Asi se hizo la leyenda que pisotean hoy en Cuba

Por Andrés Pascual

El tiempo, o cambia las cosas, o las
hace verse desde otra óptica; en unos casos, adecuada a la circunstancia; en
otros, francamente fuera de tono…

En 1960, el gobierno de Fidel Castro,
que no podría competir nunca con el pasado beisbolero de la República a partir
de la suspensión definitiva del beisbol profesional, utilizó al Inmortal Martín
Dihigo para ejecutar una tarea que era un fraude mayúsculo: “hay que buscar la
masividad en el beisbol”, eso decían cuando, en el terreno de juego de todas las
categorías, actuaban más de 100,000 atletas a todo lo largo y ancho de la Isla,
con un campeonato nacional juvenil zonal que, en 1958, convocó a 150 equipos en
todo el país y sin incluir el movimiento Los Cubanitos, patrocinado
por los Cubans Sugar Kings; asi comenzo el Primer Campeonato Nacional de
1era. Categoría de la dictadura, que marchó independiente y paralelo durante el
último ano de la Liga Nacional Amateur, ya sin la Unión Atlética detrás. Juan Ealo, ex
jugador amateur y coach de preparación física de los Azules del Almendares,
estuvo a cargo de la organización del evento y, con visitas continuadas a los
municipios del interior, estimulaba la creación de equipos de localidades para
la competencia provincial. En Pinar del Río, por el municipio Los Palacios,
jugó Tony Oliva poco antes de ser firmado por Joe Cambria.

El objetivo de aquel campeonato fue el
de darle la impresión al pueblo de que se harían cosas superiores y mejores que
las que se habían hecho por el sistema capitalista; la realidad fue que todos
los cubanos de la época lo entendieron como el principio del fin del poderoso
béisbol cubano; indiscutible porque, el dominio en todos los circuitos y sólo detrás
de Estados Unidos en el rentado, nadie podía negarlo: juvenil, amateur y
profesional del área era el terreno del imperio cubano, que se encargaron de
derrumbar con las garras y la mala intención los “innovadores de la
destrucción”. Hasta hoy, lo único que han logrado es debilitar al pasatiempo
y confundir al publico a base de mentiras sostenidas durante 48 años. Ni más ni
menos que el pisoteo de la Leyenda…

Al pueblo se le adiestró en aplaudir a  lo único que tenía acceso; es decir, como en
el caso del boxeo, de la música, de la televisión…lo aceptaba porque no quedaba
otra opción; sería material de cuentos trasnochados pensar que, si el fanático
cubano hubiera tenido la posibilidad de ver a Tiant, a Versalles, a Cárdenas, al Haitiano…hubieran
preferido a Urbano González o a Aquino Abreu, que gozaron del relativo buen público
como amateurs antes de 1961.

Nunca en Cuba un pelotero de clase quedó sin
descubrirse por un scout; así, el que no jugó profesional fue porque no quiso
hacerlo, porque no tuvo la clase exigida por la categoria o porque temía fracasar, incluso porque no deseaba trasladarse a La
Habana; aunque, antes de 1945, hubo clubes profesionales en otras provincias.
El amateurismo tenía un matiz diferente, que le impidió al jugador negro actuar
en el campeonato de la Unión Atlética; sin embargo, en el de las Fuerzas
Armadas participaba, como también en el de Pedro Betancourt desde
1944.

La Liga Inter Fuerzas Armadas le dio
oportunidad de exhibir sus condiciones, antes de saltar al beisbol profesional,
a muchísimos jugadores negros o blancos de todo el país.

El General Sagua, villareño y uno de los
grandes peloteros independientes durante el período 1915-1925, conocido en
todos los rincones desde Oriente hasta La Habana, jugó muy poco como
profesional; mientras, el pitcher J.J Alvarez, de condiciones notables en
Camaguey y Oriente durante los 40’s y los 50’s, decidió no saltar y llegó con
más de 40 años al beisbol de Series Nacionales castristas durante su primera
etapa.

En la propia Unión Atlética se extinguió
el juego brillante y superdotado del mejor pelotero amateur cubano de todos los
tiempos, Antonio “Quilla” Valdés  que, nadie
sabe la razón, cada vez que mencionan a los mejores shortstops cubanos de la
historia, se le deja fuera y Quilla no solo era una maravilla en el fildeo;
sino que está considerado uno de los peloteros más inteligentes que haya jugado
en Cuba en cualquier época o circuito. Un pelotero completo y el mejor bateador,
durante más de 15 campañas de juego, de la Unión Atlética, primero con el
Circulo de Artesanos de la Liga Social y, después, con el Hershey unionista.
Quilla fue el cuarto bate de todas o casi todas las selecciones cubanas a
Series Mundiales o Juegos Centroamericanos a que asistió.

¿De qué procedencia social eran aquellos
sensacionales jugadores negros de la era pionera de “la bola muerta” en Cuba,
incluso posterior a 1919? Todos, excluyendo tal vez a Dihigo, de la más
absoluta pobreza; sin embargo, Mayarí Montalvo, “Bienve” Jiménez, Alejando Oms,
Champion Mesa, Méndez, Torriente, Bombín, Strike González…son parte de la gran
historia del beisbol nacional, a pesar de que la injusta barrera racial les
privó de jugar en el beisbol de los blancos americanos y de que fueran limitados en Cuba
solo al profesionalismo; porque la Unión Atlética se fundo en 1914 para
blancos de clubes sociales capitalinos, pero la Inter Fuerzas inició
hostilidades a principios de los 30’s organizadamente.

Hoy hay quejas en Cuba porque los
implementos para jugar beisbol escasean y esta es una de las justificaciones
que se usan para explicar el debilitamiento del juego en el país, cuando se
debería mirar hacia el detalle que casi nadie quiere oír allá; pero obligatorio
por su incidencia en el asunto, el político: nunca habrá profesionales con ese
régimen allí, luego se hace necesario cambiarlo de raíz; pero, si hubiera
profesionales con el sistema castrista, de poco serviría como estímulo, una vez
que nadie podría impedir que se quedaran viviendo en sus casas de mala muerte
durante el receso invernal, siendo robados hasta el último dólar de una y
mil formas que inventarían.

Antes de 1950, los jugadores pobres,
blancos o negros, mayormente veían un guante para jugar beisbol, o un bate por
primera vez, cuando estaban en edad juvenil y zapatos spikes cuando se
organizaban como profesionales o en equipos de localidades que el dueño vestía
y calzaba completamente.

Esos jugadores de la era de Méndez, del
Pájaro Cabrera, de Bebé Royer, de Bustamante hasta Huesito Vargas, Crespo,
Agustín Bejerano, los Correa, Miñoso…se hacían peloteros jugando descalzos, con
guantillas de lona hechas por ellos y con pelotas caseras confeccionadas por
ellos; para batear, cualquier gajo rústico trabajado a mano; pero, de vez en
cuando, iban al pueblo a ver a los profesionales y, cuando el dueño de la
farmacia hacía su novena para el campeonato municipal en invierno y se les
invitaba, les acompañaban uno o más de nivel profesional;  de esa forma, comenzaban a familiarizarse con el nivel
de juego superior.

Ninguna justificación ajena a la
desaparición del beisbol profesional de Cuba ni a la pérdida absoluta de la
clase general de la pelota de la Isla es valida hoy, tienen que cambiar de raíz el sistema
que logró poner en ridículo a la llamada Leyenda del Beisbol Cubano…Si
no se hacen cambios radicales en el cuadro, en el banco y en el bullpen
político de la Isla, el futuro del juego alla, como el de todo el pueblo,
todavía no es todo lo negro que promete.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: