Eladio Secades, el Maestro de la cronica deportiva cubana

Por Andrés Pascual

 

Al panteón de las verdaderas glorias del
diarismo cubano pertenece uno de los mejores cronistas deportivos de la Mayor
de las Antillas, que ganara notoriedad internacional y un premio nacional de literatura
a mediados de los 40’s, por la publicación de Estampas de la Época, retazos
magistrales de la conducta y el modo de pensar del cubano tradicional,
descritos a través de la prosa más brillantemente humorista, burlona y
costumbrista que profundizara en algo tan simple y complejo a la vez como la
personalidad del criollo.

Eladio abandonó Cuba en 1962, porque se sintió
traicionado por el castrocomunismo, que se impuso a la fuerza sobre el
peligroso proceso revolucionario con el que simpatizó en 1959 y, todavía en
1960, le otorgaba el beneficio de la duda ante el rumor “de malas lenguas” de
que el comunismo, con todo su lastre de crimen, represión y esclavismo social
se imponía. Por tal motivo, cuando los Orioles de Baltimore, bajo una campaña
de apoyo efectuada por el receptor Gus Triandos, que había jugado en Cuba, se
negaron a realizar el entrenamiento primaveral de 1960 en La Habana, escribió
en su leído editorial deportivo “Tres Verdades”, de Bohemia, un artículo que,
poco después, los acontecimientos negaron de arriba abajo: “Campaña de injusto
descrédito”; todavía a principios de junio, cuando el Departamento de Estado,
por intermedio de su Secretario Cristian Herter, de Frank Schaugnessy,
Presidente de la Liga Internacional y de George Trautman, Presidente de los
Circuitos Menores del Beisbol Organizado determinaron el traslado de los Cubans
hacia Nueva Jersey, el Maestro Secades volvió a la carga por el lado equivocado
y escribió, también en “Tres Verdades”, “Un atropello la expulsión de los
Cubans”.

En septiembre se ordenó que ningún
jugador americano reforzara a clubes de la Liga Invernal y, en 1960-61, se jugó
solo con criollos un gran campeonato; pero, si algo estaba claro, era que los
americanos consideraron el asunto por el lado real: los lazos de amistad se
habían roto; la imposición del odio hacia el vecino del Norte cobró matices
alarmantes de aceptación por un pueblo al que se le desconocía semejante caudal
de bajas pasiones.

Entonces, como hombre inteligente, Secades
entendió que, quien estuviera acostumbrado al libre ejercicio del pensamiento,
no podía esperar más de aquello y se exilió vía México…

Ya había trabajado en el sector periodístico
en el país azteca  entre 1929-1934, donde
cubrió boxeo, beisbol y su pasión incontrolable, como apostador que también
fue, el Jai-Alai, del cual era un fenomenal cronista y al que Fausto LaVilla,
otro maestro del diarismo deportivo cubano, bisabuelo del ex jardinero zurdo
Luis González, bautizó como “El hombre que endiosó a Pistón”, por las crónicas
que le dedicó al extraordinario delantero de la pelota vasca, héroe de las
jornadas sabatinas habaneras de ese deporte.

Secades nació en 1908, en 1926 casó con
Carmen Torres, ese año debutó en periódicos de la época como reportero.  Fue Horacio Roqueta, uno de los pioneros del
diarismo deportivo, el que descubrió el genio tremendísimo del cronista y
escritor; quien lo puso en plantillas y al que Eladio se refería como “su
Maestro”.

Cuando regresó de México, tras un breve
tiempo como redactor, se hizo cargo de la jefatura de las páginas deportivas de
Alerta, sería hacia 1937 y, en 1940, comenzó a escribir las Estampas de la Época,
insertas en la literatura cubana como joya de valor singular por su agudeza
costumbrista.

Al recibir igual responsabilidad en el
Diario de la Marina, las Estampas continuaron escribiéndose en ese periódico.
Por esa época, era el jefe de la sección deportiva de Bohemia, hacia donde
llevó a un muy joven René Molina, su discípulo absoluto en la faena.

La capacidad y la originalidad para
utilizar la imagen y la metáfora en el deporte, única, le hacía describir
elementos del juego de pelota, del boxeo o del que fuera con frases como
“caballero del peto, la escafandra y la escobilla” para referirse a los umpires
del beisbol; o “jugadores de juego y sin alma”, para el pelotero que no metía
el cuerpo en el exigente beisbol invernal cubano.

El título que le puso a un artículo sobre
el boxeador cubano Florentino Fernández, también en Bohemia, hizo historia:
“Ningún boxeador cubano ha pegado así” y, cuando Pascual Pérez se metió en
problemas de cierta seriedad legal, que se iniciaron en el seno de su
matrimonio, lo que el cronista magistral escribió lo tituló, “Sube la guardia,
Pascual”

Banquete para los novicios y especie de droga
una vez que alguien lo conocía, confieso que leí todo lo que escribió en
Bohemia y muchísimo del Diario de la Marina y que, todavía hoy, busco y leo con
avidez de los archivos de Esto, de México, sus crónicas en ese periódico. Soy
fanático de Secades como nunca he sido de otro periodista ni de ningún atleta y
ni me arrepiento ni me averguenzo.

Con todas las Series del Caribe de la
primera etapa a su haber en esencia y presencia; con un caudal envidiable de
asistencia a peleas de boxeo, tanto nacionales como internacionales en Cuba, en
México o en Estados Unidos; con casi todos los juegos de la Liga Cubana y de la
Liga Nacional Amateur por más de 30 años; con gran cantidad de asistencia a
juegos de Grandes Ligas y como uno de los delegados de Cuba por la Liga
Invernal que asistieron en Miami a la constitución de la Confederación de Países
del Beisbol Profesional del Caribe y a la creación de la Serie del Organismo en
1948; sin dudas, fue una de las personalidades más respetadas en el circuito
regional procedente de la Isla.

A finales de 1959, ante los rumores de
que Bobby Maduro tenía intención de venderle al Cincinnati en 1960 a Leonardo Cárdenas,
a Borrego Álvarez y al  Haitiano
González, que habían sido baluartes del triunfo del club en la Pequeña Serie
Mundial, escribió un ácido material ante el rumor, que era cierto, contra el
que ripostó la franquicia de los Azucareros desautorizando al cronista a
participar en la reunión de invierno y en cualquier otra de las oficiales
durante la próxima temporada, lo que Eladio tomó con filosófica resignación y,
en otro artículo, luego de reflejar el incidente, concluyó que, “ si lo que
dije se refleja en la administración del equipo en algo positivo, si los Cubans
no resultan afectados en el terreno de juego, me dolería mucho no asistir a esas
reuniones; ahora, si la novena es lesionada por esos cambios de jugadores,
hechos solo para llenar los bolsillos de alguien, entonces bienvenida sea esa
prohibición que, a no dudarlo, yo sobraría ahí”

Eladio Secades estuvo 4 años en México
en su segunda etapa en ese país; en 1966 se trasladó a Nueva York, donde
trabajó en varios medios junto a sus amigos y colegas Pedro Galiana y Fausto
Miranda. En 1974 lo agredió el cáncer óseo, que lo colocó en tan precaria y deplorable
apariencia que no admitía visitas.

Bajo la administración de poderosos calmantes
para aplacar el dolor falleció, en 1976, al lado de Carmen, su compañera
inseparable por medio siglo, el más grande cronista deportivo cubano de todos
los tiempos; el hombre que describió como nadie la idiosincrasia del pueblo de
José Martí: Eladio Secades.

Todavía hay detalles, noticias de mal
gusto procedentes de Cuba sobre  Secades:
la tiranía, a través del falso rescate de valores importantes que han sido
objeto de prohibición, ha publicado una selección de las Estampas y no hay un
periodista o estudiante que no haya tenido que escribir algo sobre su grandeza
como regulador de un descubrimiento demasiado tardío, que tiene como objetivo único
el oportunismo comercial.

Como afrenta a su personalidad, pretenden
robarse para comerciarlas no solo su obra como usureros que son, sino su imagen
y su trascendencia, que les posibilite mañana acercarlo, de alguna forma, a la repugnante
y reaccionaria obra de Fidel y del Che; como son esos elementos ¿Quién lo duda?

 

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