Al Comite de Veteranos hay que gritarles

Por Andrés Pascual

Para llegar al Hall de la Fama por el Comité de Veteranos no es suficiente haber sido un gran pelotero, eso queda para quien sea elegido durante los 15 años de aspirante regular por la Asociación de Cronistas.

La realidad es que, los jugadores que logran que se les escojan como representantes de lo que ahora se conoce por la Edad de Oro del pasatiempo, dan la impresión de ser una especie de mercancía de segunda, a los que les están haciendo un favor basado en méritos que no tienen, el caso de Ron Santo, que nunca fue competitivo para la Asociación, es el último grito de horror…de tantos.

La historia de las votaciones al recinto está llena de irregularidades nunca ventiladas en público. Sin que clasifique para el manoseado término de “mafia”; sin embargo, este grupo elector es una especie de clan con buenas personas, regulares y ni eso varios de los de más influencia.

Al ex antesalista de los Cubs de Chicago lo acaba de elegir el cabildeo del miembro Billy Williams, quien lo confesó cuando supo lo que, con seguridad, conocía de antemano: “lo hice porque era mi amigo…”

Aparentemente, un lobbysta sólido, categoría Cooperstown, tiene que ser alguien plenamente reconocido como inmortal por su clase atlética; es decir, una personalidad deportiva respetable “de la gorra a los spikes”, aunque en lo respetuoso a veces deje que desear. Lo último no es precisamente algo que identifique a Williams.

Posiblemente no baste ser decente en el sentido exacto del término, parco ante situaciones de escándalos propios o ajenos, incluso que evite la controversia tan del gusto del “amarillismo”; no, el amigo que pretenda conseguirle una entrada “de bolsa negra” a su par tiene que lucharla como se logra este tipo de boleto: con insistencia, con gritería y en disposición de “cantarle la Guantanamera” al que sea necesario.

En el Comité de Veteranos escasea el tipo de gente de influencia decisiva por la parte hispana; peor si se trata de cubanos, porque, y hay que tenerlo muy en cuenta, se habla de gente que no gozan de la aceptación y la popularidad que tienen los castristas, digamos que en individuos como Hank Aaron.

En la prensa hispana que trabaja en el sector en Estados Unidos no existe una representación cubana poderosa ni por el número ni por la personalidad ante acontecimientos de índole histórico; es decir, no hay “autoridades” y los descendientes de cubanos son apáticos ante la posibilidad de ver a Orestes Miñoso en Cooperstown.

Los ex peloteros cubanos del periodo profesional que se exiliaron son huérfanos en nacionalidad, por lo que tampoco tienen la institución (país y gobierno) que les respalde moral y oficialmente. Esta circunstancia se extiende al circuito de la Serie del Caribe.

Entonces hay que concluir que Miñoso nunca va a estar ahí por dos cosas: la primera, los amigos que puedan “manejar su caso” son exageradamente “buenas personas”, tal vez hasta con temor de que los encasillen en los grupos de “cubanos gritones” a los que se les desea que los boten para la Isla y eso no es “políticamente correcto” de acuerdo a ciertos intereses.

Lo otro, el Idolo del Perico nunca se ha dejado influir por tendencias revanchistas, escondidas en defensas trasnochadas de los derechos de los negros, que escaparon de las manos de esa consigna para descasar en las muy peligrosas de la corriente liberal de izquierda.

Sin embargo, Tiant y Oliva, que cumplen con la importante condición de apoyo al castrismo al abogar por la suspensión del embargo y el derecho a viajar sin restricciones a Cuba, se quedaron fuera. En el caso del habanero, por lo menos para este round, no le sirvieron ni el documental hecho en Marianao ni su amistad con John Kerry ni su apoyo al partido demócrata.

Yo no dudo, otro peligroso y comprometedor entredicho mío, que algunos importantes “viejos” de ese grupo, que también dejó a Jim Kaat  fuera con 283 ganados por Santo con 342 jonrones, 1300 impulsadas y .277 de promedio como tercera base, estén elucubrando la creación de un capítulo especial que incluya a Omar Linares y compañía. Por ser como son, nadie debe dudar de que suceda.

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