Sin rivalidad historica evidente

                                                                                                                                                                                                                   Richie Ashburn, Phillies 1950

 

 

Por Andrés Pascual

Una de las cosas que “vende” en octubre
en cuanto a la Serie Mundial es la “rivalidad”; claro, la crónica de esta época
se limita a mencionar la palabra, dejando engavetadas las anécdotas, fotos e
imágenes fílmicas de los enfrentamientos entre clubes que se han medido una
buena cantidad de veces como para hacer interesante el choque, ¿Por qué  lo hacen? ¿Quién sabe? Pero es parte de la
diferencia con el diarismo de antes: estos, sin la computadora y otros recursos
modernos, serían “niños de biberón”, a los que la historia del deporte les
importa menos que una vaca muerta.

Los Filis de Filadelfia estuvieron por
primera vez en una Serie Mundial en 1915 y perdieron  4 juegos por 1 contra los Medias Rojas de
Boston; el club que representó a la ciudad cuáquera tenía un gran conjunto,
peloteros con rango de inmortales como Pete Alexander y Eppa Rixey en el
pitcheo, o con jugadores de posición del calibre de Dave Bancroft, Ed Burns,
Gawy Cravath, Fred Luderus o Bert Niehoff; pero no pudieron contra el Boston,
que estuvo liderado por Tris Speaker, al que todavía lo señalan algunos como al
mejor centerfielder de todos los tiempos, Harry Hooper, Everett Scott, Larry
Gardner o Duffy Lewis y los pitchers Rube Foster, Dutch Leonard y Ernie Shore
repartiéndose el trabajo y las cuatro victorias que obtuvieron.

En aquella Serie Mundial Babe Ruth fue
una vez al bate como emergente y falló en elevado a segunda. Woodrow Wilson,
entonces presidente de Estados Unidos, fue invitado a realizar el primer
lanzamiento del Clásico de Octubre, con lo que se convirtió en el primer
mandatario en hacerlo.

Los Filis necesitaron jugar hasta el día
final de la temporada de 1950 para poder ganar el campeonato de la Liga
Nacional contra los Dodgers de Brooklin en 11 peleados innings. Y fue un jonrón
de Dick Sisler, hijo del primera base George, inmortal de Cooperstown, lo que
decretó la victoria de Filadelfia en aquel memorable juego.

A la novena de los Filis de Filadelfia,
porque eran un grupo de jóvenes y talentosos jugadores, les apodaron “The Whiz
Kids”, entre estos, el centerfielder Richie Ashburn, cuyo nombre descansa en
Cooperstown; Del Enis, su principal slugger; Stan Lopata, catcher respetado;
Granny Hammer, Willie “Cabeza de Pudín” Jones, Andy Seminick o Eddie Waitkus y,
como lanzadores, uno de los mejores pitchers derechos de todos los tiempos:
Robin Roberts, con Jim Konstanty, que en aquella temporada ganó el MVP por un trabajo fuera
de liga en 74 apariciones de relevo, Russ Meyer, Bob Miller y Ken Heintzelman
completando el staff.

Como que el pitcheo estaba ligeramente
agotado para el primer choque de la Serie Mundial por el exceso de trabajo, el
manager Eddy Sawyer le dio la responsabilidad de abrir a Konstanty en la que
sería su primera apertura del año…

Los Yanquis de 1950 estaban dirigidos por
el Viejo Profesor Casey Stengel y su roster metía miedo: Joe Dimaggio, Yogi
Berra, Bobby “El Doctor” Brown, Phil Rizzuto, Johnny Mize, Hank Bauer, Gene
Woodling o Jerry Coleman entre otros… La serpentina estaban a cargo de Allie
Reynolds, de un ganador de 21 juegos, Vic Rachi, de Ed Lopat, de Tom Ferrick y
de un novato que se convirtió en el pitcher más joven en abrir y ganar un juego
de Serie Mundial: Whitey Ford, el símbolo del pitcheo de los Mulos de
Manhattan. Estos cinco lanzadores se repartieron las cuatro apariciones y las
cuatro victorias, con excepción de Lopat, que no ganó: 4-0 y 0.74 clp logró el
extraordinario staff de la era grandiosa de los Yanquis de Nueva York, una
barbaridad de equipo.

Konstanty lanzó bien el primer juego, pero
fue relevado en el 8vo y perdieron 0-1 por doble de Brown y dos flys de
sacrificio consecutivos.

Pára el segundo juego, los Yanquis ganaron
con otro apretado marcador de 1-0, esta vez AllieReynolds se impuso a Robin
Roberts.

Igual de peleado fue el tercer partido, con
los Filis utilizando a Heintzelman, Konstanty y Meyer y los Yanquis a Ed Lopat
y a Ferrick, que se llevó el triunfo. Fue otra barrida de los Yanquis que, como
era la norma entonces, mantuvieron el trofeo en Yanqui Estadio.

Los Yanquis y los Filis tienen la
posibilidad del “frente a frente” si ganan sus ligas este año.

Ahora, si logran estar en el Clásico de
Octubre, me da la impresión de que ganaría el que mejor pitcheo demuestre sobre
el terreno; aunque ambos clubes tienen una respetable artillería.

A pesar de que tanto los Yanquis como los
Filis son franquicias tradicionales y veteranas, con gran apoyo de sus
fanáticos, no tienen rivalidad histórica.

Caso de encontrarse en la Serie Mundial, aun sin legado de pelea que lo acredite, los Mulos no serían
favoritos por el tremendo staff de los Filis; pero, como son dos clubes poderosos,
quizás los más fuertes del beisbol, más el ansia de volver a tener a los
Yanquis en el evento que, como indica la experiencia, sin ellos no hay rating,
pues la serie podría ser no solo buena en lo deportivo y en lo artistico, sino necesaria a los efectos de
mantener vivo a un pasatiempo que casi boquea.

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