La verguenza de un pelotero: Willard Hershberger

Por Andrés Pascual

Bill
McKechnie sospechó que algo andaba mal, por eso envió al hotel en que se
alojaba el club al superfan Dan Cohen, que a menudo viajaba con el equipo, a
que localizara al segundo receptor, Willard Hershberger…

La
temporada de 1940 fue sensacional para el Cincinnatti Reds: ganaron el 2do.
pennat consecutivo de la Liga Nacional y sometieron al Detroit en 7 juegos en
la Serie Mundial; sin embargo, ese fue el año de la tragedia de Willard
Hershberger, por lo que la felicidad concluía donde asomaba su hocico el manto
de la tristeza.

El
31 de julio de 1940, el Cinci estaba en primer lugar y se disponía a jugar en
Polo Grounds contra los Gigantes; esa noche, con el mejor ganador del club
durante la temporada en la trinchera, Bucky Walters, llegaron al noveno con
ventaja 4-1; pero, cerrando la entrada, los neoyorquinos se sublevaron,
empataron a 4 y se llevaron la victoria por un jonrón del receptor Harry
Danning.

La
derrota afectó duramente al catcher que recibió el juego, el suplente Willard
Hershberger, porque, según él, era el único culpable del cuadrangular de
Danning, tradicionalmente un fácil out contra Walters, porque le había pedido
un lanzamiento equivocado al pitcher. El individuo estaba abochornado; peligrosamente
abatido por la vergüenza, solo comprensible por los atletas de alto perfil
moral que se han sentido responsables absolutos por una derrota en el juego
colectivo.
Ninguna muestra de consuelo por sus compañeros logró despejar los
sentimientos auto-incriminatorios de la mente de Hershberger.

Sin
dudas que el jugador tenia problemas de depresión. Dos días después, en Boston,
recibió en el segundo juego de un doble y se fue sin hits en 5 oportunidades,
en ese momento promediaba sobre .300, además, aparentó estar ausente del
partido: un machucón delante del plato lo sorprendió y no hizo esfuerzos ni por
perseguir la pelota. En el dugout, el manager le preguntó si había algo mal, a
lo que respondió, “Puedes apostar a que sí, después te cuento”.
McKechnie llevó a Hershberger a cenar y quedó estupefacto cuando este le
dijo que estaba considerando el suicidio. Los dos hombres estuvieron hablando
durante casi toda la noche y, cuando se retiraron a sus habitaciones, el
director consideró terminada la depresión del jugador.

Al
día siguiente, los Reds jugaban otro doble partido y Hershberger desayunó con
el editor deportivo del Cincinnatti Enquirer, Lou Smith, quien declaró después
que le había visto “en buen espíritu”.

Pero, cuando el club arribó al estadio,
Hershberger no estaba para tomar su prácticas de bateo y Gabe Paul, Secretario
de Relaciones Públicas, lo llamó por teléfono para conocer la causa, “Me siento
mal de salud”, respondió y Paul le ordenó que viniera al parque, que no tenía
que vestirse para jugar ese día…fue la última vez que alguien habló con el
catcher.

Dan
Cohen llamó al pelotero cuando abrió la puerta de la habitación y no recibió
respuesta, entonces pasó al baño y se lo encontró en un charco de sangre dentro
de la bañera…Hershberger se había degollado con una navaja.

En
1940, Willard Hershberger no solo era el más confiable y mejor suplente de
Ernie Lombardi, sino un buen bateador que promedió .300 cada año que jugó
parcialmente, al momento de la tragedia lo hacía para .309; pero, sobre todo,
era el más popular del club, un individuo que demostró, a través del suicidio,
lo que deben significar la moral deportiva, la vergüenza y el amor, tanto por
el club, como por el público.

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