusticia; pero entiendo que, cuando se trata de Babe Ruth, la información y la crítica requieren el famoso cartel de “manéjese con cuidado”; porque estamos hablando, no de un bateador, sino del rescate, en un momento peligroso, de la esencia y la credibilidad del juego, que eso fue aquel gordo con cuerpo de huevo nacido en Baltimore: el juego mismo.

Sin 162 juegos, Oliva hubiera ganado su 3er campeonato de bateadores consecutivo en 1966 y Frank Robinson no hubiera podido obtener la Triple Corona. Tampoco Dennis McClain hubiera ganado 31 juegos en 1968 y, ese propio año, en vez de únicamente Yaz batear sobre trescientos, por .301 de promedio en el Joven Circuito, le hubieran acompañado sobre el “difícil potro” 3 bateadores más, uno de ellos Tony Oliva.

Otros ocho juegos de calendario hacen maravillas inflando números personales relativamente, lo mismo en ganados, ponches, lechadas, bateo de promedio, jonrones que impulsadas; aunque no puede considerarse la ofensa que resultaron las sustancias ni remotamente, porque benefició a muchos bateadores y perjudicó a muchos más lanzadores; es decir, se produjo un verdadero desequilibrio del juego para mal.

De todos los records rotos, desfavorecidos por los 162 partidos, ninguno es tan afrentoso como el del japonés Ichiro en hits en una temporada: en 1920, George Sisler, inicialista de los Carmelitas de San Luis, bateó 257 en 631 veces al bate y 154 jugados, concluyó la campaña con .407 de promedio.

En la temporada del 2004, luego de 84 años vigente el récord de hits del beisbol, el japonés Ichiro Suzuki, del club de expansión Marineros de Seattle, concurrió 704 veces a la caja de bateo durante 161 juegos y dio 262, con los que ¿derribó?, los 257 del padre de Dick, ex jugador de los Leones de Mike González en la Liga Invernal Cubana año 1945-46, quien, además, conectara el jonrón que metió directo en la Serie Mundial de 1950 a los Whiz Kids Phillies de Filadelfia. El promedio del asiático fue de .372.

Fíjese qué contraste: Ichiro bateó 73 veces más que Sisler y superó al Inmortal por solo 5 hits; en igual cantidad de comparecencias a la caja de batear ¿Cuántos más hubiera podido conectar el ex primera base de los Carmelitas?

Para que sea justo 100 %, revise el promedio del antiguo recordista y ponga la cantidad que crea hubiera sido posible; a fin de cuentas, es fantasía beisbolera el tema, pero, ese guarismo que suponga, tiene que pasar de 25, porque son 73 veces al bate menos y promedio de .407.

¿Cuántas bolas escondidas, negativas para el beisbol, tendrá Manfred si regresara a los 154 juegos? Nadie sabe, hay que esperar, pero, con este señor, que nadie crea que va a refrescar del Infierno Selig, ni de juego se debe pensar; o, ¿No se ha dado cuenta que Joe Maddon fue pirateado por los Cubs de Chicago y se puede escuchar el silencio en los pasillos de las Oficinas de las Ligas Mayores? ¿Cuántos clubes quedan pendientes por resolver maldiciones en Grandes Ligas? Para entender bien las cosas en mundos hostiles a lo ético, HAY QUE APRENDER A LEER LAS ENTRELÍNEAS, como le sugirió Alonso Quijano a Sancho allá por el siglo XVI…

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