ARGUMENTOS ABSURDOS CONTRA EL BEISBOL INVERNAL Y LA SERIE DEL CARIBE

luis avian 2 lesionado Por Andrés Pascual

Luis Avilán (en la foto lesionado), “está descansado”, “porque no trabajó durante el invierno…” el pitcher venezolano llegará al trainning fuera de forma y necesitado de más innings para ponerse ready que quien haya actuado en el circuito de la Confederación, es lo que siempre ha sucedido cuando no se juega en el Caribe.

Durante muchísimos años, los peloteros de la región que pertenecían al Beisbol Organizado en ambos niveles, Mayores y Menores, defendían una franela en el invierno y en Marzo partían hacia los spring trainnings en forma deportiva, necesitados de carga de juego oficial, solamente, para comenzar a rendir desde el primer día.

Se comentaba, para hacer más importante el juego en “temporada muerta”, que el hispano necesitaba esa acción, tanto deportivamente como en lo económico.

Eran hombres mucho más fuertes que los de hoy, aunque menos “hinchados”, que no caían al suelo retorciéndose de dolor porque dieran un paso hacia primera, porque persiguieran un fly al rightcenter ni porque efectuarán un lanzamiento en recta… tampoco “se ayudaban” con algo más que alimentos naturales de consumo normal.

No nadaban los pitchers porque “les engarrotaba los músculos”; tampoco les perrmitían ejercicios con pesas por lo mismo, pero tenían que correr muchísimo, todo lo que pudieran…

Aquellos uniformes anchos los hacían lucir feos y más delgados, casi alfeñiques, de lo que eran.

Miñoso la sacaba en Cleveland a .350 por la raya de cal, pero el matancero no era jonronero, su mayor cantidad fueron 24 en una temporada; sin embargo, Peruchín metió una pila, 46 para ser exactos, en una campaña.

Ningún club era abrumado con casi la mitad en lista de enfermos al iniciar las hostilidades de cada año y hablo de hispanos: Aparicio, Vic Power, Taylor, Pedro Ramos, Rubén, Humberto Robinson, Chico Fernández… estaban en el lugar exacto “a la hora señalada”.

Cuando caían las imaginarias cortinas de ambas Ligas Mayores o de las clasificaciones Menores, los periódicos de los países de la región informaban: “se incorporó Miñoso al Marianao…”, al día siguiente de su llegada a La Habana a finales de Septiembre o a principios de Octubre. Todos los otros jugadores cubanos o de los países del área cumplían ese ritual.

En 1949-59 y 1954-55, las Mayores intentaron imponerle la prohibición a los bigleaguers nativos, la oposición de hombres preparados, de crerdibilidad, magnates ajenos al terreno de juego, impidió que progresara más allá de esos años; en Cuba, solo Camilo Pascual dejó de lanzar otra campaña por un bien documentado dolor en su brazo derecho.

A la Serie del Caribe asistía quien estuviera en el club ganador, o si lo “recogían” como refuerzo por sustitución de un lesionado o de un americano que no acompañara al equipo, el propio Miñoso estuvo solo dos veces, las que su team se impuso en la Liga Cubana: 1957 y 1958.

El evento, como hoy, terminaba “muy cerca de los entrenamientos” y nadie protestaba ni argumentaba contra la serie por tal razón.

Dos detalles diferentes entre una y otra etapa: no ganaban lo que ganan hoy, ni llegaban tantos a las Grandes Ligas, incluso a Triple A, no porque fueran inferiores; sino porque había menos clubes y porque el carácter competitivo y la exigencia administrativa y personal ajustada a la “cláusula de reserva” y al compromiso con el fanático, superaban con creces la mediocre actualidad.

Ah, que no se me olvide: ESTOS DE AHORA, LA MAYORÍA, NO TIENEN UN RIPIO DE VERGUENZA DEPORTIVA COMPARADOS CON AQUELLOS QUE, ENTRE LA PRENSA Y LOS ESTEROIDES, QUIEREN BAJARLOS DE UN PEDESTAL DEMASIADO ALTO COMO PARA PODER ALCANZARLOS.

La confabulación contra el evento regional, que se intentó desde su inicio, no pudo cumplir el objetivo del Beisbol Organizado durante el período 1949-1960, porque los hombres que dirigían las Ligas de cada país, los que dirigían la Confederación y la prensa misma, eran muy superiores a estos en presencia, personalidad y credibilidad, que no pueden hacer nada al efecto contra una pandilla cuyo objetivo es asolar el beisbol nuestro asfixiándolo, al prohibir que los jugadores nativos de alto rendimiento actúen para el público que los inspiró con el primer aplauso que escucharon, cuando ningún club del Norte los encumbraba ni les pagaba para que le dieran la espalda, como hijos mal agradecidos, a lo que es obligado ver como su “alma máter” deportivo.

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