julio 2011

El capitan indicutible de los Yanquis de Nueva York

Por Andrés Pascual

 

Como en todo juego de conjunto en el
deporte profesional, el responsable de la victoria o de la actuación memorable
en rango de consuetudinaria repetición, año tras año, no es el jugador; la cara
que no se ve, que en el béisbol no aparece encabezando el titular de la mañana
por la atrapada monumental, o por el batazo clave que decidió el juego, está en
las oficinas: la administración, que hace efectiva a una franquicia, a una
liga, incluso al deporte…

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Eladio Secades se revuelve en su tumba

Por Andrés Pascual

 

Al panteón de las verdaderas glorias del
diarismo cubano pertenece uno de los mejores cronistas deportivos de la Mayor
de las Antillas, que ganara notoriedad internacional y un premio nacional de literatura
a mediados de los 40’s, por la publicación de Estampas de la Época, retazos
magistrales de la conducta y el modo de pensar del cubano tradicional,
descritos a través de la prosa más brillantemente humorista, burlona y
costumbrista que profundizara en algo tan simple y complejo a la vez como la
personalidad del criollo.

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El jugador cubano de los 60’s

Por Andrés Pascual

La pelota de la década de los 60’s no era
lo mejor que el público cubano podía disfrutar; porque los grandes peloteros
criollos de la época estaban fuera de Cuba jugando como profesionales en
diferentes circuitos del Béisbol Organizado; se incluyen en el grupo de
peloteros de Grandes Ligas y Triple-A a varios que no se les conoció
nacionalmente, de La Habana o del interior, porque nunca jugaron en el champion,
como José Cardenal, Tito Fuentes, Tani Pérez, Tony Oliva… o como el catcher
Paulino Casanova, que quedó en el círculo de espera del Almendares para batear
como emergente, cuando Enrique Izquierdo se convirtió en el ultimo out de la
gloriosa Liga Cubana.

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Los records y el tiempo

Por Andrés Pascual
Cuando Ted Williams bateó .406, en 1941, fue un acontecimiento. No hay
dudas de que ese ha sido un guarismo respetable siempre; tanto que solo
algunos, como por decreto divino, han podido lograrlo.

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El beisbol, arma de la tirania para dividr al pueblo cubano

Publicado el 22 enero, 2011 por Andrés Pascual

El caso cubano es especial: una tiranía que le corroe el tuétano a la nacionalidad, que ha sido capaz de dividir el país, con toda intención, a efectos de obstaculizar la unidad necesaria para combatirla…

¿Elementos que utiliza? Todos…Por eso, porque Cuba es un país sin un ripio de libertades ni de soberanía individual, es por lo que no le aplica el gastado concepto de separación de lo político de lo deportivo, bueno y efectivo en las sociedades libres, en las cuales el factor mediático nunca se haya visto censurado, de forma tan bestial, como en la sociedad cubana durante medio siglo; si no, piense en esto: el castrismo no habla de sus abusos ni de los problemas que han ocasionado la decadencia del, una vez, deporte nacional en la Isla a extremos ridículos; entonces, ¿Debe permanecer indefensa la pelota cubana, los peloteros cubanos, porque simpatizantes del sistema, bien encubiertos como desafectos, quieran oír o leer otra cosa? No, el que quiera que no se mezcle lo político con lo deportivo, en una versión muy libre de adaptación, que lea el exiguo, famélico y mentiroso ariete contra la verdad, el Granma, o el Nuevo Herald.

 

El beisbol cubano y la parte que lo merece de esa población que sufre y espera, necesita voces favorables como ataques a la tiranía desde todos los frentes, gústele o no a quien sea. Aquí, por ser un país de amplio concepto de la libertad, las opciones sobran; entonces, cuando le moleste el ataque a Castro, que se supone que le sacó del país por razones válidas, si es que existen, pase la página y diríjase a otro tema y a otro autor. Es solo una sugerencia.

Los administradores y dueños de la  Liga Cubana, con intención o sin ella, nunca contribuyeron a la división de la sociedad desviando hacia una guerra regional el fanatismo por provincias: los clubes de aquellos torneos se confeccionaban, cada uno de ellos, con peloteros de todas las provincias mezclados.

Castro llegó al país para destruirlo y cambiarle hasta la forma de caminar al cubano en virtud de intereses muy ajenos al normal funcionamiento de la relaciones fraternales: como elemento de importancia capital para sus intereses de permanecer, por siempre jamás, como dueño hasta del aire que se respira, fomentó la división más absoluta entre los cubanos, punto de partida en la forma como se ha podido someter al esclavismo a toda la población y crear la duda y la desconfianza entre los individuos, arma de contención, de la obligatoria unidad organizada para combatirlo.

Mientras más tiempo pasa y más se conoce sobre las interioridades del castrocomunismo, menos espacio le queda a la especulación y, cualquier juicio, por descabellado que hubiera sido, emerge como una verdad contundente: el experimento ha sido terrible, más en lo moral que en lo material; todo se ha hecho con la mala voluntad de estos hunos de no tan reciente edición a estas alturas que, al revés de los verdaderos, no voltearon la espalda ante la civilización romana, acaso sobrecogidos por la diferencia cultural convertida en abismo infranqueable; no, estos se quedaron a pisotear con sus patas asquerosas y a destruir con sus garras cochinas a una nación que merecía mucho más que lo que el destino le colocó en su camino.

El formato de Series Nacionales tiene que haber sido elucubrado dentro de los cánones del diseño de la división de la sociedad cubana, por especialistas del aparato político y de la seguridad del estado castristas. No hay otra forma de verlo; porque ha disparado en espiral y en niveles nunca sospechados en Cuba, un odio brutal entre el oriente y el occidente del país…

La guerra fratricida de sentimientos y palabras entre habaneros y orientales es uno de los crímenes del castrismo a su favor, con apoyo absoluto en el juego de pelota: orientales y habaneros aparentan dos naciones en guerra a muerte por circunstancias de nivel radical-extremista. La pelota, con la representación de cada provincia en las series de Castro, es un teatro de enfrentamientos que escapa del terreno de juego y se proyecta sobre la población en su totalidad.

Al tirano no le interesa la pelota; pero odia tanto a La Habana como a Oriente con un tipo especial de odio que abarca a la República.

La Habana y Oriente son dos provincias de tanta importancia histórica en la lucha por la libertad de Cuba, que no pueden considerarse enemigas entre sí; porque este enfrentamiento se alimenta diariamente desde hace 50 años, se ha complicado la lucha y la posibilidad de alcanzarla.

Industriales, Serranos, Vegueros, Santiago, Ciego de Avila…han sido, a través del beisbol y como parte de una estructura ideada para liquidar la unión necesaria, laboratorios ideológicos devenidos pruebas contundentes de hasta dónde puede llegar una dictadura experimentando con el odio impuesto; a fin de cuentas, esos equipos de pelota fueron, son y serán el elemento ambivalente que, de una parte, con febril fanatismo, se sigue por una población a la que le queda muy poco espacio de juicio propio.

De la otra, representan un arma más del castrocomunismo contra la posibilidad de que el cubano, en medio de la hermandad más absoluta, se reconozca en cada cual, se una y cree las bases del cambio radical que adecentará y recuperará al beisbol y a la República para sí.

Después de meditar sobre el asunto, ¿Persiste en la idea creada para aplicar, únicamente, en el periodismo libre  de “separación del deporte de lo político”? Si se responde afirmativamente, recuerde que “lo político” solo es patrimonio de las sociedades democráticas, en las que el voto es libre, secreto y sin imposiciones…Entonces, vuélvase a preguntar, ¿Dónde quedaría Cuba si me opongo, quién sabe por qué razón, a la denuncia contra quien la oprime? ¿Que clase de reclamo patriótico creíble y honesto puedo hacer trascender al abrazar esa conducta?

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Esos récordes no le interesan a nadie aqui

Por Andrés Pascual                                                                                                                                                               Maury Wills en Japón

Una
imprudencia, una irresponsable y peligrosa imprudencia es festejar que un
jugador de pelota alcance una de las marcas consideradas de mayor cuantía en
las grandes ligas “en su carrera profesional”; es decir, incluyendo hasta los
placeres de su país…bastante tenemos con el pisoteo de los nombres legendarios
sin sospechas, que impusieron sus números en la Serie Mundial a los que, todos
los días, les escamotean su importancia histórica ante el jugador que los logró
“en postemporada alargada por los playoff”, algunos con más de 4 veces las
oportunidades de bateo y con el estimulo ajeno a la naturaleza humana que,
mejor, ni recordar.

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El guarismo perdido: bateadores de .400

                                                                                                                                                                                                            Roger Hornsby

Por Andres
Pascual
Una curiosidad, en 1930, la Liga Nacional promedio .303 de bateo;
ese ano Hack Wilson empujo 191 carreras en el Viejo Circuito y Bill Terry bateo
.401; indudablemente fue un ano para los artilleros…
Pero el promedio de
carreras limpias del lider de la liga, Dazzi Vance, del Brooklin, fue 2.61,
cayendo a 3.76 el segundo y a 3.95 el quinto… (más…)

En Cuba le llamaban “Papa Joe”

Por Andrés Pascual

El primer pelotero que firmó el
cazatalentos Joe Cambria en Cuba fue al antesalista matancero Roberto “Tarzán”
Estalella, que en la liga cubana jugó con los Monjes Grises del Marianao;
Estalella actuó en Grandes Ligas con los Senadores de Washington y con los
Elefantes Blancos de Connie Mack, los Atléticos de Filadelfia…El último enviado
al Beisbol Organizado por el Super-scout, que tanto hizo por el beisbol cubano
a través de los Nacionales de la ciudad capital norteamericana, posiblemente
fue su mejor descubrimiento: Tony Oliva. (más…)

La pelota loca y el pelotero bruto

Por Andrés Pascual

 

En
1944 los Browns de San Luis valían algo más en el mercado que los Alacranes del
Almendares; a fin de cuentas, el club añil, símbolo eterno de la verdadera
pelota cubana, era propiedad de 10 millonarios que tenían más dinero que el
dueño del equipo instalado en Missouri.

Sin
embargo, ese año ganaron la Liga Americana y perdieron la Serie Mundial contra
los Cardenales.

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Lo mejor de Cuba es Papa Montero

Por Andrés Pascual

El mejor pitcher cubano de la historia
es Adolfo Luque; ya no puede optar por Cooperstown, pero merece el nicho allí
por encima de Miñoso, de Oliva, de Tiant y del Caballero Oms, casos que se
manejan como injusticias de concepto, aunque ni raciales ni políticos, que nada
tienen que ver con eso: primero que Tani Pérez, que Méndez y a la vez que
Torriente, quienes, por estar instalados ya en el panteón de los inmortales del
pasatiempo, por negros y cubanos, niegan cualquier apreciación arbitraria
creada por confusiones gratuitamente provocadas.

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