Donde queda la identidad nacional para algunos exiliados?

Por Andrés Pascual

Después de 54 años de sufrimiento, todavía miramos a los lados y observamos políticas raras en gente del exilio a las que se les considera líderes, no por mi, sino por quienes llevan esa misma cantidad de tiempo añorando el momento de regresar al terruño que, cada día, contribuyen a alejarlo más ellos mismos.

Constantino de la Peña, buen amigo y patriota indesteñible que reside en Nueva Jersey  desde hace más de 40 años, me envió una documentación para archivo (fotos y comentarios de prensa), del nacimiento de los juegos del recuerdo entre Habana y Almendares en la ciudad aledaña a la Gran Manzana. El propio Tino fue un destacado pitcher del circuito unionista con el Club de Profesionales durante la segunda mitad de los 50’s, hasta que la tiranía liquidó la Liga Nacional de Beisbol Amateutr en 1959; además, el lanzador trabajó con Planta Eléctrica, antes Cubaneleco y en la Intermunicipal de Quivicán con el Regla, en la azucarera de invierno Pedro Betancourt hasta su desaparición en 1961 y, en 1962, integró el staff del Occidentales de la Primera Serie Nacional que, dirigidos por el isleño Fermín Guerra, ganó aquel campeonato.

Ese material que me envió Peñita da ganas de llorar, por como recuerda al beisbol profesional criollo, a través de nombres y fotos de jugadores, muchos de ellos lamentablemente fallecidos, que hacían acto de presencia rutinaria en ese evento soberbio y patriótico, especie de cofre que guardaba con celo y respeto la memoria histórica del pasatiempo nacional, como la parte indispensable de la identidad cultural nuestra que es, por lo tanto, de la identidad nacional cubana: Rodolfo Fernández, Armando Vázquez, Miguel Fornieles, Adrián Zabala, Mosquito Ordeñana, Chuck Connors, Talúa Dandridge, Max Lanier, Agapito Mayor, Quilla Valdés, Pipo de la Noval, Panchón Herrera, Beto Avila, o René Cabell, Ñico Membiela y Celia Cruz…fueron muchos los nombres familiares que se daban cita en la ciudad que acogió a los Cubans cuando Castro provocó que la Liga Internacional decidiera, junto con el Dpto. de Estado, que La Habana ya no era más una plaza digna y segura como para mantener semejante franquicia allá.

Todavía el Ajuste Cubano no funcionaba a toda máquina con la agresividad y la carga nociva que ha sido desde 1994, pero se preveía; todavía el concepto de lucha por la libertad de Cuba no estaba en las manos de amanuenses de “denuncias” contra un muro que necesita cohetes para ser demolido; todavía, si cabe, se era más cubano, en la Isla o en el exilio…tiempos irremediablemente perdidos que, a como van las cosas, pudieran no retornar nunca más, porque se abandonaron a su suerte por intereses mezquinos, en unos casos, o por cansancio injustificable, que significa concesión, en otros.

En el exilio existe una confusión con respecto al tratamiento de ciertos capítulos de la acuarela que es la lucha por la libertad de Cuba, por ejemplo, noticia y comentario significan “disidencia u oposición”, nunca anti-castrocomunismo, porque es un pecado “políticamente incorrecto” (yo diría miedo), allá y tabú aquí por lo mismo.

También Venezuela se ha apoderado del titular diario y hablo dentro de los exiliados cubanos, por lo que está a “tuti plen” en cualquier emisora radial.

El “intercambio” cultural a base de esbirros de allá para acá genera montañas de paginas en Internet, en comunitarios, en el Granma de la Bahía, en el Diario las Américas y tediosas e ineficientes horas de programación radial, sobre todo en las del circuito Univisión, porque los de bajo mercado como América TeVé y Mega son promotores de esos gusanos de la tiranía.

Yo solo respeto a Vigilia Mambisa, a su líder; al grupo Plantados, a su director; al presidio político, al Alfa 66, al staff de Nuevo Acción, a Héctor Fabián, a Arocena, a Santiago, a Osvaldo, a Reinol, a Dionisio, a Valladares, a Posada Carriles ¿Qué olvide a algunos? a muchísimos, como a Antonio Purriños, a Estebita, el maestro de la rebeldía a través de la crónica costumbrista, a mi amigo y hermano Eddy Triana, a Ernesto Díaz Rodríguez y, quizás, a 1,000 más, les pido disculpas a esos héroes que no mencioné, pero que, cada vez que he podido, lo he hecho y haré mientras siga escribiendo; es decir, combatiendo al castrismo con el arma que tengo a mi disposición: la computadora.

Cuando hablé del juego del recuerdo de la pelota cubana de verdad, no lo hice con el objetivo de rememorar aquel beisbol, sino como reclamo de la defensa de lo que muchos no entienden y deberían como exiliados: la importancia del recuento permanente, en los medios a nuestra disposición, de la tremendísima columna en la identidad que es el pasatiempo nacional, orgullo sublime desde las luchas independentistas en la manigua redentora.

El juego de pelota no es solo eso para el cubano verdadero, reyoyo o 100 %, es la niña de los ojos del orgullo nacional por lo que se logró y por cómo trascendió lo cubano en su lomo de potro siempre ganador, capaz de dar la imagen exacta de lo que era Cuba y de lo que prometía su futuro, si no hubiera llegado la horda a pisotearlo, como al cubano y a Cuba.

La 11.40 no, eso es un cubil de “neutrales”, especie de manojo en el que se juntan apáticos con castristas y algún exiliado que salva la honrilla, además de que el circuito Univisión, lo peor que le ha pasado a la cultura en español en este país, ha logrado acallar las voces de reclamo independentistas nuestras con la manipulación del público que copa el mercado hispanoparlante de la ciudad, al colocar una batería de venezolanos a quienes nada les interesa el problema en su país, más allá del rating que beneficie a la gerencia y que les asegura su dinero y su trabajo.

Y ¿Radio Mambí? Bien, gracias, haciendo lo que haya que hacer para mantener su rating, entre otras cosas, además de emplear su batería de paisanos de Chávez, analistas políticos “ex oficialistas” todos como gancho, vividores de una categoría como exiliados que les queda grande, tampoco entiende ni le interesa hacerlo, que el beisbol cubano es tan parte del exilio como el son y que “también se fue de Cuba”.

Posiblemente haya que esperar a que comience el tráfico autorizado de peloteros desde Cuba para que, en Mambí o en La Poderosa, comprendan lo que significa el beisbol, para que vean cómo un solo pelotero puede generar la compra de 20 Masserattis para la nomenklatura, de acuerdo a la cotización en el mercado del jugador cubano.

Pero lo principal es la forma como coinciden esas emisoras con la tiranía, al mantener ajenos a la historia del pasatiempo a la comunidad que llega aquí desde hace 20 años, lo mismo se puede decir del público oyente tradicional, digamos que de Mambí, que no acepta al beisbol como materia política porque no le gusta, por lo tanto no les sirve para la discusión matinal en la HMO, entonces se torna apático ante el asunto del deporte nacional, a pesar de que carga a sus espaldas años suficientes para escribir manuales sobre el pasado glorioso del juego allá, al mantenerlo indefenso ante la masacre que comete la dictadura contra este deporte en la Isla y por lo poco que influyen algunos desde la plana o desde el micrófono, en tratar demostrar que Cuba fue muy superior durante la etapa republicana, entre otros aspectos, por el respeto, por el amor y por la forma como se manejaba a la pelota hace más de medio siglo o “Cuando Cuba reía”.

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