¿QUIÉN PUDIERA SER CONSIDERADO UNA “ESTRELLA FUGAZ” EN EL DEPORTE?

Por Andrés Pascual

Una estrella fugaz es ese astro que se mueve en el firmamento a velocidad supersónica por menos de un minuto y desaparece sin dejar rastros lumínicos: nace, viaja y desaparece brillando, pero por muy poco tiempo.

En el deporte ha sido común aplicárselo a un jugador de ajedrez, como el norteamericano del siglo XIX que duró muy poco como competidor, pero que nunca perdió el brillo: Paul Murphy.

Dos características del “estrella fugaz”: duran poco y desaparecen por accidente, por propia voluntad, por enfermedad o por muerte prematura, pero siempre en rango estelar.

Que un pelotero pierda la categoría en su juego no le valida el concepto de “estrella fugaz” porque haya tenido años muy buenos, que lo de estrella fugaz no significa períodos en la vida deportiva de un jugador, sino “carrera de estrella que se acortó por…”

En el beisbol, J.R. Richards,  el gigantesco y supersónico pitcher derecho de los Astros de Houston, que parecía que estaba destinado a cosas inalcanzables ni para Nolan Ryan, fue una estrella fugaz, porque sufrió un stroke que le destruyó su carrera en el momento que trabajaba como un fuera de liga en las Mayores. Al momento de sufrir la lamentable dolencia, Richards tenía guarismos de 10-4, 1.90 clp y 119 ponches en 113.2 entradas. Incluso Thurman Munson aceptaría integrarse al no muy amplio grupo de estrellas fugaces del beisbol, porque prometía mucho más como estrella que los 10 años que brilló como tal y que le inhabilitan para Cooperstown los “sabios” que votan.

Pero por la baja producción de Hanley Ramírez desde el año pasado, bajo ningún concepto se le puede permitir a nadie que lo considere como “estrella fugaz”, primero, porque el quisquellano no ha concluido su carrera; segundo, porque la baja producción de un individuo en dos años no puede condenarlo al nivel de descarte y, tercero, porque esta temporada tiene menos de 25 juegos jugados como para proponer un desastre anticipado, se produzca o no.

Hanley Ramírez, que está en la posición a que mejor se acomoda por los graves problemas de coordinación al fildear en el shortstop que tenía, pudiera estar asfixiándose por la competencia con Reyes para un papel que no llenan ni él ni su paisano: el de líder y tal vez esta sea la razón por la mala actuación del club en el inicio de esta campaña.

Sin pensar nunca que pudiera llegar a ser Vladimir Guerrero, el antesalista es un buen bateador, pero que gana mucho y, por su personalidad controversial, capaz de causar estragos en el clubhouse, para lo que sí está preparado, ha perdido el “timming” en la caja cada vez que se para en el plato a batear, sea en situación comprometida o abriendo entrada.

¿Cómo lo puede superar? Primero, tiene que reconocer que no es uno más ahí de acuerdo a lo que le pusieron sobre sus hombros y no ha podido soportar nunca; segundo, aceptar que hay otros jugadores con más seriedad, con más responsabilidad, con tanta clase y que ganan menos que tendrán que encargarse de su papel para salvarle el dinero y, después, salir a batear como si nada hubiera pasado, porque ese problema es grande o chico dependiendo de cómo y quién lo vea.

Ahora, porque Ramírez lleve un par de juegos sin producir este año, incluso más el pasado, nadie puede sacar un bolígrafo y escribir “la estrella fugaz fulano” y como si con él no fuera, por favor, ¿Hasta cuándo hay que seguir leyendo o escuchando estas barbaridades?

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