RECONSTRUYENDO NO, REARMANDO…

Por Andrés Pascual

Imagínese en medio de una guerra, como Chávez en Venezuela o los Castro en Cuba y que todo ese armamento que adquirieron, algunos con problemas que le escondieron bien sus traficantes, comience a ser vendido o cambiado por otro que, todavía, no ha sido probado ni en el “primer tiro”.

Lo peor sería la respuesta de “estamos rearmándonos, no reconstruyéndonos…” para justificar el desmadre.

No es un desmantelamiento al uso, forma tradicional, porque, comenzando la temporada no se pueden pedir limosnas, sino la ratificación de lo que significa el club  Marlins para Loria: billetes, muchos… ¿Ahorrando?

Como que ya tienen el estadio, se pueden permitir eso y cosas peores que, posiblemente, estén caminando. Sin miedo ante una baja sensible de asistencia que hubiera afectado la forma como engañaron a medio mundo para conseguir gratis el parque, cualquier fulastrería va.

Necesitaban un slugger zurdo, pero le cayeron detrás a Al Pujol para impresionar al público con “¡Mira hasta dónde queremos llegar!”, mi nieto de 5 años sabía que todo era una forma de publicitar sus “intenciones”, que el dinero que buscaba el artillero con el contrato a largo plazo “no iba con ellos”, pero, como parte de la cortesía hipócrita de la Grandes Ligas para casos como este, lo invitaron a comer arroz con frijoles negros y el inicialista, advertido de la buena cocina típica caribeña de Miami, aceptó la invitación, dio las gracias y… se fue a California.

¿Por qué no se hicieron esfuerzos iguales con Fielder? Porque no es hispano y el gancho capaz de cazar a cuanto bobo se pusiera al alcance tenía que ser con “uno de los nuestros”, siempre que no fuera cubano, política religiosamente respetada, tal vez la única, dentro de ese bochorno moral y material del deporte profesional americano que es la Organización Marlins de Miami.

Resulta que están rearmándose, no reconstruyéndose, porque esta última palabra suena feo y la primera da impresiones diferentes “a gusto del consumidor”. Por lo que sugirió el dueño, el puesto del manager Guillén no está en juego, es decir, al revés de los 10 millones de la dictadura cubana en 1970, este sí va, o sea, se queda.

Rara la guerra para la que “rearman” a este club, que solo tiene una salida decorosa y efectiva: o se lo quitan y lo subastan (imposible) o lo vende el fullero (tan imposible por la fuente de ganancias que es) para seguirle apostando a la esperanza, acaso único arma posible del fanático que ya se cansó o, por lo menos, eso aparenta.

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