El estadio nuevo, Espejismo o realidad?

Por Andrés Pascual

¿Cuánto puede influir en la victoria de un club de beisbol estrenar casa nueva? ¿Hay muchos ejemplos en Grandes Ligas que ratifiquen la tesis? ¿Qué manejan las oficinas de un equipo cada vez que ponen sobre el tapete el éxito o el fracaso, incluso la permanencia en una ciudad, ajustado a la obligatoria construcción de un parque nuevo?

Al último a quien le escuché la perspectiva de “un futuro ganador a partir de la construcción de casa nueva en una localidad posiblemente nueva también (San José)” fue a Billy Beane, el flamante y eficiente Administrador General de los Atléticos de Oakland, recipiente de una jugosa extensión de contrato este año de parte de los propietarios de los Elefantes Blancos. Y en los anales del beisbol no hay cinco casos que validen lo dicho por Beane.

La inauguración de un estadio beneficia a la gerencia sobre todo, porque crea las condiciones para que se mejore el índice de asistencia al parque; después, como en el caso de los Marlins, en que el 85 % de los servicios internos le pertenecerán íntegramente, harán poseedor al o los dueños de una cantidad más que generosa por la oferta interior y todo eso se llama más dinero en bolsillos particulares; aunque los de Miami van a inaugurar uno que siempre debe llevar la coletilla de “regalado”, como resultado de un timo de mayor cuantía, elucubrado a base de informaciones falsas respecto a sus finanzas, que incluye el parqueo de 150 millones.

Imagine esta alineación en el terreno: Marvin Thronberry en la inicial; Wayne Terwilliger, segunda base; Rey Ordóñez, torpedero; Scott Brosius, tercera; Chuck Carr, Cheíto Cruz y Hensley Muelens, jardineros, como receptor, Joe Girardi, más Oil Can Boyd como abridor. Resucite a John McGraw y entreguele la novena, ponga los coaches que quiera y constrúyale un estadio por 6,000 millones, así como leyó seis mil, en donde quiera y avíseme cuando termine la campaña, para que vea que quedaron más abajo del sótano en la tabla.

Un club con estadio nuevo y manager inmortal no es suficiente para ganar; si no es competitivo, si no tiene el juicioso equilibrio de calidad por medio de la mezcla de jugadores de experiencia en mayoría con jóvenes de tercer o cuarto año, solo contribuirá a la desconsolada afirmación de ¿Para qué necesitaban semejante parque? Y, con respecto al manager, para llenar de lodo el nombre bien ganado cuando tuvo un club contendiente, de nivel de juego superior, en sus manos…

Los A’s no van a ganar porque inauguren ni en San José ni en cualquier otra ciudad, sencillamente, si, como se dice, están interesados en Manny Ramírez al extremo de que pudieran firmarlo antes de que empiece el entrenamiento, están creando las condiciones para que, desde ya, la fanaticada de todo el estado se frustre y lo demuestre a través de la frase “ese equipo no se merece un estadio, sino que los boten de las Grandes Ligas”.

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Si Beane lleva a Manny para Oakland, sería como perder la dama iniciando el medio juego en ajedrez

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