Luces y sombras sobre el Estadio del Cerro

                                                                                                                                                                                                  Palco de TV, Cerro, en 1953

Por Andrés Pascual

Cualquier información proveniente de La Habana,
sin importar si fabricada por periodistas del régimen que por corresponsales de
agencias internacionales autorizadas, tiene, como leyó, “t-i-e-n-e” que ser
editada en el exterior. Si los jefes de páginas no conocen los temas, pues
deben indagar por el asesoramiento adecuado, por el contrario, comprometen la
inteligencia, la tan manoseada calidad de “lo objetivo pero, sobre todo, la norma
cívica que traspasa los límites de “lo neutral”; puede convertirse en una
vulgar pieza de defensa de la maquinaria político-ideológica que impusieron en
Cuba desde 1959.

Por
ejemplo, según una nota de Prensa Asociada, el Granma informó sobre la
“inauguración” del nuevo complejo lumínico del Grand Stadium de La Habana, que
es su nombre verdadero, luego de 2 años sin luces porque “las que tenía, en
estado crítico, se bajaron por peligrosidad para el público”.

¡Dos
años sin pelota nocturna de serie nacional en La Habana! Según AP, la fuente
oficial y primaria confirmó que la demora se produjo porque “se buscaban buenos
precios, cada vez más caros para países del III Mundo”.

La
capital cubana, sin posibilidades de asistir al beisbol nocturno, puede dar ganas de cualquier cosa, menos de vivir allí… este tipo de
ingrediente, que no se arriesga a comentarlo con justicia el corresponsal destacado allá, es
obligatorio cuando se publique aquí.

El
horror del contubernio, posiblemente con el régimen, no con la agencia, es
repetir “la casa del Industriales, el equipo más ganador del beisbol cubano”;
otras veces llaman a la novena de más jugadores que “arreglaron juegos” haya
tenido en sus rosters en el mundo, “símbolo de la pelota cubana”; o “el más
popular en la historia de Cuba”.

Yo
no me opondría si dijeran que ese equipo, representante fiel del estado de
corrupción individual y colectiva más grande de la historia de Cuba en lo
deportivo, lo llamaran el “símbolo, el más popular o el más ganador de la era
castrista”; pero, al utilizar el lenguaje del Granma a través de las agencias
de prensa, penetran como cómplices el mundo de segregación nacional, de
división segmentaria de la sociedad creado por el castrismo para dividir,
porque Cuba y su pelota existen antes de 1959 y de 1962, les guste o no a
algunos.

El
club más ganador en la historia del beisbol cubano, con 24 títulos, es el
Almendares, los inolvidables Alacranes Azules, también el único símbolo posible
de la pelota que, unas vez, mandó el juego después de Estados Unidos.

El
estadio del barrio Carraguao, Cerro, no admite el adjetivo legendario ni por un
solo acontecimiento deportivo después de febrero de 1961, su grandeza proviene
porque sobre su grama se instaló un ring para que Kid Gavilán defendiera su faja
welter; para que el elenco del circo Ringling ejecutara maravillas de
entretenimiento; para que se jugaran tres Series del Caribe en su terreno y una
Serie Mundial Amateur; para que un equipo de arriesgados profesionales
americanos jugaran pelota en automóviles y para que desplegaran sus
extraordinarias condiciones peloteros como Conrado Marrero, Jim Bunning,
Orestes Miñoso, Brooks Robinson, Camilo Pascual, Luis Aparicio, Héctor
López,  Jackie Brandt o Leonardo Cárdenas, entre otras muchas verdaderas estrellas del pasatiempo, algunos defendiendo los colores de clubes del champion profesional, o los de sus países en el amateurismo o en el campeonato de la Confederación, que se inauguró allí
en 1949.

En
el Cerro, durante el spring training de 1959, Sandy Koufax enfrentó a Don
Newcombe en juego Cinci-Dodgers y, en 1956, los Gigantes de Tokio llegaron a La
Habana a perder contra novatos de los Cubans y a aprender cómo jugaban a la
pelota apasionada y pimentosa los Reyes del juego en el Caribe de entonces. De
capital importancia, fue la casa de los Havana Cubans que ganaron 5 campeonatos
consecutivos de la Liga de la Florida  y la de los Cubans Sugar Kings que le ganaron la Pequeña Serie Mundial en 1959 al Minneapolis allí.

En
1995, Juan Marichal nos dijo al fallecido comentarista deportivo Sarvelio del
Valle, al ex pitcher añil Orlando Peña y a mí que, “lo único que me faltó en el
beisbol fue ganar la Liga Cubana pitcheando por el Almendares”, por supuesto,
en el estadio que, si en realidad se tira un cambio efectivo en el juego
político nacional alguna vez, tiene que renombrarlo Bobby Maduro para tratar de
componer en algo la deuda moral y material.
Por todo eso y más, en los periódicos que crean que esas informaciones
desde Cuba “son noticia”, tienen que editarlas, porque aquí no solo están
quienes lo conocen todo, sino los que hicieron la leyenda.

Por Andrés Pascual

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