En realidad, la ofensa era tanto contra Musial como contra Bob Broeg

                                                                                                                                                                                              Broeg, segundo de izq. a derecha de frente

 

Por Andrés Pascual

Dicen que Albert Pujols no estuvo de acuerdo con el mensaje de varias vallas colocadas por los Angelinos en toda la ciudad, en las que se le trataba como The Man; sin embargo…el club decidió retirarlas.

Siempre que puedo, imaginativamente, me llego a Cuba para entender mejor ciertas cosas a la luz de diferencias obligadas y de faltas de respeto salvajes; por ejemplo, cuando José Ariel Contreras era “un soldado de ideas” del batallón castro-comunista del juego de pelota, el propio asesino tuvo la gandinga, el descaro y la desverguenza de nombrarlo, luego de uno de sus triunfantes raids de “león pa’ mono y con el mono amarrao” de antes, con el sobrenombre que se conoció a una de las figuras máximas de la lucha por la Independencia, el Titán de Bronce; sin embargo, supongo que al asesino de Birán no le importó, ni a nadie de su entorno criminal, semejante agresión a Antonio Maceo.

Posiblemente a Contreras tampoco y se quedó bautizado, para la prensa y el fanático castrista, (hoy no sé) como lo había decidido el dueño de la granja.

Tal vez el pitcher ni entendió lo que significaba semejante blasfemia, pero, si lo hubiera visto en toda la extensión e importancia de tan brutal ofensa, como que no dijo nada, aceptó la complicidad, igual que Raúl Arce, que está por aquí u otros que quedan allá, al no llamar a capítulo moral al tirano, aunque fuera con un sutil y temblequeante “no, no, comandante, eso es demasiado…” en realidad demasiado es el descaro de esos oportunistas que aceptan cualquier cosa y después los envían para acá…

Sin embargo, Pujols creyó que se maltrataba el nombre del inmortal # 6 de los Cardenales, que ni durante su estancia con los Pájaros Rojos osaron compararlo y se quejó por “la afrenta” la que, al modo mío de ver las cosas, hubiera sido tanto a Musial como al cronista Bob Broeg, del San Luis Dispatch, porque fue este el que, después de escuchar al público de Ebbets Field la tarde del 23 de junio de 1946 referirse al toletero zurdo como “ahí viene el hombre otra vez”, contó el descubrimiento en su columna del día siguiente. Y así quedó bautizado el polaco para la posteridad.

Pero nadie debe dejar fuera del tintero que Artie Moreno inició su fortuna con vallas y carteles de propaganda, así que el uso de la mercadotecnia para promover su joya, tal vez formó parte del recurso “retro” en el proceso, mezcla de ambiente moderno con un toque nostálgico a cargo del dinero del propio dueño.

Viéndolo bien, si Pujols hubiera aceptado el apodo de Musial, sería mucho menos abominable que lo que hizo Contreras con el de Maceo: en primer lugar, porque Maceo es un símbolo patrio y, en segundo, porque, en lo deportivo, el pinareño no es ni la chancleta del dominicano, que, a pesar de estar 10 años coqueteando con lo mejor de las Grandes Ligas, entendió rápido y bien que a ese lanzamiento no podía hacerle swing.

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