La pelota loca y el pelotero bruto
Por Andrés Pascual
En
1944 los Browns de San Luis valían algo más en el mercado que los Alacranes del
Almendares; a fin de cuentas, el club añil, símbolo eterno de la verdadera
pelota cubana, era propiedad de 10 millonarios que tenían más dinero que el
dueño del equipo instalado en Missouri.
Sin
embargo, ese año ganaron la Liga Americana y perdieron la Serie Mundial contra
los Cardenales.
¿Cómo
pudo ganar aquel club sin ningún astro en su plantilla? Sencillamente, porque
en la pelota gana el que mejor juegue y no el que más nombres “importantes”
incluya en su róster ni el que más haya abultado su nómina.
El
Cleveland de este año tiene al mejor shortstop de la actualidad en el venezolano
Asdrúbal Cabrera, completo, en la línea de los grandes de la posición que
engrandecieron Aparicio, ayer; Concepción, después y Vizquel siempre. Pero
ningún otro jugador puede coquetear con lo mejor y más completo de esta campaña
en esa novena; entonces, ¿Por qué ganan?
Porque el team-work, el dar lo mejor de sí de cada uno a través del
juego alegre, seguro y agresivo, deciden tanto que le han cambiado la cara al
equipo.
¿Bueno y…los Piratas, que coquetean con la cima de su división junto a
un Cincinnatti tan sorprendente como ellos? Por lo mismo…
Alguien que sabe lo que dice, veterano del micrófono, me dijo que “esta
pelota está loca”, yo no lo repito afirmativamente, porque sería minimizar la
actuación de los clubes que no solo están jugando un buen beisbol, sino que
alegran la competencia y amplían las esperanzas de su público natural; los que,
además, ponen en entredicho el desempeño irresponsable y poco serio de los
nombres con salarios enormes que, por la apatía que demuestran muchos, por lo
que frustran rutinariamente, parece que se los roban.
Quizás estén jugando por encima de sus posibilidades, pero han
demostrado en el terreno que la determinación y la pasión no pueden faltar en
la buena actuación, se gane o no: sin pasión no hay juego, por lo que sería un
crimen demeritar el desempeño de esas franquicias al sugerir que la pelota está
“desequilibrada” y, después, tratar de aplicarle un electroshock deportivo de
crítica destructiva para crear un estado de opinión peligroso y conflictivo.
Sin
embargo, para recordarnos en qué tiempos estamos, hace una semana un campo
corto de nombre grande fildeó un rolling con un out y se dirigió hacia segunda
para forzar al corredor que nunca existió, porque la primera estaba desocupada;
después, ese mismo jugador volvió a fildear y, en vez de efectuar el disparo a
primera, salió corriendo con la bola en la mano en una especie de competencia
bruta y de mal gusto, a ver quién llegaba primero si el corredor o él.
No
hay jugadores ni en Pittsburg ni en Cleveland ni en Cincinnatti que hayan
jugado así este año; posiblemente tampoco en el San Luis Browns de 1944.
Para
ganar en este juego no cuenta la posibilidad de ser elegido mañana a
Cooperstown: se juega bien o no se gana, como quiera que se llame un jugador y
por encima de lo que le paguen.