EL PREÁMBULO AL JUEGO DE ESTRELLAS ¿INSUFICIENTE?

Por Andrés Pascual

La única actividad de habilidades (si cabe esta definición), presente en el espectáculo previo al clásico de media temporada, es la llamada competencia de jonrones o Home Run Derby, con lo que imponen el sistema de juego a base de poder y presentan un cada vez más alejado concepto de lo que debe ser el beisbol con total y absoluta ausencia de la representación de la estrategia en el terreno de juego.

Si los intereses son presentar la fuerza, el poder como única alternativa, entonces deberían traer a los pitchers que tiran duro y ponerlos a competir entre ellos con 3 lanzamientos, a ver cuál hace un disparo más rápido, digo yo…

Desde 1959, cuando Mark Scott lo hizo un patrón televisivo promocional, el Home Run Derby es la competencia más estrambótica jamás vista: a un hombre que se para ahí le pitchean a medio brazo a ver cuántas bolas se van de zona buena, en nada participa el concepto “run” o carrera, por lo que, lo primero que debieron hacer, fue buscar un nombre adecuado, porque cinco pelotas que se van en un juego representan cinco anotaciones y esas cinco de la competencia no tienen nada que ver con eso ni aunque, como hacen, lo disfracen.

Antes asistían al Derby los mejores jonroneros del beisbol, que se eliminaban uno contra otro hasta llegar a dos que decidían, en realidad casi nunca es el de más poder el que se impone, sino el que mejor le dio a algunas pelotas que se fueron; ese evento lo han ganado pocas veces los que más lejos ponen la bola a lo largo de una campaña; por ejemplo, el año en que lo presentó Scott, compitió Hank Aaron, que no era un slugger de fuerza descomunal como Mickey Mantle, Killebrew, Willie Mays o Colavito, por nombrar a otros cuatro que participaron.

Durante los últimos años, el Home Run Derby ha perdido tanto interés entre los jugadores de poder genuino y consistente, que se ha visto participar a algunos que en 1958, 59… hubieran sido considerados “hitters” sin que se pusiera bravo nadie, por lo que no hubieran estado en la competencia.

¿Por qué tanto al Derby como al propio juego lo evitan como a un enfermo de peste bubónica algunos jugadores de renombre? Por dos razones: ganan mucho los estrellas reconocidos o están en la rutinaria lista de enfermos, operados, próximos a operar o en recuperación, a veces han dicho que “van a descansar” y nadie los obliga a cumplir el compromiso con “el respetable”.

Entonces este evento va quedando como interesante, como carta de presentación y para su disfrute, prácticamente, del recluta que persigue, a como dé lugar, que su nombre aparezca en titulares el día siguiente, mimado durante poco tiempo por el fanático que le agradecerá su contribución al triunfo de su liga si hizo algo notable.

El Home Run Derby debería ser una competencia de una sola vuelta, todos contra todos, entre los hombres que ocuparon los primeros cinco puestos en cuadrangulares por cada liga el año anterior y los tres primeros del año en curso, un retirado por cualquier circunstancia o un lesionado debería ser reemplazado y 8 por cada escuadra es un número bonito, práctico y necesario para que no dure un día el encuentro personal. A fin de cuentas, este año, (no es la primera vez) un manager retirado volverá a dirigir a uno de los dos circuitos en el juego y no aparece el arreglo a tamaña barbaridad.

A mi modo de ver (lo hacen en algunos países del Caribe,  Cuba entre ellos), la presentación de la velocidad en la vuelta al cuadro y en una carrerita de 50 metros pudieran nivelar objetivamente el sentido del juego, que debe estar presente además del poder al bate.

Otro plato muy interesante, el tiro a un barril o a una circunferencia, desde el home a segunda base, por los catchers de mejor brazo de ambos circuitos y un buen tiro desde el center por los 5 mejores y más fuertes disparos de outfielders de cada liga.

Lo de las lesiones no debe ser objetado, a fin de cuentas, a diario se ve a un pelotero que sale trotando hacia primera en terrenos que son platos y, sin que encuentre ningún promontorio en el trayecto, llega a la inicial con un “músculo engarrotado o con un tirón”.

Estas competencias del día anterior al Juego de Estrellas durarían lo mismo en total que por “llevarse la cerca” como se presenta hoy, pero sería mucho más interesante la propuesta por lo variado, que la monótona cantaleta anual, a la que asisten varios jugadores que no son reales sluggers, en una época en la que el récord es de 73 batazos de vuelta completa y el sub 70.

Pie de grabado: Snider, Mays y Musial sluggers del “buen tiempo ido”

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