Eran otros tiempos: clubes cubanos profesionales, 4; Gigantes, 1

Por Andrés Pascual

Si por algo además del clima, las playas y el calor humano varios clubes de Grandes Ligas seleccionaban a Cuba anualmente para sus entrenamientos de primavera, era porque la clase que enfrentaban en el terreno por jugadores completamente en forma, luego de concluir la temporada de invierno en la Isla, les obligaba a “meter el cuerpo” y poner empeño.

Por regla general, llegaban al país gordos y totalmente fuera de forma deportiva, luego de seis meses alejados de los diamantes beisboleros; pero preferían la oposición cubana, con jugadores de ligas negras o del circuito menor del Béisbol Organizado, que la de otros países de muy bajo nivel de juego, por lo tanto, perjudicial a sus intereses deportivos.

Desde la primera década del siglo pasado hasta 1959, muchos clubes de liga grande realizaron su “spring training”  en Cuba; también muchas selecciones de estrellas de las Mayores escogían a Cuba como escenario de series de exhibición: las Estrellas de Enos, las de Carl Hubbell, las de Dizzy Dean…incluso de Ligas Negras, por las que pasaron más de 100 jugadores cubanos y tres se ganaron su nicho en Cooperstown por sus actuaciones memorables en ese beisbol: Méndez, Torriente y Dihigo.

Como era rutinario antes en Cuba, el primer club que llegó a La Habana en 1937 para iniciar su entrenamiento fueron los Gigantes de Nueva York, arribaron primero que su manager Bill Terry, que lo hizo tres días después por enfermedad. Terry fue el último bateador de .400 en la Liga Nacional cuando promedió .401 en 1931, diez años antes que el .406 de Ted Williams en la Liga Americana.

Con los visitantes fuera de forma y los clubes criollos en óptima por haber recién concluido el champion invernal, cinco días después de su llegada jugaron el primero. Era el 24 de febrero, día de recordación histórica en el calendario nacional y conocido como El Grito de Baire en pro de la independencia y redención cubana.

Con 7000 fanáticos cubanos cómodamente sentados en las gradas y palcos del legendario estadio La Tropical, el primero de los equipos que enfrentaron los americanos no pertenecía a la Liga Cubana ni eran profesionales, sino una combinación de los Regimientos 5to y 6to pertenecientes a la Liga Inter Fuerzas Amadas de clasificación amateur.

Los Gigantes invitaron al gran pitcher cubano Tomás de la Cruz (hombre de suerte que logró dos veces el premio gordo de la Lotería Nacional), que después lanzó en Grandes Ligas, a que los representara desde el box en el primer desafío.

Los visitantes fueron los primeros en anotar contra el pitcher Jorge Comellas, apodado El curveador del Pacífico y también big-leaguer posteriormente, al anotarle una carrera en el primer episodio, pero los militares contraatacaron al cierre y, combinado con 3 errores, le anotaron 4 a Tomás.

A lanzar el octavo envió Bill Terry al box al entrenador de pitcheo del club, logrando que el estadio casi se viniera abajo por los aplausos cuando los fanáticos presentes vieron que el mismísimo Papa Montero, Adolfo Luque, retirado desde 1935, estaba listo y con intención de parar la rebelión de la guarnición militar.

Si bien Luque dominó a bateadores como Cando López, Iluminado Pérez, Frank O’Allorans y otros reconocidos en el circuito militar, por otros dos errores de la defensa neoyorquina, se abrieron las puertas del plato a otras tres anotaciones cubanas. El juego concluyó 7-3 favorable a los locales.

El 27 de febrero se jugó el segundo compromiso delante de 8,000 asistentes, de nuevo en La Tropical, esta vez contra los Leones del Habana de la Liga Invernal. Los Gigantes abrieron el partido contra Basilio “El Brujo” Rosell con una carrera, después de que el pimentoso Lou Chiozza inició el primer inning con largo tubey al leftcenter, pasó a segunda por elevado de sacrificio al centro y anotó por otro elevado profundo al mismo territorio, sería la única oportunidad de cruzar el home de los visitantes en el juego.

Desde el box de los Gigantes, Clyde Castleman mantuvo a los Rojos sin hits ni carreras durante tres entradas y Bill Benne le relevó en el cuarto, provocando que los Leones saltaran sobre la presa cuando combinaron un hit y dos bases con largo doble del increíble Silvio García al rightcenter que limpió las almohadillas, suficientes para perder el juego, pero Cliff Melton, que tiró los últimos tres innings, permitió ocho hits y seis carreras más para completar un humillante score de 9-1.

La mañana siguiente los visitantes la pasaron disfrutando de las victorias de los gallos de Luque en el Club Gallístico Nacional y la tarde sufriendo y meditando sobre cómo era posible que esos jugadores los humillaran con su juego alegre y agresivo.

Otra concurrencia de 7,000 y El Profesor Ramón Bragaña, una de las maravillas negras del pitcheo cubano, contuvo a los norteños en una carrera mientras los Azules anotaban 6 veces contra Frank Gabler, John Meketi y Harry Gumbert. El propio Bragaña se ayudó con triple empujador de 2 carreras y sencillo bueno para otra. El trabajo del inmortal cubano fue descrito por Terry así: “¡Qué desperdicio de pitcher!” ¿Cuánto vale este hombre? ¿Cuánto esa velocidad, ese repertorio y ese control perfecto? Diez años después los Dodgers de Brooklin derrumbaron la barrera racial con Jackie Robinson…

Después, los Gigantes se dividieron para juegos inter-escuadras: “los muchachos” del pitcher Fred Fitzsimmons, los del “Rey Carlos”, los de otro inmortal y uno de los grandes bateadores de todos los tiempos, Mel Ott, toletero zurdo que influyo en la construcción del swing de los bateadores japoneses y los del catcher Gus Mancuso.

Como que contra profesionales no les iba bien, Terry pidió otro club amateur y entonces enfrentaron al Fortuna de la Liga Nacional de Béisbol, perteneciente a la Unión Atlética de Amateurs de Cuba o UAAC.

Los Góticos enviaron al montículo al legendario y popular zurdo Agapito Mayor, quien no pudo contener a los americanos y cayó 7-1, con un enorme jonrón por el centro de 525 pies de Dick Bartell, que recibió una larga y estruendosa ovación de la concurrencia. Los últimos tres innings por el club de liga grande los pitcheó el derecho John Hubbell, hermano del zurdo Carl, que nunca jugó en Grandes Ligas.

El 6 de marzo los visitantes tuvieron la posibilidad de la revancha contra el Almendares y enviaron al box a Hal Schumacher, pero los Azules le dieron la bola a otro negro inmortal del pitcheo cubano, Rodolfo Fernández y fueron blanqueados 4-0. En un palco del estadio Cervecería La Tropical, el Maestro y ex campeón mundial de ajedrez José Raúl Capablanca, gran fanático de los Gigantes y amigo íntimo que había sido de quien está considerado el mejor manager de béisbol de todos los tiempos, John McGraw, disfrutó del juego.

Con cuatro derrotas sin victorias contra profesionales, entonces enfrentaron a los Elefantes del Cienfuegos en lo que prometía ser la máxima atracción de la serie: un duelo entre pitchers de tirabuzón o “screwball”, al subir al montículo el gran exponente del lanzamiento en las Mayores, Carl Hubbell, contra Luis Tiant padre.

El juego fue un duelo hasta el 5to en que, con la llegada al estadio de William Harridge, presidente de la Liga Americana, también llego un jonrón dentro del terreno del catcher Harry Danning (apodado Cara de caballo) por los Gigantes que encontró dos en bases y expulsó del box a Tiant. El juego concluyo 7-3 por los neoyorquinos.

Con la serie 4-1 a favor de los cubanos, los Gigantes jugaron contra una selección de los clubes que habían enfrentado del circuito profesional de invierno.

Era el 11 de marzo, entonces regresó Bragaña al box contra los big-leaguers de Nueva York y los inquilinos de Polo Grounds le hicieron una en el primero por error de Tony Castaño en tiro a segunda más elevado de sacrificio y hit al right.

Ni Al Smith ni Dick Coffman le permitieron libertades a los criollos durante 6 innings, pero los All Stars nacionales empataron contra Tom Ferrick en el octavo por base por bolas, hit y fly de sacrificio de Santos Amaro. El juego fue decretado empate a una carrera.

Al final, Ramón Bragaña fue galardonado como el Jugador Más Valioso y los Gigantes concluyeron la serie en La Habana con uno ganado, uno empatado y tres perdidos contra profesionales, contra amateurs, uno ganado y uno perdido.

Pero el 13 de marzo, ante 14,000 fanáticos, se enfrentaban a los recién llegados Cardenales de San Luis, que viajaron a Cuba encabezados por los inmortales Joe Medwick y Johnny Mize y con Miguel Angel González como coach de tercera base, bastante bueno para concluir la primavera de cualquier fanático de la Cuba de antes… ¿Abridores? Carl Hubbell y Paul Dean.

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