UN GESTO FINAL DE VENERACIÓN Y RESPETO: JETER AL CAMPO CORTO DE LA LIGA AMERICANA

jeter civil

Por Andrés Pascual

Los números cuentan, por supuesto, los promedios, los jonrones, las empujadas… todos los guarismos pueden hacer el camino a Cooperstown, pero el recinto de inmortales no hace al ídolo de multitudes, que require dosis mágicas de otros ingredientes.

Ser ídolo en todos los estadios del beisbol no es casualidad ni se puede fabricar, es el resultado de la combinación del talento del pelotero estrella, de su ética, de su profesionalismo y de su personalidad ¿Por qué lo aman todos? Porque se hace merecedor del cariño, del respeto y de la atención del respetable, entonces, cada vez que un jugador de este tipo se va, el beisbol pierde más que a uno que “lo hacía todo bien”, parte del sentido del juego.

A finales de los 80’s, Mike Schmidt fue seleccionado para el Juego de Estrellas del año siguiente de su retiro, es decir, la comprensión popular, el amor por el antesalista llegó tan lejos, que quisieron continuar premiándolo con su selección al clásico de media temporada, en que cuenta lo que se haga hasta la fecha de celebración.

En los anales del beisbol no he conocido de un gesto más altruista con el compañero que el de Alex Rodríguez, cuando le cedió el campo corto a Cal Ripcken, para que concluyera como torpedero su larga y legendaria carrera en el super tope de la posición. Nadie criticó el cambio, decidido por iniciativa propia, porque era merecido, deportiva y sentimentalmente.

En 1951 Joe DiMaggio no bateó sobre .300, dio menos de 15 jonrones y empujó solo a 71, tampoco obtuvo votos para Jugador Más Valioso, pero el fanático votó por él para el Juego de Estrellas, porque quiso despedirlo como el astro indesteñible que fue .

Quizás porque están menos tiempo expuestos al juicio y a la vista popular, el caso es que los pitchers no alcanzan la categoría de “ídolo de multitudes” tan frecuentemente como los jugadores de posiciones. Lo de Valenzuela no fue raro, porque se recreó y promovió su ascendencia humilde y pobre, además de que explotaron muy bien, por estudios de mercadeo, el impacto del lanzador por su edad, casi un niño, capaz de hacer maravillas sometiendo y ridiculizando a las baterías enemigas del Viejo Circuito desde el montículo, a favor tambien la tremenda colonia mexicana de Los Ángeles y de todo California; otro caso que pudiera mencionarse es el del Pájaro Fidrych, de Detroit, pero está considerado como sensación de un solo año, porque, lamentablemente, una lesion del brazo le costó la carrera.

Al Belle fue odiado por el fanático por antideportivo, por abusador, por prepotente y porque no influía en nada en la combatividad del club para el que jugara, realmente desmoralizaba a sus compañeros con cada salvajada que hacía, como enviarle una pelota a un fanático con intención homicida.

Joe Medwick era rechazado por violento sin justificaciones, porque caminaba muy feo, como un pato, por eso le llamaban “Ducky”; caso insólito el de Ted Williams, que estableció una relación de amor-odio con el fanático de todos los estadios y un odio feroz contra la prensa. El tremendo bateador tuvo la desacertada y punible acción de tirar un bate a las gradas que lesionó a una niña; además, escupía a los cronistas, con excepción de 7 inmortales del micrófono y la máquina de escribir.

El caso más triste, si cabe, fue el de Lou Gehrig, que jugó al lado de Ruth, por lo que nunca pudo alcanzar el aura que le robó la tremenda personalidad del Babe, que debió ser compartida con el artillero; cuando el Bambino se retiró, entonces llegó DiMaggio, con su carácter de competidor único, con la grandeza innata ante el fanático por esa condición que vaya usted a saber en qué consiste realmente, y Columbia continuó como la segunda opción de aplauso a rabiar…y le quisieron, pero se lo demostraron casi póstumamente, cuando el propio jugador le dijo adios a la vida y al juego con las palabras más estúpidas que he escuchado nunca: un hombre medio muerto, agradeciendo porque “se sentía el hombre más afortunado de la Tierra”.

Derek Jeter se va después que concluya la presente campaña, no es solo el ultimo pelotero en una época viciosa y antideportiva, poco fecunda para héroes naturales, sino que, además de su grandeza indiscutible en el terreno, de ser el pelotero más hábil e inteligente de su generación, tiene el porte de los hombres buenos, que impresiona como nuestro conocido o como nuestra familia, que ha sido capaz de mantener su auréola estelar de manera sencilla y natural, cuando casi todos los peloteros acudían al truco, a la mentira, para escalar, no en el reclamo popular, sino en la espiral de millones que le robaban al fanático y a la historia.

Por sus condiciones morales y atléticas, únicas desde hace 20 años, el respetable ha puesto a la cabeza de los torpederos de la Liga Americana al super capitán para el Juego de Estrellas próximo. Este tipo de compromiso con un jugador que discute el más grande de la legendaria franquicia del Bronx, es el premio, tanto a su tremenda capacidad de juego, como a su permanencia entre los escogidos de Dios, los que nunca pecaron con la finalidad de batear jonrones y de robarse los millones del Diablo, por eso es posible que el símbolo verdadero del beisbol moderno abra merecidamente el Juego de Estrellas del 2014 en la temporada que dice “hasta aquí”, a pesar de que, por sus números, no debiera

 

1 comentario

Excelente articulo muy bien escrito y lleno de verdades, gracias maestro por este escrito

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