LA PELOTA BANANERA: LORIA CONTRA PASQUEL 70 AÑOS DESPUÉS

rigley habla con sus coaches en 1962

Por Andrés Pascual

Jeffrey Loria es un “metiche”, palabra que usan los mexicanos para calificar a quien mete el hocico en todo.

Durante la llamada “era Pasquel”, que fue ni más ni menos que una soberana estupidez de quienes creyeron febrilmente que podían competir con el Beisbol Organizado, Jorge, uno de los hermanos, “ídolos del beisbol mexicano” por la “molestia” que le crearon a los magnates de las Grandes Ligas con el “robo” de jugadores de los circuitos mayores hacia la Mexicana, (muy pocos de clase interesante como para llorarlos), también era el propietario del Águilas de Veracruz, cátcher y manager de vez en cuando de los Verdes.

Pasquel se comportaba como un “emperador” y como tal se desempeñó al frente de la Liga, a tal extremo estúpido, que expulsó al umpire cubano Amado Maestri de funciones por una decisión en contra de su equipo. Aunque, y es antológico, el ex receptor del Cubaneleco lo botó del terreno apelando a la jerarquía de los “hombres de peto, escafandra y escobilla” (como nombraba Eladio Secades a los árbitros) sobre el terreno de juego.

Pero Pasquel era un imprudente y un abusador con sus managers, que debían hacer lo que al tipo le diera la gana, fuera o no correcta la jugada que le  imponía al director. Lo ensayó con Dihigo y tuvo problemas, porque al Inmortal no le gustaba que le pusieran zancadillas en su trabajo, aunque le costó el puesto.

A principios de los 60’s, por 6 temporadas consecutivas perdiendo 90 o más juegos, Phil Wrigley (en la foto habla con sus coaches en 1961), heredero de la fortuna del chiclet y de los Cubs de Chicago, inventó “el Colegio de Coaches”, porque, según él, la posición de director es de “trabajo” y para eso estaban los asistentes.

Entonces, desde 1961-1965, todos los coaches de la novena pasaron etapas alternativas como managers sin recibir el nombre, con la excepción de Buck O’Neil, que no probó fortuna, tal vez porque era negro o porque no le tenía confianza como estratega.

En ocasiones, el propio dueño se hacía cargo de la dirección y en otras dirigía por detrás el movimiento del pitcheo, como sucedió durante el medio año que estuvo al timón Lou Boudreau.

Dicen que otros magnates han invadido el terreno de la dirección demostrando un alto sentido egocéntrico de la irresponsabilidad, sin embargo, dudo que hayan sonado como estos, aunque, Pasquel, fuera del marco de las Mayores.

Por estos días se apareció Loria, tristemente célebre propietario de los Marlins de Miami, con una bufonada de poder. Según fuentes acreditadas, impuso el turno de apertura de dos pitchers en un doble juego, irritando a los peloteros y acomplejando al director.

Después de auto-devaluarse como propietario de un club de Liga Grande, de desbaratarlo sin contemplaciones en función de recuperar el dinero que debe haberle llegado al alma desembolsarlo cuando compró a los jugadores que “negoció” en poco tiempo, se aparece con esta nueva faceta, que le iguala en condición de payaso a Pasquel, a Wrigley y quizás a otros en la historia del pasatiempo.

Los problemas del club miamense han sido creados por la gerencia, incluso la baja producción de jugadores, como Stanton, son producto de la frustración de saberse el hazmerreír de todo el beisbol, dentro y fuera del país.

Si Loria sigue ahí, aparentando que le duele la pésima actuación de un club que es de su entera irresponsabilidad, se verán otras cosas más ridículas y peligrosas que ordenar la estrategia de trabajo de un pitcher, si no al tiempo.

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