RÉCORDES MUY DIFÍCILES DE IGUALAR

Por Andrés Pascual

Este año y yo diría que el pasado también, el pitcheo regresó al nivel de importancia que nunca debió perder.

El abandono a propósito de la vigilancia que debe existir en el Beisbol Organizado, produjo las famosas y fraudulentas carreras por el liderazgo de los jonrones, incluso la imposición de 73 por Bonds y, tres años antes, 70 por McGwire, marcas que son más infames mientras más pasan los años. Sin embargo, nadie se aproximó peligrosamente ni a los .400 de promedio ni a los 56 juegos bateando de hit consecutivamente de Dimaggio.

Hoy no se debe soñar con 70 jonrones, porque, al pender sobre la cabeza de todo el mundo el “test sorpresivo”, el bateador como que pierde “el toque mágico” y el pitcher “se empina en el balk”.

Si los mandamases del juego mantienen interés sobre la prohibición de las sustancias químicas, si no vuelven a mirar a otro lado para que reinicie la espiral descontrolada, incluso si no acuerdan algún día legalizar el uso, pues algunos récordes de Grandes Ligas, tanto en el pitcheo como en el bateo, pudieran ni igualarse nunca.

Pero no es solo el uso y el abuso de drogas que mejoren el rendimiento lo que se erige en una seria oposición a la facturación de nuevas marcas históricas para todo el beisbol, por ejemplo, en el pitcheo, los 363 juegos ganados de Spahn son tan inalcanzables hoy como los 511 de Cy Young a través del tiempo, producto del uso indiscriminado del relevista, posiblemente improductivo en un 60 % de los casos, a la manera como los emplean en esta era, pasando de “apagafuegos circunstancial” a “enciéndelos rutinario”, o casi.

Los más de 5,000 ponches de Nolan Ryan y sus 7 no hits no runs son tema de un capítulo de Mitos y Leyendas especial, como aquel en que se cuenta de Rip Van Winkle.

Para los pitchers de la era del relevista ineficiente y a la cañona, no hay récord más distante que el de juegos completos, lo mismo de todos los tiempos que la marca para un año y no hablo de la barbaridad de  749 de Cy Young, incluso ni de los 386 de Tommy Bond, que ocupa el 20 en la lista; sino de los 75 para una temporada de Will White en 1879, por cierto, este pitcher ocupa el puesto 22 con 64 en 1883. Por lo general, estas son marcas que les corresponden a hombres del siglo XIX y de inicios del XX, todos de la etapa conocida como “era de la bola muerta”.

Si analiza que el mejor en juegos completos de los activos es Roy Halladay, con 66 en 15 campañas, podrá deducir que nadie debe ni soñar con los guarismos impuestos hace más de 80 años algunos.

Batear .400 es difícil para el artillero de hoy por muchas cosas, una de ellas, según los entendidos, no se deben consumir más de 490 veces al bate, pero esto pudiera suceder un día, lo más difícil sería repetirlo una o dos veces.

Batear de hit en 56 juegos consecutivos lleva el mismo tiempo (1941) en cartelera que el .406 de Ted Williams y unos cinco años más que un teatro de Georgia exhibiendo, diariamente, “Lo que el viento se llevó”.

El récord de hits de George Sisler cayó destrozado por el nipón Ichiro, con la ayudita desde 1961 de 8 juegos más. Un día quizás igualen el de impulsadas de Hack Wilson de 191, el de dobles, incluso el de triples de más de 30.

Cuando Roger Maris igualó y superó a Ruth con 60 y 61 jonrones, le pusieron un asterisco, sin embargo, ese año Sandy Koufax superó a Mathewson en ponches para la Liga Nacional y no le colocaron el signo acusador, ambos fueron ayudados para romper las viejas marcas por 8 juegos más en el calendario.

Hay un récord del que nadie habla que, como todos los impuestos en el período 1998-2004, fue ayudado también por los 8 juegos de más y, de forma grosera y capital, por el uso de sustancias de crecimiento: las tres campañas con más de 60 jonrones de Sammy Sosa, si la vigilancia, el buen juicio y la decencia continúan definiendo la frontera entre lo permisible y la delincuencia a favor de la honestidad, pudiera considerarse en el rango de tan difícil de igualar como los 5,000 ponches de Ryan.

Eso, a mi modo de ver el asunto, fue una monstruosidad, imposible de lograr sin la ayuda ajena a la naturaleza humana, sin embargo, porque no han sido eliminados de los libros los récordes de los delincuentes, está ahí como uno de esos retos que ni se sugieren, porque, cuando el pitcher recupera el comando del juego, ordinariamente, no se puede batear.

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