Marsans: la grandeza olvidada del “primero”

Por Andrés Pascual

En esto de la carrera por “el primero”, que solo ha dado frutos respecto a las llamadas minorías en el caso Jackie Robinson, es tanto y tan ridículo el cúmulo de facetas promocionadas que solo faltan “el primero que barrió un estadio”, “el primero que limpió los baños” y otras por el estilo para que se cree un premio a sus similares de hoy y un Wall con sus nombres desde Alex Cartwright.

Por circunstancias que todavía no he podido entender, hay un nombre que, porque no conocen su historia o porque les interesa desconocerlo y tratarlo con la justicia que merece, se evita en toda su dimensión: el cubano Armando Marsans.

Por lo general, a la hora de señalar al primer estrella del beisbol cubano se maneja el nombre de Adolfo Luque injustamente, porque ese sitio debería ocuparlo el habanero del cual se decía que “es aristócrata de nacimiento y big leaguer por elección”.

Marsans, a diferencia de casi todos los jugadores de beisbol, procedía de una familia rica cubana terrateniente quienes, además, tenían una tabaquería en Cuba y el propio jugador abrió una tienda para vender cigarros en Cincinnatti, lo que sugiere que no necesitaba el juego para vivir con comodidades.

Este pelotero es una de las figuras importantes para la historia del beisbol norteamericano, porque se vio envuelto en un par de situaciones que así lo ameritan: el 12 de abril de 1916, acompañó la firma de Branch Rickey con la suya propia en un contrato para jugar con los Carmelitas de San Luis cuando era su Presidente el Gran Innovador, ¡29 años  antes de que se produjera la firma de Robinson por los Dodgers! El original del documento se vendió en subasta por 2,644, hoy su precio puede ser superior a los 10,000.

Quizás porque el beisbol no le era necesario para vivir, retó a la cláusula de reserva al exigirle a los Rojos que lo cambiaran de club por una discusión con el manager Buck Herzog, fue en 1914, tres años después de haber debutado y 54 antes de que Curt Flood, envalentonado por el crecimiento de la exigencia basada en el discurso “Tengo un sueño”, lo repitiera.

Por ese acontecimiento, el cubano estuvo fuera del beisbol dos temporadas (1914 y 1915)  en las que jugó con los Terriers de San Luis de la recién creada Liga Federal, suficientes para que mermaran sus facultades de estrella, que había demostrado con sus promedios de bateo de .317 y de .297, que le condujeron a recibir votos para el Jugador Más Valioso de la Liga Nacional en ambas campañas (1912 y 1913). En 1916 firmó con los Carmelitas de la Nacional, pero su promedio descendió a .254, a pesar de que su gran velocidad y la habilidad que tuvo para robar bases se mantuvo, al estafar 47, su mayor cantidad, que también incluyen 35 en 1912 y 37 en 1913.

Como que pudo anular la demanda del Cincinnatti superando la cláusula # 8, el cubano consideró una victoria moral que fuera liberado y colocado a disposición del San Luis Browns con un salario de 6,000 y opción para 1917, ligeramente inferior a lo que percibió en la Federal de 21,000 por 3 años con los Terriers.

Jugador de gran velocidad y bateador de respeto, fue un pelotero de 5 herramientas, sin dudas, el mejor jugador cubano de su era incluyendo a los peloteros de raza negra, una estrella primero que Luque que, porque su posición económica le permitió hacerlo, se enfrento a la Cláusula de Reserva y perdió el toque mágico que le hubiera convertido quién sabe en qué en el firmamento de las Grandes Ligas.

Primer hispano contratado por Rickey luego de un enfrentamiento con una Organización de Grandes Ligas; primer elemento de “minorías” que se enfrentó y supero a la Cláusula de Reserva “moralmente”; primer jugador que actuó en Grandes Ligas y en Ligas Negras, al jugar brevemente para los Cubans Stars de la Eastern Colored League en 1923 y primer hispano que dirigió en el Beisbol Organizado con los Coroneles de Elmira de la Liga New York-Pensilvania.

Formó parte del grupo de 10 elegidos que inauguraron el Salón de la Fama del Beisbol Profesional Cubano en 1939.

El tremendo pelotero falleció en La Habana el 3 de septiembre de 1960, a los 73 años. Había nacido el 3 de octubre de 1887.

Una vez que se conoce que existió Armando Marsans con este historial, con este nivel de grandeza moral, deportiva y trascendental para Hispanoamérica, ¿No aparenta una ridiculez la exigencia del retiro del número de Roberto Clemente de los estadios de las Grandes Ligas? Para mí sí, pero hay un detalle favorable a los que cabildean para el tremendísimo rightfielder de los Piratas: mientras menos se conozca la historia del juego, sobre todo, mientras más se pueda evitar la difusión del nombre injustamente sacado de circulación promocional, todavía más si es cubano, incluso para los paisanos de nueva edición de Armando Marsans.

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