El Juego de las Estrellas no le importa a ningun jugador estelar

El Juego de las Estrellas le importa poco a los
jugadores establecidos de hoy, como Dereck Jeter, que no va a estar ahí con sus
más de 3,000 hits; o como a Josh Beckett, que el Bostón informó que “está en
duda su participación”.

Alex
Rodríguez tiene un desgarramiento en el menisco…en los últimos 20 años, o la
Liga Nacional o la Americana, han iniciado sin el pitcher elegido como # 1
alguna vez, ahora mismo, recuerdo a Gregg Madduxx…

A la
hora de hablar de récordes o de actuaciones dignas de tenerse en cuenta como
difíciles de romper o de igualar, casi siempre viene al caso la racha de juegos
seguidos bateando de hit de Joe Dimaggio o el último promedio de .400 de Ted
Williams (ambos en 1941) que, en realidad, son más monumentales e imponentes a
medida que pasa el tiempo.

El
Juego de las Estrellas, esa fiesta que algunos llaman Clásico de Verano, tiene
más de 75 años de vida: el 1ero. se efectuó en Comiskey Park, Liga Americana,
en 1933 y se convirtió en leyenda más que por ser el primero, porque el pitcher
de los Gigantes, Carl Hubbell, Rey del Tirabuzón, ponchó consecutivamente a Lou
Gerigh, a Babe Ruth, a Jimmie Foxx, a Al Simmons y a Joe Cronin, todos, como el
propio lanzador, inquilinos de Cooperstown.

Antes
era un verdadero honor ser elegido y, yo no sé por qué, estaban allí “a la hora
señalada”, sin excusas ni pretextos.

En
1945 se canceló por problemas con el transporte y, en 1961, en Fenway Park, se
concluyó empatado por la lluvia en 9 entradas; pero en el 2002, por orden del
Comisionado, el encuentro se convirtió en algo sin sentido de la competencia
cuando, al vaciarse los bullpens de ambos clubes, se decretó blackout en el
onceno.

Para
estimularlo, impusieron desde el 2003 la ventaja como sede de apertura de la
Serie Mundial a la liga que gane el juego de estrellas; antes era alternativa.

Desde
1985  se celebra la competencia de
jonrones el día previo al partido.

Nadie
puede dudar que hoy se gastan el dinero en festejos fastuosos; que esos dos ó tres
días son parte de la memoria permanente de quien los viva y disfrute…Es la
verdadera aplicación del concepto de Bill Veek de que “cada fanático un rey,
cada juego un carnaval”.

Los
jugadores bisoños de hoy, de primer año, se fascinan; o aquellos que saben que
fue un milagro de la Providencia que estuvieran en racha en junio y se les
seleccionara. Antes, para Williams fue un acontecimiento de “niño con juguete
nuevo” y para Musial, Aaron, Mays…año tras año.

En
esta era (nadie me puede convencer de que esté equivocado), para los
superpeloteros de esteroides y HGH, de mucho dinero y poco alma; de absoluto
irrespeto por el público, en especial por los niños que los adoran, el juego de
estrellas debe ser como una especie de pesadilla de media temporada; a fin de
cuentas, “no da dinero” y hay que lidiar con “ese público antipático” y con la
prensa con cara hipócrita de buena gente.
Revise cuántos jugadores iniciaron la temporada en lista de enfermos y a
cuántos han ido adicionando o recayendo en la lesión hasta hoy; a pesar de las
dietas, de los sistemas de preparación, de spikes que se “agarran” más al
terreno y de terrenos-platos que ni piedras tienen; a pesar de que un
outfielder se desliza desde el left hasta el center con el pecho y no se corta
ni se hinca; a pesar de que las cercas son más mullidas que un colchón King de
jet-set. A pesar de todo se lesionan en cantidades más que sospechosas… ¿Por
qué ocurre eso hoy?
Pero le voy a apostar algo, ¿A que el martes no se lesionará ninguno?
Esto, todo, alrededor del Juego de las Estrellas, es un relajo sin forma humana
de que se pueda imponer el concepto de responsabilidad individual sobre los
jugadores que deben asistir por voto fanático.

Al
principio me referí a los llamados récordes difíciles o inalcanzables que
quedan, de 60 ó más años de duración, a los que les incluyo las 191 carreras
impulsadas de Hack Wilson en 1930.
Sin embargo, los 24 juegos de estrellas jugados por Stan Musial y sus 6
jonrones en este tipo de encuentro son, sobre todo la primera, las marcas más
difíciles de romper que tiene el beisbol; porque, con el asco que sienten los
peloteros modernos por el evento, dudo mucho que ninguno alcance a jugar en 15.

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