HAY COSAS QUE ANDAN MAL…

Por Andrés Pascual

Hace algunos días, por poco la Media declara “fiesta nacional con extension al Caribe” la celebración a bombo y platillo de un juego que decidió Alex Rodríguez.

Pero, cuando Albert Pujol conectó su primer jonrón de esta campaña, luego de 111 veces al bate sin producir uno, el escándalo se debe haber oído en la luna.

Por mucho que me aplico y busco en libros, recortes de periódicos, revistas…no he logrado localizar similares, previos a 1995, de este ridículo del tiempo actual que es la información exagerada, de manera enfermiza, de un batazo o de un juego decidido, Por qué sucede hoy?

Porque la prensa conoce menos, porque el carácter heroico está ausente de los terrenos de las Grandes Ligas, porque estos peloteros solo ganan más, pero tienen menos clase y mucho menos corazón que aquellos del “buen tempo viejo”, porque estamos enfrente de un juego que dejó de ser pasatiempo nacional y espejo para la infancia y la juventud, por los escándalos frecuentes de todo tipo, una disciplina en que sus dos últimos íconos manufacturados en las oficinas del Beisbol Organizado y en laboratorios químicos, han pasado más tiempo conversando con representantes legales de la fiscalía que disfrutando a sus familias en el retiro… Pero la Media no quiere dar su brazo a torcer, que es reconocer la grandeza olvidada y exigirle a “los modernos” igual clase y compostura en unas Grandes Ligas con más pitchers que chinos en China y con jugadores más brutos que Cayuco, el de la guaracha de Arsenio Rodríguez.

Hace unos días falleció, a los 81 años, Bill Skowron, el inicialista de los Yanquis durante la llamada era Ford-Berra-Mantle, última de grandiosidad del mítico club del Bronx.

Posiblemente, “Moose” decidió muchos más juegos que todos los que han decidido Alex Rodríguez y Pujol juntos, porque durante los 50’s, las hazañas, las glorias, tenían que lograrse y alcanzarse a base del coraje necesario con la decencia y la clase profesional más estrictamente obligatorias.

Skowron no fue una estrella en los niveles de Mantle o de Berra, pero fue un jugador que puso su grano de arena como contribución, mucho más que generosa, en la mantención durante 10 campañas del más soberbio imperio beisbolero jamás visto.

Aunque su muerte se reflejó en los sitios pertinentes, es un bochorno y una falta de respeto que un jonrón de alguien que ya está bajando la cuesta del estrellato, o un juego decidido por otro que no tiene el coraje que hace falta para liderar a los Yanquis ni para formar parte de esa alineación regular, se hayan desplegado con mucha más importancia que la desaparición de un héroe real, de carne y hueso, de una época insuperable, por lo menos para el pasatiempo, que esta que eleva a la categoría de dioses a fantoches con entrada regalada a ese Olimpo de mentiras.

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