¿Qué detuvo a Gilberto Dihigo hoy en el programa de María Laria?

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Por Andrés Pascual

Yo no he escuchado 35 minutos de uno de los más decadentes y agresivos programas contra la inteligencia que tiene Miami: el show de María Laria.

Por supuesto, como que este malicioso espacio pertenece a la batería anti-exilio, pues su objetivo es dar una imagen de neutralidad que trasviste posiciones inconfundiblemente pro-castristas, alimentando la confusión con cada palabra que dicen sus invitados, por lo general, divididos en “buenos y malos” de acuerdo a posiciones convenientes al mensaje ideológico que trata de imponer “pacíficamente” la emisora.

Estaba preso durante la década de los 80’s cuando tuve la oportunidad de leer un periódico Trabajadores que, para asombro de quienes disfrutábamos del beisbol, ese día apareció una pequeña biografía de un ex jugador profesional cuyo nombre no recuerdo ahora, durante algún tiempo apareció la síntesis biográfica de otros peloteros cuyos nombres estaba prohibido en Cuba hasta mencionarlos.

Todos habían fallecido en la Isla, en México o en otro país ajeno a Estados Unidos, lo que significaba que, “quienes se habían ido al Norte”, debían continuar en el más absoluto ostracismo político.

Pero algo fue algo y relacionar al fanático engañado con los Marquetti o los Medina como primeros y únicos estrellas genuinas del beisbol cubano con las únicas y trascendentales leyendas cubanas del juego, a mi juicio, fue un logro que le debe haber costado horas, tal vez días de discusiones con el G-2 editorial a su autor: GILBERTO DIHIGO (en la foto durante el homenaje al fallecido periodista Angel Torres, situado décimo de izquierda a derecha, justo detrás, entre el narrador Amaury Pi y yo, ambos con camisa).

Este cronista es hijo del Inmortal y a Don Martín, después que lo utilizaron relativamente contra el beisbol profesional, lo abandonaron como a cualquier mortal anticastrista, de tal forma absoluta, que nadie sabía si el “increíble” estaba vivo o muerto, lo que produjo un rumor infundado que alcanzó a Estados Unidos, consistente en que el ex jugador había fallecido, aunque se encontraba muy delicado (murió dos años después, en 1971), fue a finales de 1968 y la tiranía, para mal de su tratamiento al glorioso compatriota, logró que medio mundo difundiera la noticia con muchísimas estrellas de su época, como Campanella, tejiendo las más extraordinarias historias de un hombre que no hizo su leyenda en las Grandes Ligas, pero que debe de haber sido tan bueno que, pese al color de su piel y a su procedencia afro-hispana, pertenece a Cooperstown desde 1976.

Inmediatamente, a todos los cronistas de la época, encabezados por los esbirros Eddy Martin y Elio Menéndez, se les ordenó poner en marcha una especie de semana “pro Martín Dihigo” y todos tuvieron que escribir, un día y otro durante siete, sobre el que consideran muchas autoridades del sector el más grande jugador de habla hispana que no actuó en el Beisbol Organizado en todos los tiempos.

Pero hoy Gilberto asistió al programa de María Laria, lo llevaron para que comentara sobre la próxima visita de Industriales, aunque abordó otros temas.

¿Cómo calificar la posición del periodista ante el asunto? Sin escalas numéricas, decepcionante, porque “no llegó a la raíz de lo que conoce bien”, incluso no dijo que Germán Mesa es un chivato vulgar, que fue testigo de la Seguridad del Estado en el juicio contra el Duque del que, por decir algo suave, “tiene baja su autoestima”, una vez que ha aceptado jugar contra los que nunca lo defendieron, quienes, además, viajarán con su Torquemada.

Ahora, lo que me interesa es ¿Por qué Gilberto no completó la posición debida contra un club abominable, que deberían desaparecer su nombre de cualquier libro de records del beisbol nacional por ser un charco de mierda, con el historial de arreglos de juegos más grande en los anales del pasatiempo, un cubil lleno de agentes encubiertos o de chivatos del G-2 desde que jugó en la segunda Serie Nacional?

Conozco a Gilberto Dihigo, sé de su caballerosidad, de su decencia, de su trato elegante sin ofensas personales, por lo que tengo una idea de su extraña posición en el programa de marras: Dihigo pertenece al staff de Radio y TV Martí, donde muchos no son castro-comunistas, sino todo lo contrario, como Cary Roque, pero la mayoría sí, por lo que, quien vaya a una emisora al servicio de la tiranía como América Tevé y cuyo contrato laboral sea con la USIA, tiene que adoptar la posición de Gilberto para proteger “el curralo”, o hacerse el HARAKIRI, una vez que perdió el programa en la estación de Roberto Marrero, a quien ya crucificamos sin juicio, por lo que se le notó indeciso (una panelista lo conminó a “seguir”), porque sabía que sus palabras no iban a ser recibidas de la forma como se supuso que deberían.

Cualquier figura pública que acepte “enriquecer” a esa emisora debe tener cuidado porque, de una forma u otra, se las van a arreglar para que el invitado quede mal, que sería lo mismo que decir “echárselo a las fieras”, lo que, en el caso que traté, es muy lamentable: Gilberto, al aceptar esta clase de “invitaciones”, da la impresión de que quiere suicidarse, en el mejor sentido del término.

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