Atmosfera rara y peligrosa

Por
Andrés Pascual

 

Al
magistrado, porque debe impartir justicia sin ninguna influencia ajena a la
verdad de los hechos, se le respetó siempre en cualquier instancia, a tal
extremo que, los hombres de negro y birrete en lo civil-contencioso, casi eran
temidos, aun por los que podían mostrar un expediente limpio como ciudadanos de
estricto carácter en el cumplimiento de la ley.

En lo
deportivo, a los hombres que deben decidir sobre la validez de la actividad,
también se les nombra árbitros, umpires, referís, jueces…

Ya
queda poco por decirse sobre las bondades de la agencia libre con los
jugadores: los millones están ahí, los contratos a largo plazo están ahí, el
mercenarismo deportivo está ahí…hasta los esteroides están ahí.

De lo
nocivo del “logro” presentado en sociedad por Curt Flood, se puede escribir
bastante, pero falta mucho camino por recorrer en cuanto a todo lo que
significa en la decadencia de un pasatiempo que, por la baja permanente en los
ratings del principal acontecimiento del espectáculo, la Serie Mundial, nadie
puede arriesgarse a llamarlo pasatiempo nacional.

A la
expansión se le culpa como a una de las incidencias en la pérdida de la calidad
del beisbol de Grandes Ligas: muchos equipos, muchos jugadores, mala
pelota…quizás, y a nadie se le puede acusar de nostálgico por “el buen tiempo
ido” ni como un loco ni como un irresponsable, cualquiera que lo diga tiene
razón, porque están actuando muchos peloteros no solo apurados, sin
experiencia, sino sin la clase que exige este nivel de competencia, que
provoca, a la vez, una catástrofe en las Menores, fracturando todas las
clasificaciones.

También por la expansión es que existen más umpires en grandes ligas, muchos de los cuales no están preparados para el nivel de juego, incluso no entienden ni lo que significa la proyección histórica de las Mayores; sencillamente, son malos, pero altaneros, capaces de imponer su equivocación supina como decisiones personales dignas de Robespierre ante el Ministerio de Salubridad en 1791 en Francia, con lo que embarcan lo mismo a un bateador, que a un pitcher que tiraba un juego perfecto, que a un club que lucha por la postemporada.

¿La
víctima-victimario?, el jugador de los tiempos modernos, protegido por una
Asociación Laboral considerada más poderosa que Teamster, porque sus
clientes-miembros son millonarios; respaldado por la Agencia Libre, que le abre
espacios a su sueño hecho realidad de ser “amo y señor de su destino”,
representado por pícaros, a la caza de cualquier hendija por donde colarse y,
como la termita, destruir las bases del Beisbol Organizado.

El
incidente del catcher de los Cardenales Yadier Molina, que explotó contra un
umpire sin ningún tipo de respeto por la “ley”, es el reflejo de la situación
en que está el juego hoy: él sabe que el tipo solo puede suspenderlo unos
jueguitos y, si las Oficinas del Beisbol Organizado lo multan, más gasta en un
restaurante que la cantidad que desembolsará por la penalidad.

¿A
dónde va aparar todo esto? Al basurero, entre millones, liberales y ladrones
anda un juego que está condenado desde arriba.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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