Edgar es inmortal, si los “sabiométricos” no lo creen, allá ellos

04 de enero de 2012

Hialeah, Florida.- Por Andrés Pascual.-Las palabras para clasificar a los bateadores, con frecuencia más que exagerada en el beisbol de los últimos 35 años, dan risa: natural, puro… si un artillero no es puro, se supone que se utilice el antónimo lingüístico “impuro”, lo que nadie hace; sin embargo, salvo algunos “escribidores”, pocos se arriesgan al ridículo, porque llamar puro o impuro a un bateador es una soberana ridiculez.

Roberto Clemente fue calificado como bateador de “swing desorganizado” porque bateaba wildpitchs y todo el movimiento lo realizaba sobre la pierna delantera, pero nadie se lo endilga a Vladimir Guerrero, que también lo hace a menudo. Bueno, detalles sin importancia Ya toca a las puertas casi la información, si acaso los padrecitos de la Asociación de Cronistas deciden no dejar pasar este año como uno de tantos strikes por el medio sin tirarle, sobre el nuevo o los nuevos miembros de Cooperstown. Al modo mío de ver el asunto, Barry Larkin y Edgar Martínez deberían ser seleccionados, porque sus carreras no solo fueron brillantes, sino de etiqueta Hall of Famer, que es otra cosa. Y ni hablar de Jeff Bagwell que, posiblemente, como dijo David Schoenfield en un comentario, “tal vez tenga problemas con el puritanismo desenfrenado, dispuesto hasta a eliminar a quien tenga músculos desarrollados”. Este individuo es un inmortal por encima del jurado inquisidor de la Asociación de Cronistas. En una encuesta de ESPN-MLB, el 89 % del público respondió afirmativamente a la pregunta sobre considerarlo digno de Cooperstown. Pero el caso es Edgar, más que puro, impuro, natural, organizado o desorganizado fue un bateador “tranquilo”, de los que están ahí callados, pero sin engañar, en plano de héroes opacados por otros nombres que, a veces,  no cumplen la encomienda que complemente el éxito absoluto. Este hombre fue mejor que Miñoso y tan bueno como Oliva, a los que les reclamamos, con mucha razón, su sitio en el recinto; pero nadie lo tiene en cuenta como deberían, porque los boricuas tienen a Clemente, a Peruchín, a Alomar y a los que faltan; por eso tal vez crean que es suficiente, a fin de cuentas, “uno más o menos no se echa a ver”; pero es inaceptable que, con la cantidad de puertorriqueños que escriben por aquí, no hayan hecho una campaña sostenida contra la injusticia que se conocerá otra vez el lunes. Una reclamación  que se oiga en la mismísima luna, porque es por un paisano que jugó 18 años, bateó .312 con 514 dobles y 309 jonrones, más 1261 empujadas como el mejor bateador designado, hasta hoy, desde que existe ese trabajo en el pasatiempo. Si la manipulación de la inteligencia por gente como Bill James a través del “win-share” y todo ese lastre de oficinista trasnochado; si los supersabios, que incluso sugieren que 600 jonrones tal vez no sean un guarismo para entrar a Cooperstown, tienen sus propias “cuentas chinas”, capaces de influir en una crónica tan nueva como poco justa y menos conocedora, para dejar afuera del templo a Edgar, allá ellos, como el título de la vieja película de Cornell Wilde y Gene Tierney, “Que el cielo los juzgue”.

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