En Cuba le llamaban “Papa Joe”

Por Andrés Pascual

El primer pelotero que firmó el
cazatalentos Joe Cambria en Cuba fue al antesalista matancero Roberto “Tarzán”
Estalella, que en la liga cubana jugó con los Monjes Grises del Marianao;
Estalella actuó en Grandes Ligas con los Senadores de Washington y con los
Elefantes Blancos de Connie Mack, los Atléticos de Filadelfia…El último enviado
al Beisbol Organizado por el Super-scout, que tanto hizo por el beisbol cubano
a través de los Nacionales de la ciudad capital norteamericana, posiblemente
fue su mejor descubrimiento: Tony Oliva.

Cambria firmó a más de 400 cubanos para el
beisbol americano, la mayoría no alcanzaron el nivel de liga grande ni de clase
A, doble A o triple A: alrededor del 55 % permanecieron por poco tiempo en las
desaparecidas B, C y D para equipos como los Broncos de Big Spring, de la
Longhorn League en Texas, parada casi obligatoria de todos los jugadores de la
mayor de Las Antillas que entraban bajo contrato del Washington al Beisbol
Orgsanizado.

Nacido en Italia en 1890, creció en
Baltimore y operó una Tintorería que tuvo como vía de sustento con relativo
éxito

Es curioso que los dos primeros jugadores
cubanos que jugaron en las Mayores fueran firmados por Clark Griffith: Armando
Marsans y Rafael Almeida debutaron con los Rojos de Cincinnatti el 4 de julio
de 1911, mientras actuaba como manager de ese club, precisamente, Griffith.

En 1912, el Viejo Zorro cambió de
Cincinnatti a Washington como director, al equipo lo apodaban los Nacionales y,
en 1919, compró la franquicia y  ganó la
Serie Mundial de 1924 y la Liga Americana en 1925 y 1933. En 1934, porque el
club concluyó en un decepcionante 7mo. lugar, Griffith lo desmanteló, sin
detenerse ni ante su propio yerno y posterior Salón de la Fama, Joe Cronin,
jugador/director a quien envío a los Medias Rojas de Boston.

Ese ano, 1934, Griffith contrató a Joe
Cambria para que fuera su principal cazatalentos y se ocupara del mercado
cubano, considerado por el Senador-Jefe, que lo conocía bien, como abundante en
talento con posibilidades de ascenso a las Mayores y no se equivocó con la
decisión; porque, la función de Cambria en Cuba le produjo a Griffith una
cantidad notable de bigleaguers, algunos de ellos como Camilo Pascual, Pedro
Ramos, Mike Fornieles…quienes, por elegir al Washngton sin esperar una opción
mejor, perdieron la posibilidad de jugar para otra Organización de más fuerza
y, por consiguiente, más dinero que la que representó Papa Joe en  la Isla. Tal vez Camilo Pascual no haya
podido lograr números impresionantes por sus 8 rotundas campañas perdedores,
desperdicio monumental, con “los primeros en la guerra y en la paz; pero
últimos en la Liga Americana”

El beisbol no era nada nuevo para Cambria,
que había sido dueño de los Senadores de Albany clase A y del Baltimore Black
Sox de Ligas Negras, como después alentara la creación, con quienes tuvo
participación inversionista, de los Havana Cubans de la Liga de la Florida
clase D. El ítaloamericano era un individuo de “vista larga y buen olfato” a la
hora de observar a jugadores noveles o de campo amateur, así que, con esas
herramientas a la mano, se continuó escribiendo, a ritmo acelerado, el libro de
la leyenda del beisbol cubano, cerrado en febrero de 1961, con el
descabezamiento arbitrario y unipersonal del profesionalismo, por obra y gracia
directa del tirano.

A Cambria le adjudican la posesión en La
Habana de una pequeña cadena de bares y un restaurant conocido como Triple A
cercano al Estadio del Cerro, administrados por el ex catcher Modesto Pérez,
así como su participación en la propiedad de los Havana Cubans, lo que le
sirvió de excusa al profesor universitario de
por acá, devenido historiador del beisbol cubano, Roberto González
Echevarría, para referirse a esas propiedades como “controversiales de período
post-guerra”… ¿Controversiales por que? La controversia debió observarla en
alguno de sus muchos viajes a Cuba con la “participación española o italiana”
en hoteles, bares, cabarets…verdaderos antros de prostitución y drogas,
consentidos y manipulados desde las oficinas del Consejo de Estado y del Buró
Político del Partido y, eso, no lo he oído ni leído, escrito por él,
nunca…Una palabra, una sola, es peligrosa de acuerdo al contexto; peor a
quienes se dirija.

Otra de las cosas dichas como ataques
contra Cambria, facturadas aquí y enarboladas como parte de la bandera
castrocomunista allá para justificar el descabezamiento de la pelota
profesional, es que sonsacaba a jóvenes que trabajaban en los campos de caña de
azúcar para traerlos hacia Estados Unidos por, más que bajos, miserables
salarios, sin antes prepararlos para enfrentar el fenómeno del racismo…Ni los
salarios eran miserables para alguien que en Cuba era un jornalero agrícola ni
la mayoría provenía de los campos de caña ni se hubiera podido hacer algo
aunque se hubieran graduado de universidad con tesis sobre el racismo
americano, porque, de todas formas, el racismo estaba ahí, ni ninguna fuerza
humana hubiera evitado que aquellos jóvenes probaran fortuna en el beisbol
rentado, triunfaran o no, lo que solo se comprobaba si saltaban.

A Joe Cambria, al americano bajito de H.
Upman # 5 en la boca; siempre con guayabera, corbata-lacito negro y sombrero de
pajilla, como cualquier cubano que se preparaba, dominicalmente, para asistir
al club gallístico, los peloteros cubanos, que le querían y a los que defendió
y protegió con lealtad de padre, le llamaban Papa Joe.

Cuando, en 1951, contrató al inicialista
que jugó para los Tigres de Marianao, Julio Bécquer, lo hizo por sugerencia de
Papa Montero, Adolfo Luque, quien fuera su gran amigo desde los 30’s y, cada
vez que se presentó la ocasión, escuchó a otros ex jugadores que le sugerían
que “observara a aquel muchacho”; así llegó a Tony Oliva, por intermedio del ex
jugador del Cienfuegos Roberto Fernández Tápanes, al que firmó en tryout en el
estadio Borrego, de Pinar del Rio, a principios de 1960.

En 1950, 43 cubanos y once latinos habían
aparecido en Grandes Ligas, muchos de “factura cambriana”, entre ellos, el
legendario pitcher venezolano Alejandro “Patón” Carrasquel; pero, como
contribución exclusiva a su caudal de superscout, también Babe Phelps, Mickey
Vernon, Cal Ermer, Walt Masterson, Pete Runnels y Jake Powell  entraron al beisbol porque firmaron un contrato
propuesto por Joe Cambria.

A Papa Joe lo relacionan con la mentira
que la izquierda liberal americana lanzó como contribución a proyectar la
imagen del tirano de Cuba en este país a través del deporte, una especie de
“gracia” de mal gusto que, ni el propio dictador se ha atrevido a repetir, con
base en que fuera observado, como “diamante sin pulir” por el gran escucha,
para la posición de lanzador: Castro fue un paquete que no jugó 20 partidos de
pelota con organización ni colegial, al que Cambria jamás se refirió como un
posible miembro de la Organización del Washington, de acuerdo al material que
mostraba. Pero, la mala intención de las fuerzas que le mantienen allí, con
apoyos como ese desde aquí, casi han creado un mito del asunto.

El domingo 9 de diciembre de 1961, se
produjo la ultima asistencia de Joe Cambria a un campeonato de pelota cubano
con el objetivo de evaluar jugadores amateurs, fue al Campeonato Inter Granjas
PR-2, conocido como “de Guerra Matos”, en el pueblo San Cristóbal, de Pinar del
Río; allí firmó a un pitcher de apellido Merejos, de San Juan y Martínez, y a
otro nombrado Lázaro Pérez. Yo estuve a su lado aquella tarde y le seguí hasta
que, frente al parque del pueblo, abordó su Cadillac negro rumbo a La Habana.

Papa Joe, el americano que contribuyó
tanto como el que más con la construcción de la única leyenda beisbolera
allende las fronteras de Estados Unidos, falleció en 1962 y, hoy, ningún cubano
de nuevas generaciones en la Isla ni le conocen ni, mucho menos, le reconocen
como lo que fue: uno de los padres del otrora poderoso beisbol cubano.

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