Un paso mas y llegamos…

11 de abril de 2011


Hialeah. Fñorida.- Por Andrés Pascual.-Otorgarle a una ciudad una franquicia del Beisbol Organizado, de cualquier clasificación, no es fácil. Las franquicias de Grandes Ligas necesitan de la aprobación del Comité de Relaciones Exteriores y esto quiere decir que, si por casualidad, uno se saca un billete de lotería con 2000 millones acumulados, no sería autorizado a comprar los Rangers de Texas, cuyo valor se tasa entre 500-800 millones; porque no fue un capital hecho con participación del emprendimiento y la inteligencia personal; sino proveniente del juego de azar.

Los clubes de pelota profesional son inversiones generadoras de trabajos y capital; entonces tienen que ser manejados por individuos capaces de conocer las reglas del negocio… Cuando los ex jugadores, incluso algunos activos, asaltaron la propiedad de los equipos de la Liga Invernal de Puerto Rico para salvarla de la catástrofe, se agudizó el problema, al extremo de que, el año antepasado, no se celebró el campeonato y, a mi modo de ver, está prendido con alfileres. A fin de cuentas, no es igual jugar pelota, servir como manager o coach, que estar a cargo del negocio como propietario. En Cuba, el único caso conocido, exitoso y bien asesorado por los Cardenales de San Luis, fue el de Miguel Angel Gonzalez, manager-propietario de los Leones del Habana; o, en ligas negras, Rube Foster y el cubanoamericano Alex Pompez. En Grandes Ligas, algunos ex jugadores resultaron administradores y dueños de trascendencia y prestigio como Griffith, Greenberg o Mack. La Habana presentó el mejor y más saludable campeonato invernal en toda la historia de estos eventos en la región; incluso cuando, a finales de los 40’s, se produjo la suspensión por el Beisbol Organizado de los jugadores que le abandonaron y se fueron a correr suerte en la Liga Mejicana con el “affair” Pasquel, se jugaron dos torneos, uno en el Cerro y el otro en La Tropical. El cubano de estos últimos 50 años no conoce aquellos campeonatos y, muchísimo menos, entiende lo que se perdió, no solo en Cuba, sino en todo el circuito invernal caribeño: la Liga Cubana de Beisbol Profesional de Invierno fue “la niña de los ojos” del deporte nacional y, yo diría que, por su importancia para el Caribe en correspondencia con la forma como funcionaba, del área.  El beisbol cubano estableció nexos serios y oficiales con el Beisbol Organizado mucho antes que el resto de la región y la creación de la Confederación, que supuestamente une a través de relaciones de trabajo a los países del área con el beisbol americano, fue la ampliación, al resto de países, de la experiencia cubana en el negocio y sus relaciones con Estados Unidos. Pero, si algo importa a la hora de autorizar un club profesional de beisbol por las instancias oficiales al efecto, es la ciudad en la cual se asentará… También el empeño, la visión y la capacidad operativa del club, tiene que ser ejecutada por inversionistas altamente competitivos; entonces se llega a la conclusión de que La Habana, desde 1943 hasta su desaparición como ciudad de máxima importancia por efectos de la horda, en 1959, estaba entre las tres principales de América Latina… Por eso obtuvieron la franquicia de los Havana Cubans y, cuando a partir de 1947 comenzó la verdadera espiral de grandeza de la ciudad, se obtuvo la de los Cubans Sugar Kings, de la Liga Internacional clase Triple-A, en 1954. El segundo país en importancia boxística y la tercera ciudad de interés para este deporte; el mejor jai-alai del mundo y la mejor plaza para este deporte; un Gran Premio de Automovilismo; un Hipódromo y un Cinódromo de indudable solvencia económica; una hotelería competitiva y un circuito de entretenimiento de primera línea en actividades nocturnas. Fue a esa ciudad que se le otorgaron dos clubes de ligas menores y, cuando Bobby Maduro manejó a los Cubans durante los primeros 5 años, ya estaba pensando en grande para La Habana. En 1958 se iniciaron las conversaciones para traer una franquicia de Grandes Ligas; por tal razón, en 1960 se habían concluido los trabajos de adaptación del Grand Stadium de La Habana en los clubhouses y stands.  Paralelamente, se inició la promoción nacional con la creación de Los Cubanitos, ligas infantiles y juveniles a todo lo largo y ancho del país, patrocinadas por los Cubans. Con el slogan “Un Paso más y Llegamos”, se inició la consecución del más grande propósito en el beisbol ajeno a las fronteras de Estados Unidos y Canadá.

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