LA MÚSICA ALIADA DEL IMPERIALISMO ¡FUERA LA CONGA DEL CERRO!

almendares conga y estandarte cerro

Por Andrés Pascual

La primera vez que se animó a un equipo de beisbol cubano con música fue en 1912 a los Anacoretas del Fe.

Aquel domingo por la tarde la alineación del club amarillo tuvo a Julián Castillo en 1era base, a Mike González en la 3era y a Luque en el short.

Entonces,  media hora antes de que el chief umpire diera la orden de playball, comenzaron los acordes inconfundibles de la Jardinera: “Del jardín cubano cortaremos flores…”. La gran conga de la comparsa heredada del barracón desde 1886, se situó en el espacio comprendido entre el home y el dugout de 3era.

La conga popular estuvo presente en el beisbol varios años antes de que se estatuyera la Liga Cubana moderna a finales del siglo XIX (1899), pero en la calle, como parte de la celebración por el triunfo.

La novedad en el torneo de 1912 fue que invadieran sus alegres sonidos de tambores y trompetas el terreno de juego, posible por la gestión de Abel Linares ante el Ejecutivo de la Liga y los dueños, como medida para alegrar las calurosas tardes del beisbol profesional cubano en el 1er Almendares Park de Carlos Tercero frente a la Quinta de los Molinos.

Las grandes comparsas habaneras eran representantes de los barrios de la capital, igual que las santiagueras y muy relacionadas con el panteón yoruba.

Durante todo el período 1912-1920, los clubes invitaban a los músicos congueros que acompañaban a sus comparsas en el carnaval, para que apoyaran a uno u otro equipo, de esa forma el San Francisco tuvo a los Componedores de Bateas del barrio Cayo Hueso, el Almendares consiguió que “sonaran” para el club los “Picadores del Alacrán”, mientras que “los Marqueses” de Atarés animaban la tribuna del Habana.

Durante 5 campañas de los 40’s, las relaciones de Arsenio Rodríguez con Ramón Bragaña llevaron más de una vez al estadio al conjunto inmortal para animar a los Alacranes y en una de esas tardes en la Tropical, compuso el son montuno Cangrejo, con incidencia en el beisbol cubano y mexicano y mención especial del Domador de Leones.

En la serie de 1920 entre los Gigantes y el Almendares, sin embargo, el equipo añil no pudo contar con su música, porque los americanos, “pacientes, ilustrados e intelectuales”, no se podían concentrar en el juego con la algarabía que nunca afectó al cubano, óigalo bien, AL CUBANO.

Durante los 50’s, el Cienfuegos contó con la conga matancera de Papá Boza, que también animó a los Cubans por intermedio de Roberto “Bobby” Maduro, dueño del club de Triple A que había sido propietario hasta 1955 de los Sureños.

Curioso, para los juegos en Minneapolis de la Pequeña Serie Mundial de 1959, la liga autorizó a los “cañeros” a que llevaran su grupo musical que, según Stew Thonley, ayudó a calentar el frío dugout de los Azucareros y contagió al equipo de la ciudad, que disfrutó como suya la música extraordinaria que fuera de un pueblo más extraordinario todavía, hoy desaparecido tanto el pueblo como aquella manifestación de sello cubano universal.

En el beisbol americano nunca 2 clubes de una liga, opositores en el terreno, jugaron en el mismo parque, ningún circuito lo ha permitido desde mediados del siglo antepasado.

Sin embargo, salvo durante períodos en que se jugó en terrenos fuera de la capital, porque otras ciudades de provincias tuvieron clubes y los asentaron en su región, después de 1940 el único estadio en que jugaban todos los equipos de la Liga Invernal fueron, primero la Tropical y, después, el Cerro.

Entonces desapareció la conga para un equipo y apareció la música de la liga, buena e igual para todos los clubes.

En el beisbol cubano siempre estuvo claro que la música no sonaba a libre albedrío sobre el dugout de este u otro club, incluidos los Cubans, sino en momentos en que el homeclub amenazaba, anotaba, iniciaba y consumaba un rally, o cuando el manager cambiaba un pitcher que había explotado por el apagafuegos, que antes lo era de verdad.

El beisbol americano no acepta este tipo de apoyo porque lo consideran una agresión al club visitador, que, según los “sabichosos”, se desconcentra, menos por la bulla que por la inconformidad de la alegría de la contraparte, que tiene a favor el cierre del noveno para dar un banderillazo y la estocada matadora.

Tampoco han tenido un negro como el cubano hasta 1960, de condiciones especiales ante estos congeladores sepias del beisbol americano, que ni bailan ni se divierten jugando pelota, cuya propensión a convertir en un acontecimiento de ribetes trágicos cualquier situación del juego se ha manifestado decenas de veces, además, el negro americano tuvo acceso al Beisbol Organizado casi ayer…

Ahora llegó otro bombazo desde Cuba, la tiranía decretó convertir los estadios de su caricatura de beisbol en parcelas cementerios, porque, con la justificación del americano, sus jugadores se desconcentran y divierten, algo inaceptable en la cartilla política de la fracasada e inioperante “batalla de ideas”.

Como condimento, molestan a los narradores, que están bien protegidos en cabinas.

Antes de 1955, los comentaristas cubanos de radio y televisión lo hacían desde las gradas, al borde del terreno y nunca hubo quejas, por lo que esa intervención es más que sospechosa en cuanto al objetivo real de la prohibición de la música. Incluso hasta el año pasado, durante 51 series castristas, nunca hubo protestas ¿Qué elemento nuevo prepara esa gente contra el beisbol?

estadio del cerro narracion y camaras TV

Esta ridiculez puede causar risa, de hecho es a lo único que han movido siempre equivocadamente las acciones vandálicas de estos irrepetibles asoladores de la nacionalidad, sin embargo, para el que esté allá y todavía le guste el ex pasatiempo nacional, debería coincidir, cualquier alternativa festinada, con el ceño fruncido, porque, a ciencia cierta ¿Qué buscan con esta nueva movida contra el juego?

Un tintorero oportunista tuvo alguna vez un espacio en el Cerro para apoyar solo a Industriales a base de gritos, no con música ¿Por qué?

Si la instalación era el home de otros equipos, lo lógico hubiera sido que Armandito le sirviera a los dos que jugaban en el mismo torneo, sin embargo, por simbolismos y significaciones anticubanas conocidas, el corrupto que viste de azul, “nío” de jugadores vendidos históricos por arreglos de juegos, de borrachos y delincuentes desde su aparición en la 2da Serie, siempre fue el elegido del grupo ladrón de la nacionalidad para identificar a la capital en el beisbol, a fin de cuentas, una población preparada para aplaudir a sus iguales moralmente en el terreno.

Un aparte para quien no lo recuerda o no lo sabe: la prepotencia, la imposición del sátrapa como dueño de todo en Cuba, que justifica la razón por la que nadie debe considerar cubano ni a ese beisbol ni a su equipo a eventos internacionales, en 1982, durante los Juegos Centroamericanos celebrados en La Habana, el Tintorero oportunista coincidió en la Ciudad Deportiva con el tirano, estaba “apoyando” al equipo del dictador contra Puerto Rico en baloncesto.

De alguna forma se acercó tanto al área donde estaba la bestia que lo mandó a buscar con un par de sicarios; después de cruzarse un par de palabras sin sentido, el tipejo le preguntó cómo hacía para estar a la hora del playball en el Cerro para animar a su equipo (el del tirano, que esa noche perdió con Panamá) y entonces el pícaro enseño sus uñas: “FÍGURESE COMANDANTE, YO VOY EN CUALQUIER COSA, A PIE SI ES PRECISO…” delante de las cámaras de televisión.

Por la noche, también delante de las cámaras de la TV, Castro mandó a buscar al tintorero-apoyador y le extendió un papel en el que escribió: “entréguenle un polaquito, el importe va a mi cuenta…”

Por simpatía espontánea de corta duración, el tipo logró sacarle lo que no podía Casanova dando palos ni Alemán sacando outs: UN AUTO, por eso ningún pelotero de aquellos es digno ni de la menor reverencia, porque ese tipo de acciones recurrentes, era suficiente justificación para que no hubiera quedado sin asilarse un solo pelotero de los que integraban el equipo con el traje que ha mancillado, hasta hoy, el nombre venerable que tiene bordado en el pecho.

Ningún jugador ni árbitro ni público tenía acceso a un automóvil y menos como regalo absoluto, sin necesidad de pagarlo.

Todavía hay quienes tienen la cara de decir que “apoyan el equipo de ese desprestigio nacional porque representa a mi país”.

Tal vez tengan razón, ese país no es Cuba ni esa gente es cubana, yo no sé de dónde serán, ahora, lo que sé desde hace rato, es que “nunca de donde de son los cantantes…”

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