En Regla y en Santiago de las Vegas se jugo caliente

                                                                                          Gilberto jugó con los Rifleros

Por Andrés Pascual

Como que representaban a dos pueblos de
la periferia habanera, pues el juego y la fanaticada eran más compactos y
entusiastas y hablo de los clubes de la Unión Atletica Rifleros de Regla y
Atlético de Santiago los que, junto al Artemisa, el Hershey y el Matanzas,
jamás fueron abandonados por su público, depositario del  desconsuelo más absoluto ante la derrota o
del desborde de incomparable alegría por la victoria.

A finales de los 30’s y en los 40’s, un
Atlético que no podía ganar por la forma como se reforzaban los clubes de la
ciudad más los Azucareros del Hershey y el Matanzas, todavía mostraba que
estaban capacitados para dar bonitas batallas y caer como caen los peleadores
de verdad: en el último round y a sangre y fuego.

Fue la época en que las principales estrellas
del equipo que representó a la ciudad donde nació para Cuba el Día de las
Madres, eran el jugador del cuadro Ciro Nueva; el virtuoso de la defensa de la
inicial, Pedro Campos y el serpentinero Antonio Estrella.

El Atlético de Santiago de Las Vegas le
había reservado a su fiel y numerosa fanaticada sus momentos más vibrantes en
el juego para mediados de los 50’s, cuando ganaron, en 1956, el banderín del
circuito unionista con un club poderoso que, en la serpentina, contó con Yuyo
Rojas e Idael de la Paz. Casi toda la década el Atlético fue un serio  contendiente al título.

En 1929 el pitcher Mendizábal ayudo a los
Caribes de la Universidad a ganar el campeonato unionista; en 1932 estaba con
los Rifleros y ganó el campeonato de pitcheo del circuito y en 1934 contribuyó
a la victoria del club representante del ultramarino pueblo. En 1937 otro
“riflero”, Ignacio Ferrer, ganó el campeonato de los lanzadores.

Durante los 40’s, Orlando “Tango” Suárez,
el mayor de una dinastía de tres grandes estrellas del amateurismo nacional con
Antonio (Lindo) y Félix (Fello) y de un cuarto que se consideró un novato de
gran promesa de los Cardenales y del Almendares, Arnaldo, era uno de los
mejores receptores de la Liga, con un brazo que era un fusil y un mascoteo autoritario
y de personalidad; además, brillaba en esa etapa del Regla un jardinero que
había sido miembro del equipo nacional: “Cabito” López, de gran velocidad en
las bases; pero los Rifleros no regresaron al primer lugar del campeonato otra
vez desde 1934; no obstante, una de las grandes actuaciones de un pitcher
cubano en Serie Mundial, la ejecutó Lindo Suárez cuando, en Venezuela, se negó
a abandonar el montículo luego de embasar a tres y, en medio del griterío
enemigo logró el cero y, cada inning que transcurría, le señalaba al público
con sus dedos que los ceros iban cayendo religiosamente hasta que completó la
blanqueada.

Aquel equipo maracucho estuvo liderado
por el mismísimo Luis Aparicio quien, en poco tiempo, se convertiría en una
sensación con los Leones del Caracas, con el club Rapiños y con el Chicago
Medias Blancas. El intermedista Fello Suárez también integró equipos Cuba
durante los 50’s.

Regla y Santiago de Las Vegas fueron
importantes plazas de las que salieron grandes jugadores profesionales como
Gilberto Torres en el primero y, quizás, Panchon Herrera, que se crió allí,
como el más famoso de Santiago; pero Antonio Estrella fue un buen pitcher en la
Liga Cubana, en México y en las Menores. También José Ramón López salió directo
al Almendares desde el Atlético.

Depués, tanto en Regla como en Santiago,
la llama fanática, ajustada a una disciplina desconocida en Cuba primero y
rutinaria hoy, se apagó; así como la clase mayoritaria del beisbol de esos pueblos;
no obstante, Armando Capiró, que creció en la localidad, hubiera sido un émulo
de Panchón sin dudas…

Capiró fue otro crimen de esa
desvastación: jugador con tantas condiciones como el que más en toda la
historia del beisbol cubano.

Pedro Chávez, que procedía de la liga de Quivicán
con el equipo La Salud y del circuito unionista con el Atlético y con el
Artesanos, no fue profesional porque no quiso, luego no se puede colocar al
lado de jugadores como Capiró y Jorge Beltrán, que no les permitieron serlo y,
además, les fabricaron los problemas para engavetarlos en el rutinario apartado
“no persona”; aunque, en el caso de Armando, hayan pretendido crear una imagen
diferente, muy tardía y más perniciosa que si se hubieran mantenido en función
de inquisidores con el extraordinario pelotero.

Se acabaron los peloteros en Regla y en
Santiago de Las Vegas…los últimos de real clase salieron al terreno durante los
60’ y finales de los 70’s, lo mismo ocurrió en Regla con Hurtado y algún otro.
Pero, lo peor, que no se puede desvincular de la desaparición de aquella
importante fuente de jugadores en ambos pueblos, desapareció aquel público
alegre, fiel, delirante y conocedor que, al apoyar a su club, reflejaba el alma
nacional cubana a traves de su pasatiempo favorito, tan diezmado y pisoteado
hoy.

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