EL COLAPSO MORAL Y EL CLUB AL GARETE

Toronto Blue Jays v Miami Marlins

Por Andrés Pascual

Antes de entrar en sazón, si algo debe ser preocupante para todo el mundo este año es la cantidad de jugadores lesionados. Aunque la situación es rutinaria de los tiempos modernos, “tan calificados dicen”, el problema se ha convertido en pandemia, da lo mismo pitchers que jugadores de posición y no hay respuestas ni comentarios de super-sabios de oficinas editoriales o de aburridos coaches de terreno que enseñan poco y resuelven nada.

Resulta que una característica que exponen para justificar los palos que le dan a un lanzador, o los que se ven venir, es la pérdida de la velocidad, lo he leído muchas veces: hace pocos días, el perjudicado con la propaganda fue el mismísimo Justin Verlander.

Cuando un cronista no tiene nada interesante que decir se convierte en un arma mortal contra la inteligencia: durante su carrera y antes de que pierda la forma por edad o por lesiones, hay períodos en la actuación de los serpentineros en los que puede caer el cuenta-millas hasta 5 en la recta, incluso puede perder durante un tiempo la curva, el slider, el sinker… Eso, señores, es pelota vieja, nada nuevo más allá de cumplir con la hoja de ruta diaria.

Otro detallito que están tratando de modificar o adaptar a la mala perspectiva que tuvieron en su momento sobre un pitcher joven: algunos cronistas están sugiriendo que Matt Harvey, de los Mets, pudiera ser mejor que Strasburg.

El año pasado el neoyorquino pochó a 70 en 50 innings con 3-5 y está repitiendo la actuación, diría que con más dominio, porque tiene 4-0 y 0.93 clp.

Strasburg está en una mala racha de equipo (aunque ni Sandy ni Robin Roberts ni Carlton ni Spahn ni Gibson ni Madduxx ni… las tenían), además de que fue intervenido quirúrgicamente.

Lo mismo para un pitcher que para otro, ambos tienen en su camino dos posibilidades: la decepción absoluta o el triunfo apoteósico, los cronistas que redactan tan exageradamente sobre reclutas que todavía no se les puede colgar la etiqueta de estrellas, deberían repasar los manuales de la prensa antigua y hacer una parada en el viejo fundamento como trataban el asunto: “ANTE JUGADORES JÓVENES SE IMPONE EL CUIDADO EN EL ELOGIO, PORQUE, EN CUESTIÓN DE DÍAS, LO MISMO FRUSTRAN QUE GRATIFICAN”

José Fernández, el cubanito de los Marlins que ha causado sensación este año por sus condiciones (nada más que eso hasta hoy, no exagerar), ha recibido unos cuantos palos con lanzamientos malos para dominar en sus dos últimas apariciones.

Sin que se pueda hablar de que decepcione, el muchacho recibió el verdadero bautismo de fuego con algunas carreras del tipo que preocupan y distraen a los pitchers noveles cuando solo leen o escuchan halagos hipócritas y guataquería de ocasión.

Es necesario que se baje el nivel de confrontación con la realidad y hacerle saber que solo es un diamante en bruto y que nadie está autorizado a verlo como “al posible mejor pitcher cubano de todos los tiempos”, porque sacó un par de outs, ponchó a unos cuantos y resplandeció dos días. El halago, señores, por situaciones especiales para casos como este, tiene que ser “extremadamente cuidadoso”.

Otro que se consume en el mal juego de la novena es Stanton (en la foto), aunque, al modo mío de verlo, posiblemente no termine el calendario en uniforme marlín.

El prometedor slugger no puede arrancar, porque no tiene protección ni el club hace el juego a que está obligado por muy pobre de bateo.

Observando a los Marlins, la única pregunta que me permito es ¿Para qué está el suelo de ese infield? Los equipos que no batean por el aire con fuerza y consistencia están obligados a tocar la bola, a correr todo el tiempo a ver qué sucede.

Sin buenos bateadores derechos, una vez que Stanton está en absoluta recesión, sin que los zurdos contribuyan decentemente a más que ser puestos outs, el futuro de los Marlins no se divisa ni como una carrera para evadir el último en el Este, sino ¿Con cuántos juegos más implantarán el nuevo récord de Grandes Ligas de perdidos?.

Como colateral preocupante, la frustración de dos jóvenes valiosos como Fernández y Stanton sería una catástrofe para el beisbol de hoy. Mejor que los vendan o cambien, por el bien de ellos sobre todo.

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