ESE JUICIO ES UNA FALTA DE RESPETO A LA JUSTICIA

Por Andrés Pascual

Lo único que se debe hacer contra los usuarios de sustancias ajenas a la naturaleza humana que han dado positivo a pruebas, es congelar sus récordes hasta que los declaren abiertamente legales, que un día será. Mientras, no Cooperstown incluido en la medida.

Sin embargo, establecer patrones de escarmiento con juicios civiles, casi cortes marciales, que ponen en peligro la  integridad civil de un individuo bajo acusaciones de perjurio que no usan contra enemigos virtuales del país, es una monumental falta de respeto al sentido común.

Durante el juicio a Barry Bonds escribí básicamente lo mismo, salvo un par de cosas nuevas-viejas que diré. Bajo el título “Hay una exageración en ese tratamiento” expuse:

“El artillero prometía una carrera de alrededor de 550 jonrones, 1700 impulsadas y 500 bases robadas, a fin de cuentas, soberbia y de genuino inmortal. Pero cometió la imprudencia de estimularse, de reactivar el hambre a una edad en que se está repleto de sensaciones espectaculares e infló en 4 ó 5 años sus guarismos, luciendo mucho mejor que en su período de esplendorosos 25-35 años. ¿Cuántas veces utilizó sustancias prohibidas? Nadie lo sabe, porque, si algo ha quedado demostrado es que, por razones incomprensibles, se le ha escondido al público y a la parte de la prensa que no entró en el contubernio, más de una prueba positiva, ¿La culpa? Del triunvirato Major Leagues-Sindicato-Dueños de clubes. Responsables de todo este asunto por intereses que no vale la pena repetir. El acontecimiento, circo mediático en que han convertido el asunto Bonds, con un juicio civil casi corte marcial, con acusaciones a lo Bernard Maddoff, a mi modo de ver, no es justo ni prudente, porque esta no debe ser una situación que ponga a un individuo al borde de la prisión, aunque participe el Congreso, incluso Lincoln si resucita. Hay formas de controlar y ejemplarizar la peligrosa espiral de los esteroides que, digan lo que digan, todavía no está ni en vías de solución: expulse para siempre al jugador con una sola ofensa; bórrelo del libro de récordes si los impuso y proscríbalo de cualquier relación con el beisbol para siempre. Todo lo anterior significa que nunca estará en Cooperstown”.

Ahora es Clemens quien enfrenta el “riguroso código de justicia” de un país dicen que de leyes, pero que las manipulan a libre albedrío influencias ajenas a la propia ley que representan y ejecutan.

Quedan 100 nombres de jugadores que son culpables del “desliz” que casi resulta utilizar sustancias de rendimiento superior; son cien individuos que nadie sabe si hubieran sido capaces de cometer perjurio ante la negación con pruebas en contra; cien que ni sospechas despertarán y para quienes las puertas del Salón de la Fama estarán abiertas bochornosamente sin obstáculos, ¿Por qué? ¿No sería mejor que estos padres de una justicia tan absoluta que asquea buscaran formas legales que derrumben el muro que ha levantado el Beisbol Organizado entre virtuosos, fiscales y pecadores para que obliguen a los responsables directos de que se hubiera producido el problema a publicar esa lista al precio que sea para la popularidad del pasatiempo? ¿Cómo creen que se podrá hacer justicia con 100 culpables en libertad y todas las pruebas que los incriminan en posesión de la fiscalía?

Tomado de mi blog El Tubeyero, del portal Las Mayores.es, como la cita anterior, propongo otra de un material que escribí cuyo título es “Al Pujols ya no es el mismo”, en octubre del año pasado y que es de suma importancia, tanto que merece la exigencia colectiva para que “se meta la mano en esa gaveta, a pesar de las cucarachas”:

“Me voy a referir a los números premiados en la lotería de la muerte escandalosa,
que solo ha servido para que ejecuten a 6 condenados, porque fueron
crucificados e impedidos de hacer realidad cualquier logro a través del beisbol
(en los casos de Clemens y Bonds tienen en juego hasta sus integridades civiles),
mientras otros 100, que nadie conoce porque quizás sean golpes que puedan
rematar la casi inexistente credibilidad del pasatiempo, todavía bailan como
héroes de magnitud infinita, cuando deberían ser tan enanos ante la historia
como cualquiera de los que ya descubrieron”.
“¿Quiénes deben ser los que, con tanto celo, son protegidos de la
publicidad correctora porque dieron positivo a tests? ¿Serán dados a conocer
alguna vez?

“Nadie tiene respuestas; sin embargo, los nombres están ahí, lo que pone en tela de
juicio la moral de todos los jugadores de las Grandes Ligas; entonces el
reproche que se pueda recibir con respecto a “para mi que Pujols la consumió”,
basado en “usted no tiene pruebas”, supone la respuesta de “ni usted para
negarlo tampoco…” por lo que, visto como un caso judicial por difamación, el
abogado defensor solicitaría que se revelaran los nombres en discordia”.

O este asunto se trata con toda la seriedad que merece, o se abandona como la fachada que han construido para encubrir y proteger de la justicia no solo a los 100 jugadores que faltan, sino a los verdaderos tramposos que lo permitieron y alimentaron.

Si a Roger Clemens lo condenan a un solo día de prisión, sería la más monstruosa violación ética de la ley americana posible, seria, nadie lo dude, un abuso de dimensión colosal e imperdonable.

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