Post de Edmundo Garcia contra las Grandes Ligas y los jugadores cubanos “exiliados”

Este post lo pongo por lo que voy a comentar parcialmente despues

Peloteros cubanos: La mentira de jugar en grandes ligas

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Escrito por Edmundo García Sábado, 10 de Marzo de 2012 20:29

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Por Edmundo García

Les prometí en mi último artículo (“Miami tampoco cree en lágrimas”, 2 de marzo, 2012)   que investigaría y escribiría sobre la historia oculta de los  peloteros  cubanos que llegan a los Estados Unidos. Es la parte fea de  la que  nadie quiere hablar; pero aunque la prensa no hable de ella, no  quiere  decir no exista. Me refiero a la falsedad de esas leyendas sobre   jugadores y prospectos recién llegados a Miami que por arte de magia  un  día firman para las grandes ligas de Estados Unidos y se vuelven   millonarios. Aclaro que no es que me guste verle el lado feo a las   cosas, escribo sobre esto porque dichas leyendas no son ingenuas y   manipulan o exageran datos con el fin de engatusar a los deportistas   cubanos e instigarlos a que abandonen la isla en riesgosos viajes por   mar o deserten de eventos deportivos en el extranjero donde participan   en representación de su país.

Las fuentes de esta investigación han estado o están vinculadas y   comprometidas con los hechos desde distintas posiciones; por lo sensible   y hasta peligroso del tema, han exigido dar la información porque   consideran desde su conciencia la necesidad de alertar sobre lo que   sucede, bajo condición de anonimato, subrayando que esta es una   industria llena de ilegalidad, trampas y mentiras, aunque para algunos   altamente lucrativa.

Según las fuentes en este momento hay en República Dominicana entre   120 y 150 peloteros o prospectos cubanos que no encuentran el prometido   camino hacia las grandes ligas de los Estados Unidos. Una de las   personas consultadas empezó por hacer una interrogante: “A las Grandes   Ligas de los EE.UU. llega solamente 1 de cada 14 peloteros que juegan en   el llamado beisbol organizado o ligas profesionales. De los otros  13…  ¿Quién habla? ¿Quién cuenta sus destinos?”.

Muchos de los prospectos y peloteros cubanos (algunos con un   historial, como Kendrys Morales) que han llegado a Miami y obtenido un   permiso (“parole”) de las autoridades migratorias para permanecer en los   Estados Unidos, tienen que marcharse seguidamente a República   Dominicana con visas de turistas violando una de las condiciones de su   estadía. Una transgresión a cambio de un supuesto regreso ya contratados   para las ligas mayores; regreso que por supuesto no ha sucedido ni   sucederá en la mayoría de los casos. Resultado, que numerosos cubanos se   han quedado trabados en República Dominicana, sin papeles para volver a   los Estados Unidos, sin boleto para el deporte profesional y sin Cuba.  O  sea, sin los viejos sueños y sin su país, que cambiaron por la dura   realidad de tener que llegar a trabajar después de los entrenamientos  en  la limpieza de autos y otros menesteres de este perfil para  completar  el dinero de su sobrevivencia allí. De este tema les cuesta  hablar, pero  la procesión va por dentro.

La concentración en “academias” de entrenamiento del mencionado país   caribeño y otros países centroamericanos es la verdad que predomina   sobre casos excepcionales como el ya citado de Kendrys Morales, como el   de Alexei Ramírez, firmado directamente en el 2008 por los White Sox de   Chicago y ahora con Yoenis Céspedes, quien se va a Oakland.

Según algunos testimonios, resulta que esas llamadas “academias” no   son más que albergues o barracas en mal estado, con baños colectivos y   otras incomodidades que en nada se comparan a las condiciones en que   muchos de ellos competían en Cuba, por muy modestas que se las quiera   considerar. No son pocos los peloteros que han expresado su deseo de   aspirar a volver a jugar en la Serie Nacional de Cuba, ante la   alternativa de desempeñarse en ligas semi profesionales de poca calidad y   bajo nivel organizativo, donde se paga nada o casi nada, como la que   ofrece Tamiami en el Condado Miami Dade.

Los sueños de los peloteros cubanos chocan además contra la evidencia   de que en los Estados Unidos existe un sistema casi impenetrable de   llegada a las grandes ligas. Comienza en las escuelas elementales, sigue   en High School, en College y luego en la Universidad, con un circuito   bien asentado. Frente a esos carriles cerrados es casi imposible   improvisar y solo unos pocos entre los muy talentosos y con dinero para   pagarse un agente pueden irrumpir en las ligas profesionales. No  existen  en realidad, como algunos dicen por ahí, treinta asociaciones  de  grandes ligas esperando desesperadamente porque arriben peloteros   cubanos a Miami para contratarlos. Es falso. Hay en los Estados Unidos   una enorme cantera de nacionales para el gran circuito profesional, a lo   que hay que sumar la competencia de otros muy buenos peloteros  formados  en Venezuela, México, Panamá, República Dominicana, Japón.  Surcorea,  China Taipei y demás países con tradición en ese deporte.

Es necesario decirles la verdad a los peloteros cubanos, sus   familiares y al resto de los interesados antes de invitarlos a irse de   Cuba o desertar en competencias; porque lo cierto es que una vez que dan   el paso muy poca gente está en condiciones reales de ayudarles. Los   famosos cazatalentos o “scouts” apenas tienen poder para redactar   informes sobre algún que otro pelotero con buenas condiciones. Esos   cazatalentos casi siempre dependen de un “coatch”, técnico o entrenador   que les avisa sobre algún talento que tienen bajo su tutela; y todos   juntos dependen de un agente que muchas veces tampoco tiene algo seguro   que ofrecer por mucho que prometa.

Existe toda una cadena de negociantes colgados del talento de un   joven pelotero que llega a Estados Unidos. En el mejor de los casos, que   repito solo se da en contadas ocasiones, uno de esos peloteros logra   obtener un “bono firma” o contrato del que tiene que entregar un elevado   por ciento. Una fuente consultada dijo: “Un pelotero, según cálculos   revelados por el célebre comentarista deportivo Bob Costas, se queda hoy   con cerca del 40% del monto total de sus contratos.” Desde el momento   en que empiece a cobrar tendrá que cubrir sus gastos con el dinero que   le queda, pagar impuestos y saldar todas las deudas contraídas. Deudas   que se cuentan desde el mismo momento de emprender el viaje de salida  de  Cuba, que cuando incluye a la familia suele ser mucho más caro. Para   que se hagan una idea, otra de las fuentes consultadas para este   artículo y perfectamente informada porque es parte del proceso dijo que   el viaje de Yobal Dueñas y de Maels Rodríguez (sus familiares hacia   Miami y los peloteros hacia El Salvador), salió a 350 mil por cada uno;   un total de 700 mil dólares. Un gasto de esa magnitud no se hace por   gusto y hay que reembolsarlo.

En otros casos, sobre todo para los que llegan muy jóvenes y sin su   familia, los sueños chocan con la soledad, la falta de afecto y la   discriminación; que algunas veces es indirecta pero igualmente ofensiva.   Además de la discriminación por condiciones explícitas de raza y   nacionalidad, se habla de un tipo de discriminación en la pelota   norteamericana que está ligada al propio juego.  Como cuando dejan a un   pitcher lanzar más de lo debido para que le caigan a batazos, o le   apuntan un hit o un jonrón que perjudica su record, o cuando no lo sacan   de abridor o no lo rotan adecuadamente aunque lo esté haciendo bien, o   cuando le critican la forma de celebrar una buena jugada. Uno de los   entrevistados recordó que en una Serie Mundial al Duque Hernández lo   dejaron seguir lanzando en un juego donde se le veía agotado; con el   relevo listo, salió en la otra entrada y le dieron un jonrón que le   empató el juego. A partir de esto también contó sobre lo duro que le   resultó al pelotero William Plaza, quien por demás tuvo la oportunidad   de firmar en el 2004 con 21 años para las menores de los Yankees. Gary   Gálvez, que también pasó por las menores, tuvo otras experiencias muy   duras en los concentrados. Ambos llegaron a valorar después muy   positivamente el tipo de pelota que jugaban en Cuba. Otro de los   entrevistados citó el caso de Jesús Ametller, ex jugador de cuadro de   los Industriales que terminó jugando beisbol nada menos que en Moscú.

La explosión de llegadas de peloteros cubanos a los Estados Unidos   tuvo que ver mucho con la experiencia de los primeros que vinieron; con   los que triunfaron y con las versiones de ese triunfo que algunas   personas inescrupulosas han puesto a circular por la isla como gancho   para atraer jóvenes peloteros al negocio del deporte. Lo cierto es que,   como dijimos, esa idea de desembarcar en Miami y seguir camino a las   grandes ligas pertenece a una novela que muy pocas veces se hace   realidad. Según un entrevistado en Miami que asiste regularmente a las   exhibiciones o “tryout” de peloteros que se celebran, por ejemplo, en la   Universidad Saint Thomas, a esas demostraciones deportivas no suelen  ir  observadores con posibilidades reales de sacar a los jóvenes hacia   adelante en una carrera profesional. Más bien se pierde tiempo y se mal   gastan ilusiones y dinero. Muchos de esos cazatalentos que se ven en  los  bancos de los terrenos de pelota no hacen más que tomar notas que  luego  nadie leerá. Nuestras fuentes agregan que ese tipo de desgaste lo   habían visto en otros lugares como en Hermosillo, México, pero no   pensaron que también fuera así en los Estados Unidos.

Sobre las experiencias en la pelota profesional de los Estados Unidos   el ex lanzador de los equipos de Villa Clara, Cuba y Tampa Bay Rolando   Arrojo (junto a un periodista y comentarista amigo suyo) editó un  libro  titulado “Confesiones más allá del dugout” (EE.UU. 2007) que  recoge  entrevistas sobre las experiencias en Estados Unidos de  conocidos  peloteros cubanos como Jorge Luis Toca, Euclides Rojas, Ariel  Prieto,  Maels Rodríguez, Osvaldo Fernández y otros; incluido el mismo  Arrojo que  recuerda todavía las palabras que le dedicó el Comandante  Fidel Castro  cuando decidió abandonar el equipo Cuba; las cito porque  resumen muy  bien lo que venimos tratando y muestran una vez más la  posición positiva  de la parte cubana para solucionar ese problema de  las “deserciones”.  Dijo Fidel el 10 de julio de 1996 en el Palacio de  la Revolución durante  la despedida a la delegación cubana a las  Olimpiadas de Atlanta:  “compraron al mejor del equipo, una persona, por  lo demás, respetada y  considerada por todos, al pitcher Arrojo,  desaparecido, como es clásico,  comprado —sabemos quiénes participaron—,  porque se asustaron. No pueden  vencer al equipo de béisbol, y  compraron a Osvaldo, compraron a Liván y  compraron a Arrojo”. En el  libro no solo se habla de las glorias en los  Estados Unidos, también de  los obstáculos, de los fracasos, de los  trabajos y negocios en que se  tuvieron que ocupar para seguir adelante,  de los olvidos tras el retiro  y de lo que significó para ellos jugar a  la pelota en Cuba.

Hace alrededor de un año se vio en la televisión de Miami al Duque   Hernández promoviendo una academia de pelota; y más recientemente a   Agustín Marquetti acompañado de un hijo del mismo nombre al que no le   fue bien como jugador, también promoviendo una empresa para enseñar   beisbol.

Resulta que todos, quienes no les fue tan bien y quienes ganaron   series mundiales en las grandes ligas con sueldos millonarios, tienen   que ponerse a trabajar cuando declinan sus carreras y se retiran porque   el dinero nunca es suficiente. Al final resulta que tampoco se gana   tanto como se vocifera y hay que seguir sudando en el terreno de pelota o   luchando el cheque de jubilación y las ayudas.

Por cosas como estas a veces me pregunto lo mismo que se preguntan   muchos de ustedes: ¿por qué no pueden jugar los peloteros cubanos en las   grandes ligas u otra liga profesional menor de los Estados Unidos sin   que rompan con su país? ¿Por qué no pueden los cubanos, como los demás   peloteros latinoamericanos, trabajar profesionalmente en algún equipo  de  la Major League Baseball (MLB) y residir o vacacionar en la isla? Lo   diré claramente: No pueden hacerlo porque sencillamente OFAC (Office  of  Foreign Assets Control), la Oficina de Control de Activos  Extranjeros  perteneciente al Departamento del Tesoro de los Estados  Unidos, no les  permite cobrar un centavo si esa ruptura no se produce.  Para decirlo de  otra manera: para jugar y cobrar en los Estados Unidos  los peloteros  cubanos están obligados, quieran o no, a “desertar”.

Yo sé que a muchos deportistas cubanos en los Estados Unidos no les   gusta que se les llame “desertores”, y les entiendo, porque casi todos   los que han llegado desde mediados de los años 60 hacia acá se sienten   parte del movimiento deportivo cubano. Recuerdo que en los momentos de   mayor éxito con los Yankees de New York el Duque Hernández seguía   diciendo que su equipo era Industriales. Y conozco también que René   Arocha sigue queriendo a sus seguidores en Regla, o que el propio   Rolando Arrojo sigue conectado con Ranchuelo; el problema es más   sencillo y práctico: como les dije, es que si no rompen con Cuba no hay   dinero. Y eso pasa solo con Estados Unidos, porque peloteros y   entrenadores de pelota de Cuba están contratados en México, Panamá,   Japón, España, Italia y hasta en Rusia. Algunos dirán que la Federación   Cubana de Beisbol tiene regulaciones y convenios firmados sobre ese   intercambio. Y es verdad. Pero países como China, Japón y Corea también   son muy estrictos en las condiciones para autorizar la participación de   sus deportistas y atletas en el escenario internacional. Por cierto,  la  dirección de la MLB de los Estados Unidos también regula la   participación en eventos de los peloteros de las grandes ligas.

Pero es que ni siquiera se trata de jugar; solamente para que un   equipo de la Major League Baseball (MLB) pueda hablar, conversar   legalmente con un pelotero salido de Cuba se necesita primero que OFAC   emita una declaración oficial que certifique el permiso o se corre el   riesgo de una multa bastante alta.

Ni siquiera hay que vivir en los Estados Unidos para recibir esa   presión; una persona consultada al respecto envió un correo que creo   vale la pena citar extensamente: “Si tienen alguna duda pregúntele al   Congresista Demócrata por Nueva York José Serrano el porqué redactó y   trató de manera totalmente infructuosa, que se discutiera en el Congreso   su proyecto de ley denominado Cuba Baseball Diplomacy Act. Este   consistía precisamente en describir la discriminación a los cubanos y   eliminar esta prohibición para que como cualquier otro pelotero de   cualquier país del mundo los cubanos pudieran jugar en los EE.UU. sin   tener para ello que renunciar a su patria. Y si todavía le queda alguna   duda averigüe por qué Cuba tuvo que renunciar a priori a los ingresos   que legalmente le correspondían, para poder participar en el I Clásico   Mundial de Beisbol (Cuba decidió donarlos al Fondo para las víctimas del   Katrina). O por qué todavía no se ha podido cobrar lo que le   correspondió a Cuba del segundo Clásico.”

He querido dejar para el final lo que me dijo una entrevistada muy   especial; una madre que sacó a su hijo a través de Centroamérica, con el   objetivo de llegar a los Estados Unidos y que jugara en las grandes   ligas, donde ella estaba segura que se haría una estrella. Con cierta   emoción narró las peripecias por El Salvador donde su hijo de quince   años fue obligado a jugar en un equipo de mayores junto a jugadores de   hasta 38 años. Le pidieron el 30% de lo que pudiera ganar el muchacho   para traerlo a Miami y aquí lo pasearon por las estaciones de radio y   televisión, donde rehusó criticar a su país.

Un canal de televisión local hasta les pidió a él y su madre que   cambiaran el hecho de su salida legal por una travesía en balsa; algo a   lo que por supuesto ellos se negaron. La madre contó que siempre  inculcó  a su hijo que más importante que el dinero era poner a un  estadio de  pie. Y eso puede confirmarlo José Ariel Contreras, quien  dinero, habrá  ganado, pero nunca más ha recibido un aplauso, nunca más  le han pedido  un autógrafo, nunca más ha sentido jugar beisbol como lo  sintió jugando  en Cuba. Aplausos y honores que nunca le faltarán a su  coterráneo, y  compañero de equipo, Pedro Luis Lazo.
* Periodista cubano radicado en Miami.

Tomado del Portal CubaSi

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