CON UN POCO DE VALOR Y DE DECENCIA RESOLVÍAN

Por Andrés Pascual

El nivel de juego en las Grandes Liga ha bajado en un 25 % con respecto a períodos anteriores producto de las expansiones, solo conocer que hay 150 lanzadores más es una barbaridad y un desencanto.

Eliminaron las clasificaciones B, C y D y el argumento justificativo es que del colegio salen con la misma preparación que cuando la mayoría tenía que transitar por los sacrificados e incómodos niveles de las categorías que desaparecieron. También se dice que el cierre de ligas tuvo como objetivo emplear ese dinero en las superiores y vivas aún, amén de los contratos y bonos monstruosos del tiempo actual.

El caso es que el fanático está viendo un pelotero en Grandes Ligas que ni idea tiene de las interioridades del juego por la poca experiencia con que llega a las Mayores y, sobre todo, por ninguna del juego profesional necesario, por lo que puede decirse que no sabe jugar pelota, pero, en esas condiciones,  debuta al bate en Yanqui Estadio por ESPN, o lanzando…

Cuando, como ahora, se apura a los jóvenes a sabiendas de que este es el deporte en el que más tiempo necesita un atleta para adaptarse y cuajar, no solo rebajan el nivel en las Mayores, sino que lesionan seriamente el de clase A, AA o AAA, porque ¿Qué clase de pelota se estará jugando ahí, si las Grandes Ligas están así?

Hasta 1961 era una hazaña jugar en las Menores. Aunque el tipo solo hubiera calentado el banco en clase A, era un fenómeno digno de verse, por lo menos así era en Cuba; un Triple A era algo de otro mundo, un big-leaguer era Dios vestido de pelotero.

Sí, estos de hoy son muy jóvenes,  son muy grandes, tiran duro, algunos corren bastante sobre terrenos diseñados para volar, pero no saben tocar la bola, tienen mucho poder con pelotas supervivas y estadios con las cercas más cerca y contra lanzadores que no tienen ni el control ni la inteligencia obligatorias para estar en Grandes Ligas y, radicalmente, carecen del cacumen, de la picardía y de la responsabilidad ante la faena.

Los que dirigen el juego, con esteroides o no, quieren supermanes con caras de estrellas del celuloide, por eso permiten las pesas como parte del training, por eso y otros detalles es una falta de respeto a la inteligencia informar la cantidad de lesionados desde el primer día del entrenamiento, cuando se sabe que, antes, a un pitcher le prohibían hasta nadar para que no se le engarrotaran los músculos y les pagaban sumas ridículas por lo que hubiera hecho el año anterior, no montañas de dinero por 2, 3, 5, 10 campañas por lo que creen que harán.

Entre la expansión, los contratos multianuales y la sobreprotección que ofrecen la agencia libre y el sindicato liquidaron al llamado “mejor beisbol del mundo”, todo resumido en dinero, mucho dinero,  sin dudas que más de la cuenta.

A finales de los 40s, cuando se produjo la división de la pelota profesional de invierno en Cuba por las sanciones que le impuso el Beisbol Organizado a los “renegados” o jugadores que aceptaron irse a la Mexicana en el período dorado de los Pasquel, fue contratado para dirigir en el campeonato paralelo que se organizó el ex pitcher de los Yanquis y miembro de Cooperstown, Vernon “Lefty” Gómez, según contaba Yiyo Jiménez en una entrevista que le hizo para Información, el americano, luego de ver a Moín García y a otro pitcher nativo calentar el brazo, le dijo al legendario cronista que “aquí no hay que traer pitchers de ningún lado, sobran los buenos…”

Ramón “Moín” García jugó amateur con el Teléfonos, además de en la Liga Cubana, en otros países del área como Dominicana o Venezuela, en los que se desempeñó como una estrella de la serpentina.

Como varios cubanos de la época, tuvo su oportunidad con el Washington en 1948, tres años después de concluida la 2da Guerra Mundial, es decir, no como suplente de “los que iban al servicio militar”, situación que le dio cabida hasta a los cargabates en los rosters.

La actuación del ex telefónico no solo puede catalogarse como mala, sino como desastrosa: 0-0 en 3.2 entradas de 4 juegos, 11 hits, 7 carreras todas limpias, 4 bases por bolas, un golpeado y 2 ponches con un porcentaje de 17.48, el lanzador tenía 24 años durante esa campaña.

El recientemente fallecido receptor-inicialista cubano Andrés Fleitas (en la foto junto a su hermano Angel con Chatanooga), alabado por muchos, no jugó en Grandes Ligas, ni el Chino Hidalgo ni Mario Fajo ni Leandro Pazos ni Virgilio Arteaga ni Natilla Jiménez… Limonar apenas calentó el banco en el Washington, como Luis Suárez o como Mosquito Ordeñana, pero Asdrúbal Baro no pudo alcanzar la categoría mayor ni Leroux ni Luis Zayas ni Vicente López ni Musulungo Gutiérrez… de Isidoro León no debe decirse que estuvo allí ni de Choly Naranjo ni de Enrique Izquierdo…

De Reynaldo Ordóñez, con 3 Guantes de Oro, se decía que bateaba muy poco, aunque era regular de los Mets de Nueva York, sin embargo, visite los números de Ossie Alvarez, de José Arcia o de Jackie Hernández para que “se chupe los dedos”.

Los lanzadores que llegaron después de Arocha y este mismo, no solo han estado más tiempo en Grandes Ligas que muchos de los del período grande del beisbol cubano, sino que sus guarismos son mejores que los de la mayoría, con la excepción, extraña por cierto, de Yuniestki Maya.

Roberto Ortiz fue amateur con el Hershey, integró el equipo cubano a los Juegos Centroamericanos de 1938 junto a Agapito Mayor, otro pitcher criollo que tampoco ascendió a las Mayores.

Como Agapito, Ortiz es una leyenda cubana del profesionalismo con el Almendares y en México, sobre todo, donde está en el Salón de la Fama. Pudiera ser considerado, junto a Willy Miranda, como “los jugadores más populares de todos los tiempos en Cuba”.

Sin embargo, revise los números de la carrera del Gigante del Central Senado en las Grandes Ligas: en 6 campañas, 213 juegos y 659 veces al bate, anotó 67, impulsó a 78, conectó 168 hits, 18 de ellos dobles, 10 triples y 10 jonrones, robó 4 veces y lo atraparon 3, se ponchó en 95 oportunidades y le dieron 43 bases por bolas, el promedio de alguien al que se le consideró un bateador superior no pudo ser más anémico con .253. Durante su primer entrenamiento como pitcher con los Senadores, Ortiz sufrió un bolazo en la cabeza que le produjo fractura en el parietal izquierdo y esto vale la pena decirlo.

Los promedios en Grandes Ligas de Lorencito Fernández, de Juan Delís, de Rafael Noble, de Valdivieso (así como lo escribí), dan risa.

Hay algo notable a favor de Cuba, todos esos jugadores y los otros, en abrumadora mayoría, eran mejores que los de todos los países de Hispanoamérica juntos, que no podían colocar ni a dos a la vez en Grandes Ligas y los nombres que salvaron sus honrillas fueron Melo Almada, Jesse Flores, Hirán Bithorn, Rodríguez Olmo, Patón Carrasquel y dos o tres más, incluso durante los 50s y los 60s, los cubanos dominaron no solo a las Grandes Ligas, sino los campeonatos invernales de esas nacione y, más notable aún, jamás ningún hispano logró ser manager o coach en ningún tipo de pelota en Cuba, mientras los cubanos sobresalían y, muchas veces, fueron mayoría dirigiendo en esos campeonatos, coincidiendo hasta dos en Series del Caribe y tres en torneos de países, incluso en la Mexicana. Tanta historia hicieron, que algunos están en más de un Salón de la Fama en la región y eso dice algo ¿No?

A la tiranía le importa un pepino la debacle del beisbol nacional, a fin de cuentas, la provocaron durante más de 40 años, pero al fanático sí, entonces algunos periodistas de Cuba, que no tienen chispa para entender que Castro no quiere más pelota y por eso han colocado al juego donde está, se les consume el cerebro (el poco que tienen) proponiendo, criticando hasta donde pueden por el lado equivocado en los dos o tres libelos que circulan racionadamente allá.

Hasta el esbirro Taladrid, de la Mesa Redonda, ha funcionado como técnico proponiendo soluciones, menos profesionalizar el beisbol.

Como que no pueden reactivar la historia que el público no conoce ni debe conocer (ni Taladrid ni el hijo de Castro, Zar de la pelota allá, tampoco), historia perdida incluso para todos los plumíferos del feudo castro-comunista; por la fidelidad impuesta a aquellas frases que presagiaron el presente, “el triunfo de la pelota libre sobre la pelota esclava” y “tenemos el mejor beisbol del mundo”, dichas en 1962 y repetidas miles de veces después con la demoledora (de verdad), del propio Castro en el Aeropuerto de Rancho Boyeros al recibir a “su equipo” después de ganar pírricamente la Serie Mundial de 1969 “tenemos que hacer una revolución en el beisbol”, pues no pueden ni darse un poco de aliento con lo que conté antes y con lo que voy a decir, por derrotas continuadas, una de ellas, contra Holanda.

Si esa gente no estuviera interesada en la destrucción absoluta de la pelota destaparían el pasado y hablarían de lo mal que le fue a aquellos jugadores que, durante los 40s ó los 50s, por ejemplo, fracasaron ruidosamente, incluso ni jugaron en Grandes Ligas muchos con etiquetas de leyendas, pero ni para pasarle la mano al público arriesgan lo que imponen a través de la censura y la mentira.

Por ejemplo, pudieran decir que la pelota castrista es superior a la de antes, porque a nadie de Latinoamérica le dan lo que a los peloteros que mandan encubiertos hacia acá como agentes libres de primer año, a través de contratos multianuales; también que a jugadores pasados de edad los han hecho millonarios sin haber jugado pelota dura nunca, como a Contreras y al Duque, o que Alexeiv Ramírez y Yoenis Céspedes salieron de Cuba directo a las Mayores sin escala en ningún lado, con lo que tendrían de sobra para contentar al público castrista de allá y de aquí que no tiene consuelo. Si miran a México y comentan sobre lo que hacen Cañizares y Abreu…

Claro, tal vez no podrían ser capaces de explicar por qué, a pesar de rendir en Grandes Ligas, ni Céspedes ni Viciedo ni Ramírez… igualan ni a los peloteros de segunda de otros países y no hablo de Miguel Cabrera ni de Pujol ni de Alex Rodríguez, sino de jugadores en el nivel de  Merkis.

Tampoco podrían explicar la razón por la que sus campeonatos son mucho más débiles que los de la Confederación.

Ni por qué ningún manager o coach de ellos tiene argumentos para poder hacer ese trabajo en cualquier país del área con el éxito de Regino, Dihigo,  Castaño, Cheo Ramos, Patato, Prestón, Virgilio Arteaga… porque la Mexicana hizo un experimento y el tipo tuvo que irse por la cocina y a 100 kms por hora.

Yo sí tengo una respuesta: la pelota cubana, que es la de peor clase del área, todavía tiene algunos jugadores atractivos sin llegar a ser ni Dihigo ni Oliva ni Camilo Pascual, pero la decadencia de las Grandes Ligas es tal que se han permitido llegar sin escala previa y seguir “como Pedro por su casa”.

Lo otro para lo que no tienen valor ni arriesgan con tal de no afectarse su posición comunista, es para decir que, en un % no determinado, la desaparición del beisbol profesional cubano también ha afectado la clase general del Beisbol Organizado. Le guste o no al que lea esto que dije…

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