JETER, LOS YANKEES O LO QUE VA QUEDANDO

Número 2 retirado en Yankee Stadium

Número 2 retirado en Yankee Stadium

Por Andrés Pascual

Yo simpatizo con Dereck Jeter, con el jugador y con la persona: un joven que fue capaz de escuchar consejos de bien intencionados cuando coqueteó con el peligrosísimo sector farandulero, cuando por poco sucumbe ante el ejército depredador de valores ciudadanos que representan las Conejitas de Playboy.

El hombre reaccionó, ripostó y ganó por knockout. Tuvo una bella actriz, Minka Kelly, como relación, pero no abrió de par en par las puertas de su intimidad para que el plumífero de prensa amarilla y el repugnante paparazzi disminuyeran su condición de “hombre de alto principio”.

Del jugador no queda nada más que decir: es el pelotero de la franquicia después que Mickey Mantle colgó los spikes: entre 1968 y 1994 no hubo representación genuina del club del Bronx, peloteros más o menos, tal vez menos que más, sí; incluso Reggie Jackson, que dio tres jonrones en un juego de Serie Mundial y está en Cooperstown, contribuyó al palmarés de un nombre al que nadie puede hacer más grande de lo que es, sino al revés, solo con aquellos batazos; por lo otro, las desagradables y atípicas peleas con Billy Martin (remanente de las de Ruth con Huggins durante los 20’s) lo pusieron en situación desventajosa como capaz de vender buenos modales para el logo del sombrero de copa alta, bandera americana y bastón Belle Epoque Style. Entonces duró muy poco enfundado en la franela a rayas.

La gerencia de los Yankees acaba de retirar el número de Jeter sin que el torpedero haya concluido lo que, según dijo, sería su última temporada (lo anterior lo señalo, porque hubo sorpresas desagradables después del “bombo y platillo” por el retiró de Roger Clemens, que recogió decenas de miles en regalos y reapareció en la trinchera del Houston, un par de meses después, acompañado de Andy Pettite).

Pero hay que reconocer cosas, la grandeza indudable de Jeter, su brillo absolutamente gernuino en la hora actual, muy por encima de todos los peloteros de su generación, tiene mucho que ver con el lastimoso estado a la inversa que cunde al Beisbol Organizado, pero, sobre todo, a los Yankees.

De la novena que tuvo incidentes relativos a un par de broncas en clubes nocturnos de Nueva York con la participación de Mantle, Martin y Ford durante los 50’s, hechos trascender negativamente por la prensa amarillista del espectáculo de la Jungla del Este, a ocupar titulares por acontecimientos litigados en cortes, en que se han visto envueltos varios de sus jugadores durante más de 40 años como delitos de cuantía mayor; con la principal figura (en salario) del equipo y de todo el beisbol inmerso en un escándalo que todavía no termina, de proporciones tan grandes como nocivas, nadie puede dudar que la capacidad de juego de Jeter, su conducta personal decente y tranquila, ha sido ayudada por el desastroso estado de lo moral en que se encuentran el beisbol y el Alma Mater del veterano jugador.

En igual forma que Jeter quizás sea “el último yankee”, hace rato que no existe “el último club” que fuera la más grande franquicia deportiva de la historia. Por ese camino va hasta el Beisbol Organizado en pleno.

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