Lo mejor de Cuba es Papa Montero

Por Andrés Pascual

El mejor pitcher cubano de la historia
es Adolfo Luque; ya no puede optar por Cooperstown, pero merece el nicho allí
por encima de Miñoso, de Oliva, de Tiant y del Caballero Oms, casos que se
manejan como injusticias de concepto, aunque ni raciales ni políticos, que nada
tienen que ver con eso: primero que Tani Pérez, que Méndez y a la vez que
Torriente, quienes, por estar instalados ya en el panteón de los inmortales del
pasatiempo, por negros y cubanos, niegan cualquier apreciación arbitraria
creada por confusiones gratuitamente provocadas.

Si hubiera tenido más suerte en sus
primeros 15 años en Grandes Ligas, como militar en un equipo más bateador,
capaz de haberle respaldado en la faena, posiblemente fuera el mejor pitcher
hispano sin discusión y con mejores números que todos en ganados y perdidos,
porque con Luque hay un dilema, la época que le tocó jugar hace la diferencia.

Nació en La Habana el 4 de agosto de 1890
y se inició en el beisbol en la tercera base del club Vedado en 1909. En 1912,
Agustín “Tinti” Molina, director del club de la liga cubana “Fe”, mostraba un
especial interés por el antesalista aficionado; sin embargo, porque pertenecía
a las Fuerzas Armadas, se dificultaba su contratación, lo que hizo necesaria la
participación del ex pitcher almendarista Carlos Maciá, por entonces auditor
del cuerpo militar.

Cuando Luque comenzó como profesional en
la tercera base del equipo que tenía a Julián Castillo como cuarto bateador,
jugaba a su lado, custodiando el campo corto, otro inmortal del beisbol cubano
como catcher, manager y propietario: Miguel Angel González quien fue, además,
el segundo hispano que vio acción en una Serie Mundial con los Cachorros de
Chicago en 1929.

Papa Montero debutó en Grandes Ligas con
los Abejas de Boston en 1914, con quienes estuvo también en 1915; en 1916-17 no
actuó en las Mayores.

Durante la temporada de 1918 se produjo el
regreso del cubano a las Mayores, formando parte de la rotación de los Rojos de
Cincinnatti. Esa campaña tuvo récord de 6-3 y efectividad de 3.80.

En 1919, contribuye para que el Cinci gane
la Nacional con 9-3 y 2.63 y enfrente al poderoso Medias Blancas de Chicago de
Shoeless Jackson en la Serie Mundial, lo que le convertiría en el primer hispano
en actuar en el evento.

Fue el año en que se decidió el Clásico de
Octubre por el arreglo de juegos de 8 peloteros del club de Comiskey, que
provocó la contratación de un Comisionado independiente al frente del juego y
la posterior suspensión de por vida de los implicados.

El habanero vio acción en dos partidos como
relevista, considerables en el rango de soberbias por lo casi perfectas: cinco
entradas, cero carreras, un hit, cero bases por bolas y 6 ponches.

En 1920, 13-9; pero mantuvo su extraordinario
promedio de limpias con 2.51; en 1921 se produjo la que Luque consideraba su
mejor temporada, al concluir con 17-19 y 3.38 clp, pero con 11 juegos perdidos
por una carrera; en 1922, 13-23 con 3.31 y 1923, hasta hoy la mejor temporada
de un pitcher hispano en los anales de las Grandes Ligas, al compilar 27-8,
mayor cantidad de ganados por cualquier latino en ambas ligas y .771 de
promedio de ganados y perdidos, líder de la Nacional; así como con 1.93 clp
además de, como había resultado en 1921, en lechadas con tres.

En 1925, 16-18 pero ganó el liderato en clp
con 2.63. Tanto en 1921 como en 1923 y 1925, el Cincinnatti no tuvo un solo
bateador sobre .300 lo que ratifica las actuaciones de Luque como soberbias y
monumentales.

En 1930 fue enviado a los Dodgers de
Brooklin y en 1932 a los Gigantes de Nueva York, con los que se inscribe como
el pitcher de más edad en ganar un juego de Serie Mundial, al lanzar 4.1
entradas contra los Senadores de Washington en 1933 sin permitir carreras, con
dos hit, 2 bases por bolas y cinco ponches. Al momento de ganar este juego,
Luque había cumplido 43 años y dos meses.

En 20 temporadas, ganó 193 juegos y perdió
179; su efectividad fue de 3.23 con 28 juegos salvados como relevista, 26
lechadas y 3 liderazgos en ese departamento, 1921, 1923 y 1925.

En la Liga Invernal Cubana actuó entre
1912-1938 con record de 93-62. En 1917, ganó el campeonato de bateo con .355 y
los renglones de juegos lanzados con 9, completos con 6, ganados con 4 y
lechadas con 2.

Fue miembro del primer equipo de
propiedad cubana con jugadores de la Isla en el Beisbol Organizado, cuando el
Doctor Carlos Henríquez adquirió el Long Branch, en 1911, de la entonces
recientemente formada liga Nueva York-Nueva Jersey.

Trabajó como coach de lanzadores de los
Gigantes durante 8 años. En Cuba ganó 8 campeonatos como manager con el
Almendares y con el Cienfuegos y en Méjico con los Pericos de Puebla.
Según me contó Andrés Fleistas, el tremendísimo Ramón Bragaña, una vez
aclamado por el público mejicano como el mejor pitcher cubano jamás nacido en
una celebración en el estadio del Seguro Social, se dirigió así a sus
fanáticos: “Querido público, tan querido como el cubano, no saben cuánto les
agradezco que me coloquen en ese sitio; pero yo no puedo ocupar esa silla, que
le pertenece a Adolfo Luque, muchas gracias en el nombre de él y en el mío
propio…”

Luque falleció en La Habana, el 3 de julio
de 1957, de un infarto cardíaco. Tenía 66 años.

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